César Blanco y su vigencia

FLORIDA | JULIO CESAR OLIVERI

La jornada del pasado 3 de junio tuvo la humedad característica de la época. El Leguisamo a las 8:30 estaba envuelto en densa niebla, pero ya tenía el movimiento propio del gran programa a desarrollarse durante todo el día.

Con seis grados de temperatura, la primera carrera estaba a la vista y César Blanco hacía el cánter con la coloniense Mapada.

Un rato después se escucha el grito de ¡largaron! de Viteca y a la punta salió el riverense Virgulino, seguido del fernandino Carlos Pe. Mapada se ubicó tercera. Blanco la echó adentro, especuló, abrió en mitad de codo, atropelló en la recta, pasó en los "doscientos" y a cobrar.

Se vio que ganabas en los "seis", le dijimos al veterano profesional. "No sabía si pasaba por adentro primero, o pasaba abierto, esperé, le pegué un palo y respondió, como buena hija de Avispada una yegua respondona que yo conocí", nos respondió.

Así comenzamos el diálogo con César Blanco, el interminable jinete nacido en Mercedes hace 49 años, casado, dos hijos hoy adolescentes.

Y se explaya: "fui un padre de familia que viví del turf. Demostró que se puede, siempre se pudo". Cuando se refiere al Maroñas de hoy, manifiesta: "por los premios y el nivel se abren posibilidades para mucha gente".

Le recordamos que en este hipódromo ha sido frecuente ganador como en la mayoría de los hipódromos del interior.

Creo que siempre que vine aquí gané pero en 1992 fue un día claro: triplete incluyendo la principal de velocidad con Fampeadora, escoltada por Clemente y luego el ‘imperdible’ Pródigo.

Con un diálogo fluido, positivo, César Blanco puede hablar de cualquier actividad en el campo, porque nació en él. "Mi padre arrendaba unas cuadritas y nos metimos de a poco en esta actividad, primero nos terroneamos en el Viera y Benavídes, creo que recién había terminado la escuela", sostiene. Llegó a Colonia donde "gané ocho estadísticas y logré mi futuro en el Real".

Es en este medio donde sintió el espaldarazo, por caballos buenos, profesionales que lo apoyaron y patrones que ganando o perdiendo le dieron su confianza. Fue también frecuente ganador en el viejo Maroñas. "Con aquellos caballos preparados para ganar me lucía seguido. Recuerdo un 8 de enero y me resulta inolvidable el triunfo con el caballo Abel Dely", expresa. Fueron tiempos de tantas victorias clásicas en varios hipódromos con Mevir de Eduardo Mendível. Con 34 años de jockey, Blanco resalta hoy una personalidad positiva para el turf del interior, que se refleja apenas monta un corcel.

"Me encanta ganar, pero es en las más difíciles que uno palpa más la expresión de simpatía del público, algo que nos ayuda mucho para salir adelante. En definitiva "cuando uno llega a un hipódromo, como me acaba de pasar aquí y escucha los aplausos tan temprano por haber ganado con Mapada, son las cosas lindas y más reconfortantes que nos depara esta difícil profesión" terminó diciéndonos tras esta nueva incursión floridense del diestro y afamado jinete.

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