JAVIER LYONNET
Acá estoy en mi ley, mi cabeza es mi cabeza. Yo no voy a los refugios. A un lugar adonde voy con un bolso y me voy sin nada", argumenta Franklin César Montero. Serio y formal, sentado en una maltrecha reposera en el Parque Batlle, se calienta las manos en una fogata armada en un tacho. En su rostro se leen más años de los casi 49 que dice tener. De los cuatro indigentes que están semi-instalados en esa parte del parque es el más veterano y el más conversador.
"Yo tuve lío con uno y me echaron; no te dejan hacer nada en los refugios", intervino el más joven, que prefirió no decir su nombre. Con 18 años recién cumplidos (el 13 de junio) se acaba de ir de su casa: "ya soy grande, no me gusta andar viviendo con mis padres". De la plaza Varela lo echaron y ahora pasa día y noche en el Parque Batlle.
José Enrique vivió en la calle toda su vida. De su familia no sabe nada: nunca la conoció. Empuja un carrito y si pasara la noche en uno de los refugios del Plan Invierno no tendría dónde dejarlo. Es lo único que dice su voz tenue. El cuarto hombre, José David, no cuenta nada.
Dicen que comida no falta, que salen a "rescatar", y que con la Policía ni un sí ni un no. Excepto el jovencito. Como es botija a él no lo respetan y acusa a los uniformados de despertarlo a palazos, de "judearlo" y asegura que la cédula de identidad se la rompieron los guardias del Comcar un día que fue a visitar a su hermano, "porque estaba un poquito despegada".
Cientos de personas duermen en las calles, plazas, parques y portales de Montevideo. Cuando empezó el Plan Invierno, en mayo, se estimaba que había por lo menos 1.500 hombres y mujeres en situación de calle en Montevideo. Esta cifra triplica el número de camas del Plan Invierno.
En la noche del 18 de agosto la ONG Factor/S y el Movimiento Uruguayo de los Sin Techo (MUST) realizarán un relevamiento en Ciudad Vieja y parte del Centro en la noche del 18 de agosto. Quieren saber con exactitud cuántas personas duermen a la intemperie.
Más adelante, cuando su Equipo de Calle haya desarrollado las herramientas necesarias, harán lo mismo en todo Montevideo. Básicamente, les hacen falta voluntarios.
Desde principios de junio este equipo ha "contactado o avistado" más de 200 personas que no acuden a refugios, durante sus caminatas por el Centro, Ciudad Vieja, Cordón, Tres Cruces, Punta Carretas y Paso Molino. Algunos no quieren ir, pero para los que sí están dispuestos, a esta altura del invierno prácticamente nunca hay una cama libre.
GENTE QUE NO. La psicóloga Carmen Gómez, que trabaja desde hace cuatro años con personas en situación de calle, contó a El País que entre quienes rechazan sistemáticamente los ofrecimientos para pasar la noche bajo techo se distinguen dos grandes perfiles.
Por un lado los que no hace mucho tiempo que están en la calle y tienen una idea de los refugios como lugares que encierran peligros y no se arriesgan a convivir con tanta gente.
Por otra parte, quienes padecen una situación de calle que los técnicos definen como crónica.
Son muchas veces los más vulnerables, los más expuestos a patologías psiquiátricas, las personas que están más deterioradas físicamente y socialmente desvinculadas. También tienen miedo a tener que convivir. Son los que nunca se anotaron en el Plan Invierno (antes Frío Polar) y los que están más marginados: no tienen una dirección donde ser censados ni visitados por el Plan de Emergencia. El nomadismo los aleja del "ingreso ciudadano". Son los que en la calle resultan víctimas de robos y agresiones. Les roban hasta los cartones, banditas de adolescentes consumidores de pasta base les pegan hasta por gusto, dice Gómez. Y son los que pueden morir de frío.
El martes amaneció muerto un hombre de 55 años, asiduo del Parque Batlle. Todavía no se sabe si la causa del deceso fue la hipotermia, dijo Silvia González, coordinadora del Plan Invierno.
La paradoja del alcohol es que brinda una falsa sensación de calor pero en realidad enfría el cuerpo.
Los comentarios entre los sin techo hablan de cuatro muertos este invierno, pero González señaló que eso no le consta.
En el refugio de "baja exigencia" de la calle Cerrito —donde trabaja Gómez— aceptan a personas sin techo que no cumplen los requisitos para ser albergadas en otros locales. Entre ellos, a quienes tienen mascotas o bultos que son inadmisibles en otras partes. Los perros, para muchos, representan protección y calor. Franklin Montero, uno de los habitantes itinerantes del Parque Batlle, relata que con idas y venidas está en la calle desde 1982. Es lo que se puede identificar como un caso crónico. "Si no estoy acá estoy en otro lado", dice. Tuvo su casa y la perdió. Tiene un hijo brasileño que se llama Franklin Fernando. Lo que hizo mal ya lo pagó. Aunque uno pueda pensar que tiene todo el tiempo del mundo, concede sólo unos minutos a periodista y fotógrafo antes de solicitar amablemente que se retiren.
El jovencito que comparte las horas con ese grupo está en la otra punta. Hace pocos días está en la calle: "me ataco y me voy de casa, pero después capaz que vuelvo". A ninguno de los dos les convence el Plan Invierno, ni el sistema de refugios. Marginales entre los marginados.
PROHIBIDO ACAMPAR. El Parque Rodó y el Parque Batlle son los más frecuentados por indigentes para pasar la noche y el día. La Intendencia de Montevideo estima que unas 20 personas duermen en cada uno de ellos todas las noches.
"Usan los parques como si fueran sus casas", dijo Mario Lázaro, director de la unidad municipal de Areas Verdes.
En algunos casos sobrepasan el simple hecho de pernoctar. "Hay gente que clavó espejos en los árboles para afeitarse. Otros prenden fogatas para calentarse o hervir agua, y para eso también rompen ramas de los árboles", dijo.
Sólo en los casos de "campamentos" los responsables del mantenimiento de plazas y parques hacen la denuncia ante el servicio de Inspección General de la IMM, que acude con apoyo policial para retirar a los ocupantes.
En el Parque Rodó, por ejemplo, atrás del Castillo, el cuarto de la bomba de agua sirvió de casa para un indigente durante varios días. También el monumento a Rodó fue usado como refugio. Incluso los "huéspedes" tendieron una cuerda desde el monumento hasta un árbol para secar la ropa que lavaron en la fuente. A un costado del castillo hay un grupo relativamente estable que cocina y pasa la noche allí. En primavera y en verano, cuando no hay refugios abiertos para personas sin techo, el número de indigentes que duerme en los parques centrales de la ciudad es mayor.
El uso de fuentes públicas para baños y lavado de ropa también es habitual, dijo Lázaro.
VIGILANCIA. En los parques y plazas de Montevideo no existe la figura del "guardaparque". Sólo en el parque Lecocq se cuenta con este servicio. En el resto hay experiencias de vigilancia privada.
En el Parque Rodó, por ejemplo, en la zona de las canteras se colocó un servicio permanente de vigilancia que logró disminuir la cantidad de personas que duermen en la zona, los robos y el tráfico de drogas, según dijo Lázaro.
En el Parque Batlle, el monumento a la Carreta también tiene vigilancia porque es parte del circuito turístico de Montevideo. Hace un par de semanas, según comentó el director de la unidad, el cuidador tuvo un pequeño incidente con indigentes que lavaban sus ropas en la fuente que está delante del monumento. "No pasó de un par de empujones", dijo.
Según un cálculo realizado por la Unidad de Areas Verdes la custodia del Parque Batlle —unas 60 hectáreas—, necesitaría de cinco o seis personas, a un costo de 50 mil pesos mensuales. El mantenimiento de los parques municipales más grandes ronda los 90 mil pesos.
Abordar a los sin techo en los parques, de noche, es más complejo que en las calles del Centro, acceden quienes trabajan en el Equipo de Calle de Factor/S. Aparte de los indigentes —muchos de los cuales buscan esconderse— son lugares de prostitución y tráfico de drogas.
Los hombres solos, entre los 20 y los 40 años —plena edad productiva— siguen siendo mayoría entre los sin techo. Para ellos, coinciden los expertos, no existen políticas sociales.
La fauna de los parques es criticada por vecinos
Mucha gracia no les hace a los vecinos del Parque Batlle el panorama que ofrece "su" parque: a la habitual pasarela de prostitutas, travestis y taxi boys se le suma la frecuente presencia de indigentes.
Ana, que prefirió no revelar su apellido, vive frente a la estrecha franja de parque que flanquea la avenida Luis Morquio desde el Obelisco hasta la fuente. Acostumbra pasear a su perro —un intimidante rottweiler de año y medio— pero nunca después de las siete de la tarde. Dice que entre los vecinos hay indignación y rechazo, pero prefieren no quejarse por miedo a sufrir represalias. "Tenemos diferentes culturas", dice Ana. Según la vecina, el grupo de indigentes que acampa en un árbol frente al edificio en el que vive no es muy amistoso. "He visto trifulcas, tienen relaciones sexuales ahí, hacen sus necesidades, es un relajo", describió Ana.
Estaban atrás del Pereira Rossell, pero los echaron, pasaron por el cantero de Morquio y también los sacaron. Entonces se ubicaron frente a Azabache y ahora volvieron al cantero otra vez. Tienen un circuito, sintetiza Ana. Con ella sólo se metieron una vez —tuvo una discusión— pero tiene miedo de que le lastimen al perro.
Aunque ella es partidaria de reunirse con sus vecinos para hacer algún planteo, cree que sería un esfuerzo estéril. Aún así, considera que tiene derecho a disfrutar su parque.
Detalles
En Montevideo funcionan ocho refugios del Plan Invierno, con 450 camas. Estarán abiertos hasta el 30 de setiembre y se plantea la posibilidad de que los programas continúen durante todo el año a cargo del Ministerio de Desarrollo Social.
Hasta ahora, en lo que va del Plan, pasaron 1.030 personas por esos refugios. Unos siguen alojados, otros lograron ubicarse en una pensión y otros fueron expulsados.
Además de los refugios del Plan Invierno, hay otros siete locales que están abiertos durante todo el año.
Se estima que unas 1.500 personas son "sin techo" en la ciudad.
El Plan Invierno desarrollado en 2004 atendió a 954 personas. En 2003 el programa que brinda tencho, comida y baño recibió a 772 personas.
Dos grupos de voluntarios reparten comida por las noches. María Nazareth los lunes, miércoles y viernes, hacen un recorrido desde Inca y Lima (La Comercial), por el Cordón, los alrededores del BPS y todo 18 de Julio hasta la Plaza Independencia.
El otro grupo, la Brigada Caldo, sale martes y jueves a ofrecer una comida caliente.
Muchas personas caminan hasta 15 cuadras para esperar a los miembros de estas brigadas y recibir un plato de comida.
Según los trabajadores sociales, hay personas que hace 30 años que viven en la calle.