En medio de la soledad del campo hay al menos siete cementerios en los que hace más de 50 años que no es sepultado ningún difunto. El deterioro de los mismos es progresivo y en muchos casos las personas enterradas no están identificadas
De los 28 cementerios que hay declarados en la Intendencia, siete están apenas visibles entre la espesa vegetación. Sólo se ven viejas cruces de hierro oxidadas que indican que allí, en la tierra o adentro de panteones de ladrillo asentado en barro, yace algún cuerpo desde hace más de cien años.
A 26 kilómetros de Melo, al lado de la Ruta 26, se puede ver, junto a una palmera y un cerco de piedra, el cementerio de Amarillo. Así se le denomina porque está en el paraje Amarillo, aunque los vecinos más antiguos oyeron decir cuando eran niños que su denominación era El campo santo de Adán Ferreira, un productor rural dueño del predio.
"El cedió el campo para que toda la zona de influencia enterrara a sus seres queridos allí", contó el vecino del lugar Pedro Ferreira. "Lo hizo por la distancia que había entre Melo y esos parajes rurales. 80 años atrás no tenían vías de acceso ni medios de transporte para trasladar los cuerpos a las ciudades", agregó.
Estos cementerios fueron construidos según la moda de la época: en zonas tranquilas y un tanto alejadas de los núcleos urbanos. Eran más accesibles que los urbanos, más pequeños y coquetos y reservados para la gente conocida de la zona.
"Ya casi nadie recuerda los nombres de los dueños de los huesos que están enterrados", dijo el historiador Germán Gil Villamil, quien remarcó que "no hay registros escritos por la cantidad de años que hace que están esos cementerios".
El historiador señaló que en ciertos casos es imposible saber la época. En otros es posible guiarse por panteones que aún tienen fecha legible, y que están datados entre 1855 y 1904.
"En aquellos tiempos no habían leyes que regularan la creación de un cementerio, por lo que los campos del país están regados de tumbas sueltas, panteones familiares o camposantos" explicó Gil.
En un campo en el paraje Paso Tía Lucía, Gil comentó que existe una decena de cuerpos enterrados de los sobrevivientes de la Batalla de Tupambaé de 1904, durante la guerra civil liderada por Aparicio Saravia, y en el Cementerio de Los Borba en paraje Mangrullo, siempre se dijo que "hay un tesoro enterrado, y se han realizado búsquedas intensas".
Estos cementerios, a diferencia de los de las zonas urbanas, "no son víctimas del vandalismo o del robo", dijo un antiguo funcionario municipal, que recuerda que al menos en los cementerios de Paso María Isabel, Centurión, San Diego, Los Borba, Amarillo, Arroyo Malo, Las Talas y Quebracho hace 50 años que no se realiza ningún sepelio.
El deterioro y el abandono de estos lugares es irreversible. Aunque la Intendencia dispone de una cuadrilla para realizar un desmalezamiento y blanqueo de los portones antes del día de los difuntos, en el resto del año no se los toca, comentaron vecinos del lugar.