Cinco generaciones sin hábitos de trabajo, un consumo de drogas cada vez más extendido. Esos son algunos de los rasgos descriptos sobre una de las zonas más críticas de la capital por la responsable de un programa para el abuso de drogas.
El Debate Nacional sobre Drogas -organizado por las ONGs El Abrojo, Prolegal, y el Instituto de Estudios Legales y Sociales del Uruguay (Ielsur)- permitió un enriquecedor intercambio en torno a la realidad sobre el consumo, problemático y no problemático, de drogas legales e ilegales. En el curso del encuentro se presentaron cuatro trabajos académicos, entre ellos un extenso análisis sobre la marihuana, un trabajo del sociólogo Rafael Bayce sobre el imaginario colectivo y las drogas.
En ese marco, la Junta Nacional de Drogas anunció la apertura de dos centros para la intervención en crisis de consumo, uno en el Maciel y otro en el hospital de San José, con una inversión de US$ 500.000.
Desde el terreno de la práctica uno de los aportes más interesantes fue presentado por la responsable del Programa de Drogas de la Intendencia de Montevideo, Claudia Crespo.
Crespo disertó a propósito del trabajo comunitario en torno a la problemática derivada del consumo de drogas en la cuenca de Casavalle, zona que abarca algunos de los barrios más críticos de la capital: Borro, Marconi, Padre Cacho, La Villa, barrio Municipal y Misiones.
De acuerdo a los relevamientos presentados por Crespo esta vasta zona es una de las que presenta los mayores índices de necesidades básicas insatisfechas de la ciudad. Se estima que en esta zona reside alrededor de 90.600 personas.
Al describir las características generales de la zona, Crespo indicó que una de las realidades con que se encontraron en la zona es la de cinco generaciones sin hábitos de trabajo, altos niveles de venta de drogas y de prostitución. Según el testimonio recogido por el programa, algunos jóvenes sostienen que "hay más bocas de venta de pasta base que almacenes".
El programa creado por la comuna trabaja en esta amplia zona con un equipo multidisciplinario. "El problema ya está, lo que intentamos es ir cambiando los patrones vinculados al consumo", explicó Crespo.
Uno de los mayores problemas con que se ha tropezado el equipo es la gran accesibilidad que hay a las drogas, en particular a la pasta base.
"No nos planteamos la abstinencia como un indicador de buen resultado de tratamiento. Lo que sí consideramos como buen indicador es la inclusión social", señaló la responsable del programa.
A propósito de ello, Crespo apuntó a los problemas graves que presentan zonas como los barrios Palomares y Marconi.
"Estamos bien seguros que el tratamiento debe hacerse en las comunidades, en los territorios integrando a los líderes, promotores y vecinos, que saben de esto mucho más que nosotros", indicó Crespo.
Asimismo, indicó que el Estado tiene grandes dificultades para articular acciones. "El Estado no funciona de manera homogénea en generar políticas y fortalecer una red en el territorio", apuntó Crespo.
Inclusión social y educativa
Al cerrar el Debate Nacional sobre Drogas en el Salón Azul de la IMM, el secretario general de la Junta Nacional de Drogas (JND), Julio Calzada, reclamó que el debate en torno al consumo problemático de drogas "sea fundado sobre los sujetos y no en las sustancias". Calzada señaló que la inclusión socioeducativa es la clave para mitigar los problemas ocasionados por el consumo problemático de drogas, en particular el de pasta base. En esa línea Calzada anunció el interés de la JND en impulsar el trabajo con las comunidades locales, sobre todo en el interior del país. Por su parte, el ministro de Desarrollo Social, Daniel Olesker, fue en el mismo sentido al apuntar a las políticas sociales como forma de enfrentar el problema y a la concientización de los ciudadanos. "Ninguna política se sustenta si la gente no se organiza para defenderla", postuló Olesker al cierre del seminario.