El Hotel Carrasco, construido morosamente entre 1913 y 1921, pues hubo una guerra mundial de por medio, sintetizó la mudanza de la clase alta montevideana desde el Prado hacia Carrasco. Siguiendo las modas europeas, el mar (el río, en realidad) daba más estatus que el Miguelete, como Punta del Este acabó con Santa Lucía y las quintas de veraneo.
El actual barrio Carrasco se desarrolló a partir de 1910-1911 como un balneario por iniciativa de Alfredo Arocena, Esteban Elena y José Ordeig. Alejado y exclusivo, debía contar con un hotel de lujo, que al principio fue un proyecto privado y luego municipal. Las obras del hotel se iniciaron en 1913 según diseño de los arquitectos franceses Jaques Dunant y Gastón Louis Mallet, ganadores del concurso internacional. En 1915 lo tomó la Intendencia de Montevideo, que lo abrió en 1921.
Era un lujo; una pieza de estilo neoclásico y barroco, típico de la influencia francesa de entonces. En medio de arenales y bañados y frente a las aguas marrones del Plata se alzaron escalinatas monumentales, salones de fiesta y de juegos, un gran comedor y lujo por doquier. En el exterior se colocaron tres esculturas en mármol blanco traídas de Europa, llamadas La Vendimia, El Acecho y La Espina.
Decayó a partir de la década de 1960, fue declarado monumento histórico nacional en 1975 y cerró en 1999, cuando era solo un fantasma del viejo pasado, al decir del Mago. Ahora, 100 años después del comienzo, brilla tanto como antaño.