"Carlos Solé está ligado a las epopeyas como Homero"

| Recuerdo del relator es el puntapié inicial para que actividades patrimoniales se centren en lo inmaterial e intangible

"Como el poeta Homero, está eternamente ligado a las epopeyas. Al igual que Carlos Gardel, no fue el primero en su especialidad, pero marcó un quiebre tal que lo que vino después tapó casi todo lo anterior. Ya en vida era un mito, de lo cual él era consciente. Su brío sereno a ritmo de candombe lento provocó infinidad de imitadores". Era y es Carlos Solé, un relator de fútbol.

Eso dijo, entre otras valoraciones, el experto en comunicación social Luciano Alvarez durante el coloquio "El gol en la contienda simbólica". El encuentro, realizado ayer en el Cabildo de Montevideo, se focalizó en la emblemática figura de Carlos Solé y su significación en la cultura uruguaya. La actividad es la antesala de las actividades que harán eclosión el próximo fin de semana con la 11ª edición del Día del Patrimonio, que este año tiene como homenajeado a Carlos Solé.

En el coloquio, personalidades de las ciencias sociales y el periodismo deportivo saludaron la elección de Solé para denominar esta edición del ya clásico día. La antropóloga Florencia Faccio dijo que si se considera al patrimonio como "la herencia cultural e histórica que perdura los tiempos de manera tangible o intangible", el fútbol en Uruguay es "una seña de pertenencia". A su vez, según el profesor Rafael Bayce, el relato deportivo es "tan influyente como influible en la cultura popular". Y Solé es la máxima figura nacional en ese campo.

CLASICO. Alvarez señaló que Solé puede ser considerado una versión vernácula de Homero. En su intervención relacionó a su metáfora de "el gamo ecuatoriano" (en referencia al futbolista de Peñarol Alberto Spencer) con el "Pélida Aquiles" utilizada por el poeta para llamar al mayor héroe griego en la guerra contra Troya.

Jorge Luis Borges definía a un "clásico" cuando éste era escuchado con "previo fervor y misteriosa lealtad". Alvarez señaló que Solé entra en esta categoría.

Como Gardel en el tango, Solé marcó un punto de inflexión en esa estética de la simultaneidad que representa el relato deportivo. Al igual que el Zorzal Criollo, su vida se apagó cuando su capacidad apenas empezaba a erosionarse. Su ligazón a las glorias del fútbol local es tal que para Alvarez su fallecimiento en 1975 está "cronológicamente ligado al fin de un ciclo". Un año antes, Uruguay "despertaba a una nueva realidad" en la disciplina luego de una paupérrima actuación en el Mundial de Alemania ’74.

LA VOZ. El "gamo ecuatoriano" no fue la única metáfora de Solé. Tal vez la más recordada sea "El león vencido sacudió la melena", cuando Uruguay empató a poco del final un partido con la casi imbatible Hungría en las semifinales del Mundial de Suiza ’54, encuentro que finalmente perdería tras alargue.

Pero es una muestra de otra cualidad del relator: su vocabulario florido y su dicción, que sobresalían en su voz arenosa y emotiva. Esto más la contundencia de sus opiniones y una ética a prueba de balas fueron características destacadas por sus colegas contemporáneos en el coloquio, como Carlos Muñoz y Alberto Kesman. Este último no tuvo reparos en admitir que es "un imitador" de Solé.

"Solé estaba solo con su público, nunca se involucró con los jugadores de fútbol. Por lo tanto, el vínculo con la audiencia era inviolable. Hoy por hoy, los relatos están mucho más compartidos con los comentaristas, locutores y vestuaristas", señaló Alvarez al referirse a la identificación popular de "don Carlos".

En esta línea, Bayce destacó que Solé inventó o reinventó el relato futbolístico en épocas "arcaicas", hasta que la aparición de la radio a transistores, a finales de la década del ’50, obligó a nuevas estructuras en las transmisiones.

Bayce citó al filósofo y sociólogo inglés Herbert Spencer, quien en su trabajo de 1857 "Origen y función de la música" aventuró que ésta y la voz serían "las artes más importantes en el siglo XX". La predicción se basó en que la verbalización sonora de las emociones son fácilmente decodificables más allá de barreras geográficas e idiomáticas. "Esto es tan aplicable a un discurso de Fidel Castro, un sermón de Martin Luther King, un crescendo de un cantante de rock", o un relato de don Carlos Solé.

La hazaña en voz del más grande

"Se va a tomar el corner por parte de Friazza, Uruguay 2 Brasil 1. Viene el corner, cab... ¡Terminó el partido! ¡Terminó el partidooooooo! ¡Uruguay campeóoooon! ¡Acaba de terminar el partido en Río de Janeiro! Uruguay, señoras y señores oyentes de Radio Sarandí, campeón por cuarta vez. No pueden imaginarse ustedes la emoción, la alegría, ese algo tan indescriptible que viene del pecho a la garganta, que se anuda y no permite que el pensamiento fluya en forma clara y terminante para que el léxico y la expresión se haga también, señoras y señores oyentes, más comprendida. Yo estimo que ustedes sabrán disculpar. Imagino la enorme alegría, el enorme entusiasmo, y las caravanas incesantes que en nuestro Montevideo y en toda la República Oriental del Uruguay, en las colinas y cuchillas, en nuestras calles y en la fértil campaña, habrán de festejar el título ganado por Uruguay. ¡Uruguay 2 Brasil 1!" Final del Mundial de 1950 por Carlos Solé

Toda la pasión en cada capítulo

El público de Carmelo se deleitaba en 1945 cuando Cachito, un niño de siete años, pasaba al escenario de las veladas que organizaba el Club Solís de esa ciudad coloniense en el Teatro Huamá, para imitar esa vozarrón que conquistaba su infancia: Carlos Solé.

Cachito era Raúl Barizzoni, que empezó imitando a Solé usando un cinturón por micrófono y hasta hoy sigue en el éter. "Era mi ídolo. Yo empecé relatando en radio Carmelo, cuyos dueños eran los mismos que organizaban aquellas veladas, y coincidimos en el mundial del 62 en Chile. En 1968 me fui a ofrecer para trabajar con él y aceptó".

Barizzoni cuenta que Solé se concentraba en el relato con devoción. Transmitía con la ventana de la cabina cerrada y sólo aceptaba que estuviera el locutor. Como en la cabina hacía calor, transmitía sin camisa y con una toalla sobre los hombros. "Dejaba el alma en el partido. Ponía toda la pasión, toda la vida en el relato, ya fuera la final del mundo o un partido local más". Barizzoni fue suplente de Solé y la primera vez que ocupó su lugar pasó muchos nervios. Solé se sentó en la tribuna con una radio enorme y escuchó la transmisión. En el entretiempo, Solé se acercó y como comentando un gol más le dijo algo que hasta hoy resuena en la cabeza del comentarista: ‘Muy bien, muy bien Barizzoni, siga así...’".

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