RIVERA FREDDY FERNÁNDEZ
Cachilas uruguayas que tienen un elevado valor en el mercado internacional, son enviadas a Brasil y muchas veces terminan siendo protagonistas de las reconocidas telenovelas brasileñas ambientadas a principios del siglo XX.
Hasta esta semana el tráfico de cachilas era una presunción en la frontera. El miércoles 22, en dos procedimientos, tres vehículos sin matrícula y en mal estado de conservación fueron requisados por efectivos policiales. También fueron detenidas tres personas: dos brasileños y un uruguayo.
Uno de los detenidos confesó que había llevado a Brasil unos 20 vehículos.
Lo que se confirmó era un secreto a voces en Rivera. Autos de las décadas de 1920, 1930 y posteriores se venden en la frontera a menos de U$S 100.
Luego de restaurarlos, los compradores brasileños -que se desempeñan como intermediarios- multiplican varias veces el valor de estos vehículos antiguos.
Muchos de estos rodados terminan en sets de televisión, en novelas ambientadas 80 o 90 años atrás.
También llegan a manos de coleccionistas, tanto en Brasil como en Europa.
Durante años los riverenses han visto estacionadas en la calle Agraciada casi Florencio Sánchez cachilas y camioncitos antiguos, cuyo estado de conservación deja bastante que desear. Pocos días después, esos coches desaparecen.
Se presumía que estos vehículos eran contrabandeados a Brasil y desde allí seguían viaje hacia los estados de San Pablo y Rio de Janeiro, donde después de ser restaurados por especialistas, eran vendidos a coleccionistas brasileños.
procesados. Dos de las tres cachilas aprehendidas el miércoles fueron incautadas por personal de la Seccional 7ª en el camino de la línea divisoria.
Estaban en Villa Indart, una localidad riverense por la cual pasaba la carga rumbo a Dom Pedrito.
Luego de haber cruzado la frontera eran comercializadas desde esa localidad brasileña.
Los brasileños que fueron detenidos confesaron que percibían 150 reales ($ 1.500) por cada vehículo.
El uruguayo, que fue arrestado por efectivos de la Seccional 4ª, dijo que le pagarían esa misma suma para dejar el vehículo abandonado frente a una casa. Afirmó que desconocía qué pasaba después.
Ayer de mañana se realizó un allanamiento en un galpón céntrico donde el magistrado ordenó detener 33 cachilas que serán sometidas a peritaje de Policía Técnica.
En audiencia judicial el ciudadano uruguayo, propietario del galpón donde estaban los vehículos antiguos, fue remitido a la cárcel por un delito continuado de contrabando.
Uno de los brasileños, residente en Dom Pedrito, fue procesado sin prisión y el otro, de Uruguayana, fue liberado.
En su declaración, uno de los ciudadanos brasileños acusó al uruguayo de enviar cachilas hacia Brasil. Esa acusación, sumada a la cantidad de vehículos que el hombre tenía en su poder, fueron determinantes para la decisión del magistrado.