La septicemia es una reacción descontrolada que padece el cuerpo en respuesta a una infección. Se trata de una de las enfermedades más mortíferas porque puede paralizar los órganos en cuestión de horas y sus primeros síntomas son imprecisos: confusión, aliento entrecortado, aumento del pulso cardíaco, caída de la presión sanguínea, debilidad.
Esto obliga a los hospitales a reaccionar con celeridad, pero no es algo fácil pues no existe un simple diagnóstico para la enfermedad, también llamada sepsis. Ahora, un gupo de científicos expertos en septicemia busca un nuevo modo de frenar esta reacción.
Para eso, crearon una Alianza Global de Sepsis, que procura reclamar una atención más enérgica ya que muchos de los pacientes que sobreviven pueden no haber oído el término, un concepto que, en ocasiones, los médicos sólo explican como una infección resistente, señaló Kevin Tracey, del Instituto Feinstein de Investigación Médica.
La Alianza propone empezar a tratar con antibióticos y fluidos intravenosos, y contrarrestar la baja de presión sanguínea dentro de la hora de sospecha de que sea septicemia. Cada hora de demora disminuye la supervivencia en casi un 8%.
Durante la sepsis, los glóbulos rojos se lesionan y despiden heme, una sustancia ferrosa que se filtra en el flujo sanguíneo mientras el organismo experimenta mucha inflamación (como en la sepsis) y se torna tóxica para los órganos. En experimentos con ratones infectados, un equipo portugués descubrió que los hemes extra conducían a más muertes. Para limpiar el heme, el organismo producía una molécula llamada hemopexina. Inyectaron a los ratones hemopexina extra y más de ellos sobrevivieron. El estudio fue publicado en Science Translational Medicine. AP