EDUARDO BARRENECHE
Por primera vez, la Intendencia de Montevideo autorizó la construcción de tres barrios jardín en áreas consideradas hasta ahora rurales y potencialmente urbanizables. En 45 días se inaugurará el primer fraccionamiento y otros dos ya están en marcha en Carrasco Norte.
Los tres barrios jardín que se levantarán al norte de Camino Carrasco son San Nicolás, Los Olivos y Ombúes del Polo. En total, ocuparán unas 200 hectáreas, que se dividirán en unos 300 solares de 600 a 1.500 metros cuadrados.
El Plan de Ordenamiento Territorial (POT) de Montevideo, aprobado en noviembre de 1998, habilita la transformación de área rural a urbana de toda esa zona.
Su ubicación es privilegiada. Los complejos se hallarán a unas 15 cuadras de Portones Shopping. Además, se situarán casi a la misma distancia de los principales colegios que una residencia del barrio Carrasco.
Los caminos Pichincha y Gigantes se transformarán en las principales vías de acceso de los loteos. Los límites de la Unidad de Actuación N° 1, como definió el POT a esa zona urbanizable, son cañada Las Canteras, una línea de alta tensión, la calle Servando Gómez y camino Gigante. Con la transformación del destino de la tierra de rural a urbano, autoridades municipales estiman que se quintuplicará el precio del metro cuadrado en la zona.
Sin embargo, los inversores deberán hacerse cargo de todas la infraestructura externa e interna de los barrios, además de pagar un precio compensatorio que ronda los U$S 6 por metro cuadrado.
Se trata de un gravamen que estipulan los técnicos de la Intendencia de Montevideo por el mejor aprovechamiento de la tierra.
Los tres barrios no serán cerrados. Carecerán de porteros, alarmas o rejas perimetrales. Líneas regulares de ómnibus (109 y D 9) circularán entre los barrios y el acceso del público será permitido.
Los Olivos tendrán 25 hectáreas y allí las obras de vialidad están por comenzar. Los terrenos serán de 600 metros. Ombúes del Polo, en tanto, contará con 6 hectáreas.
El empresario Nicolás Delafond, del barrio San Nicolás, que abarcará 18 hectáreas en una primera etapa, afirmó que ese fraccionamiento tratará de tener "una seguridad pasiva" y destacó que es una zona rodeada de parques deportivos y chacras. "Es una lugar tranquilo", agregó.
El Plan de Ordenamiento Territorial estableció la sectorización del departamento de Montevideo en área rural y urbana.
El documento reservó 18 sectores que denomina áreas suburbanas urbanizables. "La Intendencia cree que la ciudad tiene que crecer hacia la dirección establecida en el POT", afirmó Carlos Turcatti, director de la Oficina de Gestión del POT del municipio.
Para ello, establece la creación de Proyectos de Actuación Urbanística (PAU), que tienen que ser aprobados por la Junta Departamental de Montevideo. Los PAU pueden ser impulsados por una entidad privada o pública.
Dentro de las 18 áreas urbanizables, la comuna estableció que el Sector 10, con una dimensión de 458 hectáreas, tenía un mayor potencial para urbanizaciones privadas. En este momento, se fraccionará una parte del Sector 10 (200 hectáreas). Allí se ubicarán los tres barrios jardín.
ARRIBO. El barrio jardín San Nicolás se sitúa al final del Camino Pichincha. El predio ya se encuentra integrado a la red sanitaria de Montevideo y cuenta con calles interiores casi listas, dijo Delafond. Decenas de obreros y máquinas retroexcavadoras trabajan a contrarreloj para unir los 73 solares de esta primera etapa con el sistema de saneamiento público.
También ya están listas ocho casas cuyas dimensiones oscilan entre 250 y 450 metros cuadrados edificados. Cada solar del barrio San Nicolás contará con 1.300 metros cuadrados.
"Por primera vez se abre un espacio para nuevos barrios de nivel medio alto y alto", dijo Delafond.
La intención de estas urbanizaciones es captar el público montevideano que optó por irse a barrios cerrados de Canelones o vivir en los apartamentos de Pocitos.
Delafond expresó que, en San Nicolás, aún no establecieron el valor del metro cuadrado de la tierra ni de las propiedades por estar abocados a la finalización de las obras.
Sin embargo, la tierra se comercializará a un precio similar a Carrasco Norte (unos U$S 90 el metro cuadrado).
Otras urbanizaciones
Alvaro Echaider, coordinador de la oficina de Gestión del Plan de Ordenamiento Territorial (POT), dijo que la demora en poblar la zona norte de Camino Carrasco llevará entre 15 y 20 años.
Hasta setiembre del 2005, la Intendencia abrió una etapa de consulta pública sobre el Programa de Actuación Urbanística para ese sector de la ciudad. Los vecinos podían opinar sobre la transformación de esa área rural a urbana.
La zona tenía fuertes componentes rurales.
Sin embargo, la propuesta de propietarios de chacras aledañas a Camino Pichincha no contó con rechazos de la población.
A partir de esa iniciativa empresarial, dijo el coordinador municipal Echaider, se estudió la posibilidad de implementar un programa urbanístico para toda el área y transformarla de rural a urbana. Para ello, el municipio realizó estudios económico-financieros, se identificaron los servicios públicos existentes y proyectaron nuevas obras de infraestructura.
Los resultados de todos los estudios, dijo Echaider, aseguraron que era viable la propuesta presentada por empresarios.
En otra zona del Sector 10 -ubicado al norte de Camino Carrasco- hay manzanas donde se puede construir hasta dos pisos y en otras cuatro.
Los inversores deben respetar, afirmó Echaider, los espacios verdes.
Además del Sector 10, hay otros tres lugares del departamento de Montevideo donde se desarrollarán programas de actuación urbanística: Lezica, Punta de Rieles y Maroñas. Se trata de tierras despobladas.
Sin lotes cerrados al público en Montevideo
El Camino de los Horneros, en Canelones, es el eje principal de ocho barrios cerrados. En ellos viven unas 500 personas, según datos manejados por el Instituto de Estadísticas y Censo del año 2004.
En Maldonado también hay barrios privados cerrados, bosques urbanizados y fraccionamientos para chacras marítimas. Mientras que Montevideo no aprueba la existencia de barrios privados cerrados.
A lo largo de la costa esteña, desde José Ignacio a la Laguna del Sauce, hay numerosos emprendimientos. Veramansa (parada 42, con edificios y lotes para residencias), Villa del Faro y Pinar del Faro.
¿Qué hace a una persona optar por vivir detrás de las rejas de un barrio cercado? La seguridad. Para ingresar a las urbanizaciones privadas de Canelones, por ejemplo, hay que tener la autorización de alguno de los dueños de las viviendas o terrenos. En caso contrario, no se puede entrar.
Aunque a nivel oficial se señala que los barrios privados no han tenido el desarrollo que se propusieron, varios operadores inmobiliarios indicaron que desde fines del año 2004 hay un aumento de las ventas de los lotes.
Crecimiento. En ciudades como Brasilia y San Pablo, por ejemplo, hicieron furor los barrios cerrados a partir de la década de los noventa.
La revista Veja los denominó "jaulas de oro". Se trataba de una de las pocas soluciones habitaciones frente al incremento exponencial del delito en esas dos ciudades brasileñas.
Las características de estas urbanizaciones eran dignas de Hollywood: torretas de ametralladoras en las esquinas, muros perimetrales de cinco o seis metros de altura, única entrada con barreras y controles estrictos de ingreso.
A esas medidas de seguridad se le sumaba el registro detallado de vehículos que no pertenecían al barrio (proveedores o personal de empresas de servicios) por parte de guardias apostados en el portón de ingreso al barrio cerrado.
En algunos emprendimientos, se establecía en forma obligatoria para cada familia un solo trayecto hacia su vivienda. Aquel que se desplazara por calles no autorizadas, corría el riesgo de ser detenido por la seguridad del predio. Los autos que ingresaban eran seguidos por dispositivos electrónicos.