Atracción por lo mágico

| Gustavo Eckroth

El ser humano a lo largo de la historia siempre ha tenido una especial fascinación por lo mágico. La magia como práctica generalmente está destinada a la realización de un deseo ("bueno" o "malo") que de otra manera sería imposible o poco probable de lograr y/o implicaría un gran sacrificio para la persona.

Es natural querer buscar siempre el camino más fácil pero a veces el camino más fácil es solo eso, un camino fácil pero inefectivo, en el cual nos forzamos a creer aunque muy en el fondo sabemos que no va a funcionar. Por ejemplo una persona preocupada por su sobrepeso puede llegar a adquirir y consumir unas pastillas "mágicas" para adelgazar. A pesar de la dudosa procedencia y contenido de las pastillas la persona prefiere creer que sí van a funcionar e incluso aunque no adelgace puede llegar a enemistarse con quien le diga que esas pastillas no sirven para nada.

¿Qué determina que una persona común y corriente crea en lo no creíble y se aferre a a ello con uñas y dientes?

La primera causa y tal vez la más importante es la infelicidad. Una persona muy triste, deprimida, o carenciada tiene la "necesidad" de creer que alguien o algo mágicamente va a resolver todos sus problemas. Una persona desgraciada suele ser la presa más fácil para los vendedores de ilusiones, sean estas posibles futuras parejas, estafadores en potencia o falsos gurúes. La desesperación nubla la razón por ejemplo la esposa cuyo marido es alcohólico crónico quiere creer que "mágicamente" de un día para otro (sin hacer nada en especial) dejará la bebida, simplemente teniendo "fuerza de voluntad".

Las creencias mágicas cotidianas van desde pequeñas supersticiones como por ejemplo ponerse "ese" par de medias para salvar el examen o entrar a la entrevista de trabajo con el pie derecho hasta rituales para causar mal a un "enemigo" y/o evitar que nos siga dañando.

El segundo motivo por el cual la gente cree en cosas sin fundamento lógico es la tendencia a la pasividad y la inacción unido a una baja tolerancia a la frustración. Por ejemplo personas informadas e inteligentes que cuando salen a correr usan prendas abrigadas para transformar mágicamente la grasa en agua y poder seguir comiendo todo lo que tengan ganas sin sentirse tan culpables.

Una antigua historia sufi que solía narrar Osho, cuenta que un maestro que viajaba por el desierto, llegada la noche le pide a un discípulo que ate los camellos. Este último estaba tan cansado que en vez de atarlos ora pidiéndole a Alá que cuide los camellos y se va a dormir. A la mañana siguiente todos los camellos habían desaparecido. El maestro indignado pregunta al discípulo "¿Qué has hecho?" Y este responde: "Hice como tú me enseñaste, confié en Alá, le pedí que cuidara a los animales y luego me fui a dormir". A lo que el maestro responde: "La única mano que tiene Alá para atar los camellos es tu propia mano por eso primero ata los camellos, luego confía en Dios, ora y recién ahí ve a dormir en paz". El mensaje es: hazte responsable de tu propia vida aunque sea duro molesto o lento, haz cuanto antes todo aquello que sabes positivamente tienes que hacer y recién allí relájate y confía en fuerzas más allá de lo que ven tus ojos.

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