Ana María Abel
Lic. Ciencias Familiares
Una telenovela tiene alborotadas a muchas de mis amigas. Un día se identifican con una de las protagonistas y al siguiente con otra. La serie puso sobre el tapete, personificada en mujeres, la traída y llevada "crisis de los 40" como si no alcanzara también a los hombres.
Mujeres y varones transcurrimos nuestra existencia inmersos en las coordenadas de tiempo y espacio que, si bien no son determinantes, nos condicionan. El avance del calendario es inexorable y mediada la vida solemos plantearnos enfoques nuevos que pueden poner patas para arriba nuestros proyectos y trayectorias vitales o catapultarnos a una madurez armónica basada en la experiencia adquirida.
En el caso de la mujer, la medicina explica la crisis de los cuarenta por los cambios hormonales y su repercusión en el ánimo. En los varones, José Luis Mota Garay, biólogo y periodista, la explica por el imperceptible aumento de tensión vital desde el inicio de la vida laboral hasta la cuarta década de vida. El esfuerzo sostenido supone un gasto a veces excesivo de neurotransmisores o la disminución de las endorfinas, responsables de la sensación de gratificación. La tensión mantenida por años, lleva al agotamiento y a la aparición de aspectos negativos en la psiquis y el talante ético de aquellos que entran en crisis.
Mediada la vida puede aparecer desilusión por no haber logrado los proyectos juveniles, cansancio al constatar que las obligaciones suponen un continuo volver a empezar, desengaño afectivo si se coloca en primera línea algo o alguien aparentemente más atractivo. Aparece un desinterés por aspectos importantes en la vida: trabajo, familia, situación social etc. Algunos ilusoriamente creemos que superaremos esa etapa dejándonos absorber por el trabajo: nuevos enfoques profesionales que, nos procurarán un éxito aún no obtenido y donde ganaremos mucho dinero y prestigio. También podemos complicarnos la existencia con una persona diferente a nuestra pareja de toda la vida, o nos dejamos arrastrar por todo lo novedoso sin analizar su consistencia. Esta etapa vital repercute en los hijos y la familia, por lo que merece ser resuelta sabiamente buscado ayudas. Pasada la tormenta se sucede una calma amasada quizá con dolor, que permite reestrenar lo cotidiano, superar el hastío y volver a empezar, enriquecidos con la experiencia de nuestros límites, con el sabor y aroma de fruta madura.
(FLIA@IUF.EDU.UY)
El bálsamo del perdón.
Las relaciones familiares provocan situaciones que causan fastidio, dolor pero no tienen por qué llevar a rupturas. Hay que diferenciar entre dolor y herida: las heridas son más peligrosas porque nos alejan de los demás. Para curarlas está el bálsamo de pedir y otorgar perdón.
El autoconcepto en los bebés.
Colocar a un bebé de pocos meses frente a un espejo y observar cuidadosamente las reacciones ante su propia imagen, no sólo es entretenido sino que tiene una gran importancia porque es una manera de ayudarlo a crear la conciencia de sí mismo.
La capacidad de disculparse.
Un paso importante en el camino hacia la no-violencia es tener capacidad para disculparnos. Si los padres cometemos un error con nuestros hijos, debemos pedirles disculpas. Ese es un buen ejemplo para ellos que les enseñará a disculparse con otras personas si es necesario. (Solohijos)
En las familias todos ganan.
En una familia nunca hay "vencedores y vencidos" ya que según un antiguo proverbio la mayor victoria en el seno familiar es que ganen todos sus integrantes. La clave del éxito tiene tres pilares: armonía, equilibrio y buena comunicación.