GUSTAVO TRINIDAD
Desde un principio los policías de Homicidios pensaron que sea quien fuera, el asesino de Jessica Salvatierra de 16 años, la conocía. La joven estuvo 66 días desaparecida hasta que fue encontrada: estaba atada y flotaba en la bahía de Montevideo.
La encontró un hombre que juntaba ramas para prender un fuego cerca de un islote conocido como El Bizcochero.
Jessica flotaba en un colchón, tenía las manos atadas con alambre y un fuerte golpe en la cabeza. Pero la investigación de los policías de Homicidios reveló datos todavía más estremecedores como que el propio padrastro fue el asesino, y que fingió buscarla junto a la familia cada día de los tres meses que demoró el caso en ser aclarado.
El martes fue indagado nuevamente por los investigadores. No era la primera vez. El hombre, que tiene 44 años y antecedentes por lesiones, había sido interrogado varias veces al igual que otros familiares y amigos. Esta vez los policías estaban convencidos de que tenían al asesino delante suyo. Al principio el hombre negó todo, pero las pruebas se acumularon y su coartada terminó por derrumbarse. El asesino contó qué paso: estaba solo con Jessica en su casa de Pernambuco 1483, en el Cerro. Dijo que discutieron y según su versión ella se le abalanzó.
Él le dio un golpe de puño que la tiró al piso y se golpeó la cabeza en el piso con tal fuerza que la chica murió en el acto.
Declaró que al comprobar que estaba muerta tuvo mucho miedo y se le ocurrió ocultar el cuerpo de la joven: lo envolvió en un colchón y lo colocó en un galpón.
Luego se le ocurrió una coartada para justificar la ausencia de Jessica. Hizo desaparecer un equipo de audio, preparando la versión que la joven se había ido a un cumpleaños. Cuando la madre y la hermana de la chica llegaron a la casa les dijo que Jessica se había ido luego de recibir una llamada en su celular. Pero sabía que la preocupación iba a ir en aumento. La familia la llamó varias veces a su celular pero este no volvió a estar encendido nunca más.
MENSAJES. Al padrastro se le ocurrió enviar un mensaje de texto haciéndose pasar por Jessica, pero no podía usar un celular que la familia conociera.
En la terminal de ómnibus del Cerro le pagó $ 10 a una joven para que le permitiera envió un mensaje de texto desde su celular: "Vuelvo el martes, estoy bien". Luego tuvo que mandar otro, esta vez más vago: "Mamá, no sé cuando vuelvo".
La desesperación de la familia se disparó. Jessica nunca se había ausentado de esa forma.
Además, ninguno de sus amigos sabía dónde ni de quién era el supuesto cumpleaños al que había ido. Ni siquiera el novio. Encima, los mensajes venían de un celular que no era el de ella y en un léxico que la joven no usaba con su familia.
Después de tenerla cuatro días en el galpón, el hombre sabía que pronto empezaría el olor de la descomposición. Sacarla era imperioso. La ató al colchón y ató sus manos, la cargó en un carro y la llevó hasta la bahía, cerca de la refinería de La Teja y la tiró al agua.
HALLAZGO. Cuando el cuerpo fue encontrado dos tatuajes llevaron a que la familia la reconociera. A partir de allí los policías establecieron varias certezas: la joven tenía la misma ropa y el mismo peinado que llevaba cuando fue vista por última vez. Esto indicaba que había muerto poco después de desaparecer, de lo contrario se hubiera cambiado de ropa. Había sido asesinada en otro lado y arrojada al agua; el o los homicidas eran de su entorno y de la zona del Cerro. Así llegaron al asesino que hoy volverá ante la jueza Aída Barreto. Familiares cercanos también son indagados incluyendo la madre. Los policías no descartan que haya más involucrados en el crimen.
Cronología del horror
11 de mayo. El homicida mata a Jessica de un golpe en una discusión y la esconde en un galpón, la ata y la envuelve en un colchón. Le dice a la familia que se fue a un cumpleaños pero que no dijo adónde.
12 de mayo. Le paga a una joven $ 10 en la terminal del Cerro para enviar un mensaje de texto a la madre de Jessica que decía: "Vuelvo el martes, estoy bien".
14 de mayo. Vuelve a enviar otro mensaje diciendo: "Mamá no sé cuando vuelvo".
15 de mayo. El cuerpo comienza a descomponerse. Lo carga en un carro y lo arroja en la bahía de Montevideo, cerca de la refinería de Ancap de La Teja.
18 de julio. Un hombre encuentra el cadáver de la joven flotando.
23 de julio. La joven es identificada por sus familiares que reconocen sus tatuajes.