ARTIGAS | FREDDY FERNANDEZ y JUAN DE LOS SANTOS
La producción minera en ésta ciudad fronteriza con Brasil se asemeja a un diamante en bruto.
Es necesario trabajar mucho para consolidar un rubro capaz de generar cientos o miles de puestos de trabajo y por ende, divisas para el país. En el mundo hay compradores ávidos que pagan muy buenos precios.
Desde aquí parten geodas en estado natural y piedras lapidadas que luego engalanarán el anillo de algún obispo o cardenal en cualquier parte del mundo.
Desde las canteras de Catalán, La Bolsa y Santiño, vienen las piedras que tras ser sometidas a un proceso de industrialización terminan convirtiéndose en auténticas bellezas.
Estas piedras tanto sirven para que un orfebre dé forma a una hermosa joya, o para realzar el mango de un paraguas o cualquier otro objeto de valor.
No menos importante son las piedras que terminan como ceniceros y otros objetos hogareños.
Quienes se dedican a extraer y lapidar ágatas y amatistas, son conscientes de que la producción está en pañales.
Estiman que con apoyo logístico y capacitación son capaces de multiplicar una y otra vez la producción. Carlos Sanchis se permite afirmar: "estamos recién, en el uno por mil de lo que podemos hacer", asegura.
Para poder exportar, obteniendo mejores precios, los propietarios de "Taller Cuareim" decidieron instalarse en Soledade, localidad de Río Grande do Sul, en la Sierra Gaúcha, a unos 650 kilómetros de Artigas-Quaraí.
La otra alternativa consiste en tomar la valija e ir a las ferias internacionales, comenta Benito Sityá, propietario de "Mundo Mineral", empresa fundada por su padre en la década del 70.
En esa búsqueda por diversificar la producción la familia Sanchis, se especializa en "extraer geodas enteras" y exportarlas en esa condición.
Para lograrlo se la esculpe lo mínimo posible tratando de mantener la roca en su formato natural.
Sanchis indicó que se están exportando 16 a 18 toneladas por mes. La producción ocupa a unas 130 personas en la cantera y otras 30 en el galpón dedicadas a limpiar la piedra.
Los Sanchís saben de qué hablan al estar de los dos lados de la frontera. Una prueba que se está en los albores de una producción medianamente industrial es que en Soledade se extraen 500 tonaladas, 20 veces más que en la tranquila Artigas.
El empresario considera que es necesario convertir a Artigas en un salón de venta de la piedra. El marketing, asegura, es fundamental para mejorar la producción y establecer políticas de mediano y largo plazo.
En Soledade, ciudad de 30 mil personas, esos planes comenzaron a rendir sus frutos y vienen clientes del mundo entero para comprar piedras semipreciosas, las mismas que se puede conseguir en el subsuelo artiguense.
En la ciudad gaucha, curiosamente hermanada con Artigas por obra y gracia de la prodcción mineral, las cosas marchan bastante mejor. No hay desempleo y la demanda de mano de obra es tal que fue necesario modificar la legislación, paea permitir la contratación de jóvenes de 15 años.
Allí los colegios comienzan a trabajar a las 18 horas, de forma tal, de no restar mano de obra, ni impedir el acceso a la educación.
VALOR AGREGADO. Benito Sityá de "Mundo Mineral" descubrió un nicho de mercado especial dentro del ya especializado mundo de las piedras semipreciosas. Elabora plaquetas de 5 por 5, cuyo valor en origen es de U$s 2.50 cada uno, aunque en Europa se venden al doble. Esas plaquetas parecen pequeños azulejos y son utilizadas para embellecer muebles y paredes de baños top.
Después de un año de trabajo, Sityá encontró su lugar en el mundo comercial con plaquetas a España, Italia y Francia. El empresario prefiere no revelar el monto de lo exportado, pero admite que se trata de un buen negocio.
"No pedimos que se nos apoye con créditos. Lo que necesitamos es apoyo para poder participar de ferias internacionales e importar maquinaria con exoneraciones fiscales", asegura Sityá.
Si desde las embajadas y consulados uruguayo se proveyera el apoyo logístico necesario, los productores artiguenses estarían dando un gran paso.
La concurrencia a cualquier feria internacional tiene un costo superior a los diez mil dólares. No todas son joyas en el negocio, está visto.
Un accidente en 1837 fue el origen de todo
Para conocer en detalle cómo descubrieron las riquezas que la tierra esconde en sus entrañas en Catalán, la mejor opción es escuchar a la Profesora e Historiadora Olga Marcela Pedrón García da Rosa.
La historiadora se desempeña como pulidora en la Cooperativa de Lapidadores y Artesanos del Uruguay. Pedrón cuenta que la explotación de las minas comenzó en 1853 y su producción artesanal se remonta a 1920, a instancias de una viuda alemana que recaló por el norte uruguayo.
El descubrimiento, se dio por casualidad en 1837 cuando un grupo de inmigrantes alemanes que se dirigía a Salto en una carreta y sufrió un percance al cruzar el Paso del Catalán.
Una de las ruedas de la carreta resbaló en una piedra redonda, el buje partió la roca y dejó al descubierto una amatista de un color purísimo.
Se trataba del "Azul de Caledonia" que se había agotado en aquella zona del norte del Asia Menor.
El azul que se creía perdido resurgió en América. Al principio, ese tesoro, lo llevaban de contrabando sin costo alguno con la excusa de que se trataba de piedras para mantener la estabilidad de los barcos a vapor del imperio alemán.
Narra la investigadora que los abastecedores del Kaiser Federico Guillermo II se llevaban las piedras gratis, como muestras sin valor.
Las avivadas siguieron su tradición hasta hoy y ha perjudicado al negocio. Muchas veces, los mismos artiguenses.
Para conquistar un lugar en el mundo el principal talón de Aquiles es que Artigas es América Latina pura y dura.
"Al final siempre somos rehenes de nuestra fama de incumplidores", sostiene Sityá de "Mundo Mineral".
Esa fama, no es puro cuento. Sityá precisa que la fama se arrastra como consecuencia del comportamiento de "vivos" que no cumplían plazos o de lo contrario enviaban mercadería que no se compadecía con la muestra que habían remitido oportunamente.
Entiende el comerciante que "es fundamental incorporar valor agregado, ya que la exportación de materia prima (en bruto) no tiene el efecto multiplicador, que logra aquel que manufactura la piedra creando muchas plazas laborales.