En abril de 2009 la IM quiso sacarlos y terminó en batalla campal. Hoy, a un año y medio del hecho, los artesanos de Plaza Cagancha siguen allí y aseguran que resistirán cualquier intento de expulsión, cuando el municipio ya prepara su realojo.
La recuperación del espacio público, entre ellos la Plaza Cagancha, constituye uno de "los ejes centrales del plan de desarrollo municipal" del actual gobierno, que está en su fase final de elaboración, dijo a El País Carlos Varela, alcalde del Municipio B, que abarca la zona del Centro de Montevideo.
Esto augura un nuevo dolor de cabeza para la administración municipal, que debe volver actuar ante los artesanos de la Plaza Cagancha, que ocupan de esquina a esquina el espacio con la venta de collares, broches, caravanas, y un sin fin de objetos apoyados sobre paños.
"El espacio público es para uso de todos, y no de algunos. Por lo tanto, se tomará una resolución en el corto plazo", enfatizó Varela sobre el punto. En tanto, los artesanos no están dispuestos a dejar "así no más" uno de los pocos lugares que, según ellos, "han ganado" sobre 18 de Julio "para trabajar bien".
"Si vienen de vuelta vamos a resistir. Codo a codo… uno pegado al otro. Sino que nos den una solución, pero que no nos manden al Obelisco. No seas malo. Queremos trabajar bien, nada más", dice José Luis, el artesano de la plaza conocido como el "Changüí".
La obstrucción y privatización del espacio público, el hecho de vender sin permiso y el cuidado visual y estético del lugar son los puntos que quiere resolver la IM con el realojo.
"Ellos dicen `nosotros tenemos el derecho de comercializar en los espacios públicos`. Ahora, en el momento en que ellos se instalan y ocupan toda la plaza, dejó de ser un espacio público y pasó a estar al servicio de ellos. ¿Y los derechos del que quiere la plaza para esparcimiento? Eso es una contradicción", explica Varela.
A todo esto, comerciantes de la zona -sobre todo bares y restaurantes- han manifestado a las autoridades su disconformidad con la presencia de los artesanos, por considerar que deterioran la imagen del Centro. "No contribuye a la zona, lo que venden no aporta al turismo, y ni hablar que están en la informalidad", enumeró el propietario de un restaurante céntrico.
UN BASTIÓN. "Este es un lugar que lo ganamos. Nos quisieron correr y no pudieron. ¿Si vienen de vuelta? Mirá, si no hay alternativas que sean viables, nosotros tenemos que defender nuestro trabajo… o sea, no nos van a mover de acá", resume Líber, un artesano joven del lugar.
La Plaza Cagancha no es un capricho, aseguran los artesanos. Lo califican como un buen punto de venta. Al parecer, casi insustituible. De hecho, en distintas etapas de la negociación posterior al incidente, fueron varias las alternativas que el municipio propuso para hacer el traslado. Pero ninguna les convenció.
La terminal de Río Branco, la Facultad de Ciencias Sociales y Psicología, las inmediaciones del Zoológico o ferias especiales, el Obelisco o la Plaza 1° de Mayo (frente al Palacio Legislativo), fueron algunos lugares para el realojo. Ninguno sobre 18 de Julio.
"No tienen ni idea adónde nos quieren mandar. No vas a comparar ¿Quién pasa por la plaza Primero de Mayo? ¡No pasa nadie! No voy a estar desde las 8 de la mañana hasta las 12 de la noche para vender 50 pesos. Vivimos de esto, y nos tienen que dejar vivir. Les propusimos hasta pagar una cuota mensual por este espacio. Pero ellos no nos quieren ver acá", se queja otro de los artesanos.
Para Varela, los puntos ofrecidos fueron analizados minuciosamente y están dentro de los circuitos con movilidad de personas. "No es que te saco del Centro y te mando a Malvín Norte", retruca el alcalde, en defensa de los espacios propuestos. Sin embargo, los artesanos no conciben otro espacio que sea fuera de 18 de Julio.
Como respuesta los artesanos ofrecieron fraccionar distintas plazas públicas del centro, para ocupar pequeños espacios y así descongestionar la Plaza Cagancha, donde hoy llegan a convivir hasta 80 artesanos durante el día. La respuesta de la comuna fue negativa. "Hasta que la IM no dé una solución real al asunto, va a estar toda la vida con este tema, porque artesanos siempre va a haber. No hay vuelta", reflexiona Líber, mientras arregla el paño.
Quejas: "Vivimos de esto y nos tienen que dejar vivir, propusimos pagarles una cuota".
Comuna colocará vigilancia
En septiembre pasado, el director de Espacios Públicos de la IM, Daniel Espósito, anunció a El País la incorporación de vigilancia las 24 horas en la Plaza Cagancha y la Plaza de los 33, por considerarlas "zonas de alto valor patrimonial", sumado al hecho de obras de refacción que se iban a hacer allí. Si bien en la plaza de los bomberos hay vigilancia, no pasa lo mismo en la Plaza Cagancha. Recientemente se invirtió allí $ 1,3 millones en obras de acondicionamiento, pero no existe seguridad para preservar la inversión.
Ganaron la primera pulseada
El último antecedente por tratar de "liberar la plaza" fue en abril de 2009 y terminó en una trifulca general entre artesanos, inspectores del municipio y Policía, tras no acatar la intimación a retirarse del lugar.
Ese intento fallido de expulsión -y su repercusión mediática- hizo que el municipio desistiera en su acción, a pesar de estar avalado por la reglamentación vigente.
Los artesanos vieron esta acción como una primera pulseada ganada. "La Intendencia no nos volvió a sacar porque no quiere más lío con nosotros. Es una realidad; los locos tienen que asumir un costo político grande si nos sacan. Te guste o no, estamos laburando acá. No estamos afanando ni nada. A ellos tampoco les sirve que aparezca en todos lados un problema con nosotros", interpreta Líber, uno de los artesanos jóvenes de la plaza.
Jorge Alberti, director de Inspección General de la comuna explica: "En caso de tener que ir a solucionar este tema no lo vamos a hacer a la ligera. Si no tenemos lo que necesitamos para hacerlo no lo haremos. De lo contrario sería una tontería", dijo, recordando el incidente.