Deborah Friedmann
Acá hay una!", gritó el hombre. Con la emoción de un niño que descubre a un contrincante mientras juega a las escondidas, señalaba una gran piedra de granito en el medio del campo "La Lucila" en la zona de Chamangá, en Flores. De inmediato, todo el grupo lo siguió y se detuvo alrededor de unos finos trazos de color rojizo.
Es que para observar alguna de las 41 pinturas rupestres de Chamangá, lo más difícil es encontrarlas entre centenares de piedras en el campo. Después hay que acostumbrar los ojos para que los dibujos abstractos de entre 2.000 y 3.000 años de antigüedad se tornen cada vez más perceptibles.
Eran las 15 horas del sábado 19. Y un grupo de 20 personas participaban de la primera experiencia piloto de acceso al público a la zona con mayor concentración de pinturas rupestres del país, ubicadas en 15 predios privados de Flores.
La actividad, organizada por la Comisión de Paisaje de la Sociedad de Arquitectos del Uruguay (SAU), es parte de los primeros pasos de una propuesta de plan de manejo del área.
La tarea, realizada por la Intendencia de Flores y varios técnicos, encabezados por el arqueólogo Andrés Florines y la arquitecta Margarita Etchegaray, es financiada por la Oficina de Planeamiento y Presupuesto (OPP). Tiene un costo de U$S 30.000 y ocho meses de duración.
El plan implica zonificar el área, estudiar la integración entre la naturaleza y la cultura, sistematizar el acceso del público, analizar los usos del suelo y continuar las investigaciones arqueológicas, explicó a los visitantes Etchegaray.
Como punto central del futuro de Chamangá están las explotaciones mineras de la zona. Hoy una empresa, "The Elephant", extrae de allí granito de un color azulado, conocido como "blue chamangá" y muy apreciado en el mercado japonés (ver nota aparte).
Esa empresa, tiene el título vigente, pero su acción ha derivado en varias denuncias: intoxicación de animales, desechos en sitios inapropiados y sobrecarga de camiones que transportan las piedras de rutas nacionales, entre otras.
Desde hace al menos cinco años no se otorgan nuevos permisos mineros en Chamangá.
Actualmente el tema está siendo analizado por la Dirección Nacional de Minería, la Comisión de Patrimonio y la Dirección Nacional de Medio Ambiente.
Lo que se busca con el plan de manejo es compatibilizar la explotación minera y el patrimonio arqueológico, dijo a El País el presidente de la Comisión de Patrimonio, Manuel Esmoris.
En el mismo sentido entiende la cuestión la comuna de Flores. "Queremos conjugar las dos cosas. Si no se puede, lo prioritario es lo patrimonial", sostuvo el secretario general del Municipio, Ricardo Berois.
El plan de manejo es un paso previo a que la Dinama pueda considerar a Chamangá como área protegida. "Nosotros no estamos contra la minería, pero hay determinadas acciones que el Estado debe acotar y lograr formas de conexión donde esa actividad y el respeto al patrimonio puedan ser posibles", señaló Florines.
Ese "respeto" no siempre ha estado vigente. En la década del 80 y del 90 la mano del hombre destruyó a varias pinturas, que según algunos expertos pueden llegar hasta 10.
"LAS POCHAS". Por el valor de estas pinturas el gobierno le comunicó a la Unesco en 2004 que pretende iniciar los trámites para que el área que las contiene pueda convertirse en patrimonio histórico de la humanidad, dijo a El País Herman Van Hooff, asesor de patrimonio del organismo para América Latina y El Caribe.
En caso que el Ejecutivo decidiera efectivizar la postulación, el trámite, si es aceptado por Unesco, llevaría un año y medio.
En toda América Meridional Atlántida, entre Santa Catalina hasta La Patagonia, las pinturas rupestres de Chamangá tienen un valor "singular", señaló Florines.
"Para ver algo parecido tenés que recorrer algunos miles de quilómetros a la redonda", afirmó.
El área núcleo de concentración de sitios arqueológicos está formada por un polígono de aproximadamente 150 quilómetros cuadrados.
Una particularidad de las obras de Chamangá es que no están en cuevas o escondidas sino a la intemperie. Son obras abstractas, como también se encuentran en Río Grande del Sur. Los diseños, que reiteran las cruces, son similares a otras pinturas rupestres de los Andes. En Argentina, en cambio, predominan las obras figurativas.
Las pinturas de Chamangá fueron realizadas con pigmentos naturales, según estima el experto, hace entre 2.000 y 3.000 años. Para Florines una hipótesis es que en esa zona de Uruguay haya sido terreno de disputas entre dos grupos de población.
Esas personas utilizaban hamatitas para pintar, que se hidratan con el agua. Y después el propio proceso natural de la roca las "encapsula", permitiendo su permanencia con el paso de los años.
Hay catalogadas 41 pinturas que los investigadores denominan como POCH (Porongos-Chamangá) y el número de hallazgo y que son conocidas cariñosamente como "las pochas".
La singularidad y el valor patrimonial del arte rupestre de Chamangá ha sido ponderado por expertos extranjeros, además de uruguayos. Un informe de la Unesco de 1998 consideró que el arte rupestre de Flores tenía un interés justificado y que Uruguay debía tomar medidas para su protección.