Argentina denunció secuestro; liceales inventaron un caso

Historia. Primos mintieron para cubrirse

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Dos casos de secuestros surgieron en las últimas horas en Montevideo, aunque en sintonías bastante distintas. Se comprobó que uno era una historia inventada y el otro caso no fue confirmado por la Policía.

Una mujer argentina denuncia que cuando salía de su casa en la zona de Pocitos junto con su hijo fue abordada por dos delincuentes armados que la obligaron a retirar dinero de un banco y entregarlo.

Según relata, cuando entró en la entidad financiera los delincuentes permanecieron con su hijo en el auto. Luego de recibir el dinero, los asaltantes se habrían bajado en la zona de la Cruz de Carrasco, dejando a la mujer en libertad.

Más tarde ella realizó la denuncia. Igualmente, fuentes policiales consultadas por El País no pudieron confirmar esa información.

HISTORIA FALSA. El viernes estaba soleado, Uruguay jugaba por las Eliminatorias y la ciudad se paralizaba. Dos primos, mujer y varón de 14 años, salieron de un liceo en el barrio La Comercial y se fueron a pasear por Pocitos sin permiso.

Sobre las 18.30, llegó el llamado de la madre preocupada por los jóvenes.

La chica, procurando evitar la reprimenda, inventó una historia de secuestro. Un cuento de película, excepto por algunos puntos ilógicos, que terminaron demostrando que todo era una mentira.

"Nos secuestraron", gritó la joven al teléfono. Dos hombres los habían interceptado a la salida del liceo y tras taparle los ojos los metieron en un auto. Durante más de una hora los llevaron por la ciudad mientras les decían que se quedaran callados, contaron los jóvenes.

Los bajaron en la arena en la playa Pocitos. Los dejaron con los ojos vendados y bajo amenaza de que no miraran hacia dónde huían.

La familia, asustada, presentó la denuncia. La Policía tomó declaraciones a los jóvenes pero había elementos que no cerraban en la investigación. A los jóvenes no les habían robado nada, ni celulares ni billeteras, y tampoco había existido un llamado a los padres.

Finalmente, tras horas de investigación y varias consultas a los jóvenes, uno de los adolescentes se quebró. Contó que lo habían inventado todo y que, por miedo a que los castigaran, se prometieron mantener la versión improvisada.

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