Juan Pablo Correa
Unas cuatro horas después de que me tomara un ómnibus 148 en Avenida Lezica y Santa María, en plena Villa Colón, el pasado lunes, un eucaliptus cayó muy cerca de la parada como consecuencia del temporal y mató a un hombre de 45 años, Cándido Lavín, vecino del barrio. El destino quiso que el hombre, por la tormenta, prefiriera ir en ómnibus y no en moto como lo hacía todos los días.
Ayer por la mañana la parada estaba inutilizable porque si bien el "techito" no fue aplastado, sí lo fue el indicador de las líneas que allí paran y la zona cercana estaba repleta de troncos y hojas del enorme eucaliptus que allí seguía tumbado. La gente esperaba el ómnibus en la calle y miraba el lugar en silencio. No había a la vista ningún funcionario municipal limpiando la plaza 12 de Octubre, donde ocurrió la desgracia. De hecho nunca hay y el pasto crece sin control y la mugre abunda. El Estado no estaba.
Pero sí había un caso claro de iniciativa privada. Un muchacho con una motosierra cortaba el eucaliptus cuyos pedazos cargaba luego una muchacha en un carrito que se alejaba por Santa María. El muchacho silbaba tranquilo.
En el barrio se comentaba que antes se había llevado unos troncos una camioneta con matrícula de Canelones.
Todo ocurría en el mismo lugar donde, súbita e inesperadamente, menos de 24 horas antes había muerto un hombre.