LETICIA COSTA DELGADO
Si alguien escucha hablar de la Antártida seguramente piense en nieve y hielo, no en manzanas. Sin embargo, no son imágenes excluyentes. Un microorganismo que crece en el suelo antártico protege manzanas conservadas en frío.
El descubrimiento fue realizado por científicos de la Cátedra de Microbiología de la Facultad de Química, en conjunto con el Instituto de Investigaciones Biológicas Clemente Estable (IIBCE) y el Instituto Antártico Uruguayo (IAU).
Específicamente los técnicos lograron aislar un microorganismo que puede crecer a temperaturas cercanas a los 0ºC y que, con el paso de los meses, controla el desarrollo de hongos que invaden a las manzanas dentro de las cámaras frigoríficas. El microorganismo aislado fue un tipo de levadura conocido como leucosporidium scotti.
"La levadura es un hongo", explica Silvana Vero, profesora agregada de la Cátedra de Microbiología de la Facultad de Química. "Los hongos se dividen, según su forma de crecimiento, en hongos filamentosos (los peludos) y levaduras".
Entre los filamentosos hay al menos dos tipos -pencillium expansum y botrytis cinerea- que crecen a bajas temperaturas y son los responsables de que las manzanas se descompongan cuando son almacenadas en frío.
"Las cámaras no son 100% limpias", dice Vero. Porque por más cuidado que se tenga, comenta, la fruta es ingresada en cajones donde viven los patógenos. Y como además suelen llegar con roturas en su corteza, todo está dado para que los hongos las colonicen.
El resultado: seis meses después, tiempo que llegan a estar almacenadas, el productor abre la cámara para vender la fruta y las manzanas están en mal estado.
ALTERNATIVA. En Uruguay este tipo de hongos se combaten con productos químicos. Pero últimamente han aparecido cepas que son resistentes y los consumidores han comenzado a mostrar rechazo frente al tratamiento de la fruta con fungicidas. El control biológico es visto como una alternativa.
"Para evitar el fungicida se pondría un controlador biológico", explica la especialista. Un ser vivo sería colocado en la herida de las manzanas e, imitando la acción del químico, impediría que el hongo se expandiera (método que se emplea en otros países).
Desde hace unos años, Vero y otros especialistas del Departamento de Biociencias de la Facultad de Química venían realizando pruebas con levaduras que se desarrollan a temperatura ambiente, pero no habían logrado aislar el microorganismo -algo imprescindible para manipularlo.
Sabiendo que técnicos de IIBCE y el IAU tomaban muestras de la Antártida, decidieron hacer pruebas con organismos que crecieran a temperaturas más bajas.
El experimento se desarrolló con 20 muestras de suelo antártico. Después de verterlas en tubos de ensayo con jugo de manzana y colocarlas en heladera durante 10 días, los técnicos vieron que en cinco muestras habían crecido seres vivos.
"Sólo en cinco había microorganismos capaces de crecer en jugo de manzana y a baja temperatura", cuenta Vero. El jugo de esta fruta, explica, no es un medio en el que pueda crecer cualquier ser vivo porque es muy ácido y tiene una alta concentración de azúcar.
Una vez que pasaron la solución a placas donde podían distinguirlos de forma sólida, obtuvieron que se trataba de cinco tipos de levaduras.
APLICACIÓN. En una segunda etapa aplicaron las levaduras en manzanas a las que habían realizado distintos cortes simulando las heridas recibidas durante la cosecha. Para cada tipo de levadura trabajaron con dos grupos: en uno introdujeron sólo hongos y en el otro hongos y levadura.
Pasado un período de dos meses vieron que efectivamente las levaduras protegían a las frutas del desarrollo del patógeno. Y que entre ellas, la leucosporidium scotti era la que mejores resultados daba.
La experiencia fue comprobada contra los dos hongos más frecuentes y en dos variedades de manzanas locales.
Ahora un estudiante de maestría estudia cómo desarrollar el microorganismo en un medio de cultivo óptimo y que sea económico.
"Habiendo elegido el microorganismo que se quiere, hay que buscar el medio de cultivo óptimo para que su producción sea rápida y en grandes volúmenes", comenta Vero. "Pero a su vez tiene que ser barato, porque si no encarece el producto final". Ambos pasos son imprescindibles si se considera aplicar la levadura a nivel industrial.
La especialista piensa que algunas empresas locales que se dedican a la formulación de productos agrícolas a base de microorganismos -utilizan bacterias para sustituir fertilizantes en el campo- podrían estar interesadas en desarrollar el nuevo biocontrolador porque cuentan con la infraestructura necesaria.
En el mes de junio los científicos expusieron la experiencia en un congreso realizado en Argentina y al finalizar, un empresario chileno demostró interés en aplicarlo. Según contó Vero, el empresario representa una firma francesa, con lo cual se abren oportunidades de que el descubrimiento siga su desarrollo.
Vero y su equipo también trabajan junto a Michael Wisniewski científico estadounidense que hace unos años desarrolló un biocontrolador similar (existen solo cinco en el mundo).
Una vez definidas las condiciones de cultivo -prueban subproductos de la caña de azúcar- los técnicos deberán desarrollar formas para secar el microorganismo y sustancias que faciliten su administración sobre las frutas.
Además, deberán probar que no es dañino para el ser humano. "Es el momento de traspasar el conocimiento", concluye Vero.