A cien años del nacimiento del doctor Horacio Gutiérrez Blanco

El médico fue un impulsor esencial de la fibroscopía

Hoy se cumple el centenario del nacimiento de Horacio Gutiérrez Blanco.

La fecha será evocada con emoción por sus descendientes, que conforman una familia ejemplar; y por un grupo de amigos, que fueron siéndolo más y más a medida que lo conocían y trataban. Acaso, asimismo, por colegas y discípulos de generaciones posteriores a la suya que aún puedan hablar, admirativamente, de aquel hombre que, sin proponérselo, mostraba el señorío de los grandes maestros dondequiera actuase.

En la docencia, en la profesión, en la oratoria, se remarcaban los perfiles de una personalidad de altos valores intelectuales y morales, complementados por la cordial compenetración con la problemática del paciente, que así se sentía asistido y comprendido con la calidez humana que particularizaba al médico-amigo.

En este diario -donde supo anudar lazos de afecto que el tiempo no podrá deshacer- era imposible que faltara en fecha tan significativa la nota que la aludiera, en sincera expresión de estima y reconocimiento a la trayectoria de esos cien años que todavía viven… Sería de toda justicia que se difundiera este breve texto por ambientes médicos donde Gutiérrez Blanco alternó -de manera especial en congresos y ateneos de gran fama- ocasiones en que certificaba el incesante aumento de sus conocimientos: sería justo, también, que en países por él transitados con su magisterio se tuviera, aunque más no fuese mínimamente, una mención de este siglo de presencia permanente, mágico privilegio otorgado solo a los elegidos.

Mucho espacio impondría la nómina de distinciones concedidas entre aprobaciones y aplausos unánimes: sin embargo, correspondería consignar el homenaje parlamentario que, a su muerte, se le rindiera con la elogiosa recordación de su obra por parte de representantes de todas las tendencias políticas.

El último logro de su ejecutoria científica fue el del impulso que dio a la fibroscopía en el Uruguay, como aporte de un elemento indispensable en la medicina moderna.

El Dr. Horacio Gutiérrez Blanco -apreciado y respetado dentro y fuera de fronteras por su amplio prestigio- falleció en Montevideo el 10 de enero de 1992, tres días antes de acceder a los 80 años, en plena búsqueda de material para el tercer tomo de su libro "Médicos Uruguayos Ejemplares", más de una centena de biografías de figuras eminentes, donde lamentablemente -y por razones obvias- falta la suya.

R.E.B.

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