Nació en Líbano en 1941 y hace 59 años se radicó en Uruguay. Tiene dos hijos Sigismund (Gran Duque de Toscana y Archiduque de Austria, que vive en Suiza) y Guntram von Habsburg Lothringhen (reside en EE.UU.). Preside el Grupo d`Arenberg, que en Uruguay está en el rubro automotriz, agropecuario y agroturístico (La Pataia) y en Europa y en Canadá con negocios madereros e inmobiliarios. Lae, como es conocida entre sus amigos, es garantía de calidad de sus productos, que van desde un caramelo, dulce de leche, queso de cabra o lanas ultra finas hasta un camión de 300 HP. Realizó estratégicas asociaciones con marcas líderes y productores. Hoy está orgullosa de producir alimentos, abrigo y genética para Uruguay, el país que ama, y el mundo.
POR Silvana Nicola
snicola@elpais.com.uy
¿Cuándo comenzó como empresaria?
En 1973, cuando cumplí el sueño de tener mi propia estancia: Los Fresnos. Desde muy joven le decía a mi padre que nos compráramos un campo, pero recién con 32 años pude iniciar un emprendimiento propio.
La realidad hoy es otra...
Sí. Aunque mi comienzo fue en el campo, hoy, el grupo d´Arenberg participa en distintos sectores de la economía uruguaya y tiene negocios muy diversificados, en el sector agropecuario, agroindustrial y automotriz.
BOR S.A celebró su 20 aniversario, ¿cómo surgió su vinculación a esa firma?
Mi pasión por los autos me llevo hasta Japón. En 1991 obtuvimos la representación de Mitsubishi y fuimos pioneros en Uruguay, ya que ésta fue la primera marca japonesa que ingresó al país. En 2006, para seguir siendo competitivos, obtuvimos la representación de dos marcas Chinas: JAC y Great Wall Motors y además ingresamos en el negocio de las motos con Mondial. En el negocio automotriz, hoy nuestra gama de productos va desde una moto de 50 centímetros cúbicos, hasta un camión pesado Dong Feng de 300 HP, pasando por los autos chinos, japoneses, camionetas pick up, utilitarios, y sedanes de lujo, como son los Mitsubishi.
Usted había viajado a China a ver autos antes, ¿que la decidió en 2006?
Hace unos 15 años habíamos analizado comprar autos en China, pero sólo golpeamos esa puerta cuando encontramos productos de calidad y nos sentimos capaces de dar respaldo y garantizar el servicio post venta. Bor ya tenía un sistema muy aceitado y con años de experiencia con Mitsubishi y su red de concesionarios y services autorizados que dan respaldo a los clientes en todo el país.
¿Qué opina sobre la reputación de los autos chinos?
Aún hoy, siendo China la segunda potencia mundial -y en camino a ser la primera- siendo el mayor mercado automotriz, la gente en general percibe sus productos, en especial los autos, como de mala calidad. Parecerá mentira, pero en 1991 los uruguayos tenían la misma percepción de los autos japoneses. La desconfianza era muy grande. Sin embargo, desde hace años, su tecnología es altamente valorada. Nuestras marcas chinas, que en muchos tienen casos motores Mitsubishi y Cummings, tienen una excelente relación calidad/precio.
Tras el festejo de 20 años, ¿qué planes tiene a futuro con BOR?
Crecer en ventas, por ejemplo con JAC queremos liderar en camiones livianos. Hoy ocupamos el tercer puesto, detrás de VW y JMC; queremos un lugar mejor. Además apostamos a desarrollar nuestras marcas a través de un posicionamiento próximo al cliente, aumentar nuestra red de concesionarios, abrir nuevos locales, estrechar las relaciones con las empresas representadas a través de visitas frecuentes.
Habla con pasión de los autos, pero si le dieran a elegir entre esta actividad y el campo, ¿con qué se queda?
Con el campo, sin dudas. Desde muy chica tengo una especial fascinación por la naturaleza, nada me hace más feliz que estar en contacto con los animales, sentir el olor de la tierra, del pasto húmedo.
¿Qué produce en Las Rosas?
Leche, carne vacuna y ovina, lana ultra fina y super fina. En genética comercializamos semen, embriones y reproductores. Además de la ganadería explotamos la agricultura, apicultura y vitivinicultura. Trabajar en el campo me hizo sembrar mis raíces, hace 59 años me enamoré de este país, que no sé si por casualidad o no, tiene forma de corazón. Este es mi lugar, un país que amo y a veces me enoja, pero seguro quiero vivir aquí hasta que Dios me de vida.
¿Cuál es el común denominador de cada uno de sus emprendimientos?
El perseguir la excelencia. No me sirve un más o menos ni un mañana se resuelve. Nunca pienso en el ahora, estoy planificando el futuro. No miro mis tierras hoy, las proyecto para dentro de muchos años y por eso tenemos sistemas de producción sustentables, económicamente viables, productivos y que conservan la integridad de las personas y el medio ambiente. Recorrimos un largo camino para estar donde estamos y queremos mantenernos y seguir mejorando. Cuidamos la naturaleza y tengo una obsesión con el cuidado animal. Debemos aplicar el concepto de Uruguay Natural en serio para que el campo siga siendo un buen negocio y no destruyamos los ciclos de la madre tierra. Todos los que nos dedicamos al agro sabemos que esta actividad tiene forma de serrucho a veces estamos arriba, a veces abajo. Por eso hay que ser previsores, prepararse para épocas buenas y malas.
Explique lo del amor y odio. ¿A qué se refiere?
Estoy convencida de que es buen negocio invertir en Uruguay. Este país está en un contexto de crecimiento sostenido que se observa en todos los grandes rubros productivos del país: mejora el ingreso de las familias y aumenta el consumo de servicios, alimentos, bienes. Se recuperó el crédito al consumo y empresas, bajó la desocupación y la tasa del desempleo. Disminuyó la pobreza, la indigencia y, en general, todos los indicadores de nivel de vida han mejorado.
¿Y en materia de negocios?
En la producción agropecuaria asistimos a una revolución en términos de expansión del agro, de la aplicación de tecnologías e intensificación del uso de la tierra, gracias a un aumento significativo de la inversión y de los precios de los productos en el mercado internacional. Esto genera record de exportaciones que se superan año a año en términos de volúmenes físicos y en ingresos de divisas. Asistimos también a una gran mejora del clima de negocios: Uruguay tiene un sistema político consolidado con partidos políticos con experiencia de gobierno, con diferencias que no alteran la armonía y la convivencia pacífica, lo que genera confianza en los inversores. Los niveles de corrupción son bajos. La inversión extranjera no para de crecer. La estabilidad y las certezas que generan las políticas macroeconómicas son aceptables y en las dos últimas semanas los mensajes del Presidente José Mujica y el Ministro (de Economía y Finanzas) Fernando Lorenzo han sido contundentes en cuanto a que se continuará transitando la misma senda y no habrá cambios sustanciales ni sorpresas. Esto nos brinda confianza que es vital para que el no se desvié el rumbo de las inversiones... sin embargo hay incertidumbres.
¿Cómo cuáles?
Las condicionantes externas generan algunas incertidumbres. Si bien Uruguay ha diversificado mercados, tiene una alta dependencia de la suerte de los países vecinos y de algunos mercados de exportación extra-regionales. Me pregunto: ¿Seguirán su fase de crecimiento? El precio de los productos de exportación ¿seguirá en alza, o se trata de un ciclo? Brasil y Argentina ¿mantendrán sus políticas cambiarias? En cuanto a lo interno, creo que las infraestructuras están colmadas en su capacidad y sin posibilidades de expansión en el corto plazo de acuerdo a los requerimientos de la expansión productiva. No se ha invertido en forma adecuada en la red vial, en ferrocarriles, en energía y en comunicaciones. Los costos asociados al tipo de cambio, a las cargas impositivas y las cargas laborales atentan contra la competitividad.
La expansión del consumo no viene siendo acompañada por una expansión en la oferta, lo que genera un riesgo de escalada inflacionaria. Faltan personas para desempeñarse en casi todos los tipos de requerimiento laboral, principalmente en puestos de alta calificación. Es imprescindible tener recursos humanos calificados y revalorizar los hábitos de trabajo. ¡Cuando escucho proyectos para reducir las jornadas laborales a seis horas, mantener los salarios, no puedo creer que estén hablando en serio! La conflictividad laboral y las reivindicaciones sindicales excesivas atentan contra el desarrollo de actividades que requieren la aplicación intensiva de mano de obra y algunos servicios. Me preocupa que el gobierno pueda lograr un equilibrio entre los derechos de los trabajadores y empleadores de manera de no asfixiar la iniciativa privada ni desestimular la inversión.
¿Le interesaría ocupar un cargo político?
No (risas). Para ser político hay que tener mucha cintura. Soy muy ejecutiva, no me gustaría estar atada a compromisos, a depender de otros.
La búsqueda de la eficiencia, la competitividad, la productividad, son mi norte. No podría dedicarme a la actividad política. Además todavía no soy ciudadana de este país y eso es algo que averiguaré. ¿Cómo si hace 60 años que estoy acá solo soy residente legal?
El desafío de LaPataia era comercial más que industrial
¿Qué es LaPataia para usted?
El último lío en que me metí hace cuatro años (risas). Es una síntesis de lo que es Uruguay: sol, campo, mar. Cuando nos hicimos cargo estaba totalmente desfinanciada y prácticamente fuera del mercado. Producía solamente dulce de leche casi casero y, en pequeñísima escala, queso de cabra. En cuatro años comprobamos que el desafío de LaPataia era más comercial que industrial y nos embarcamos en categorías inexploradas como chocolates, alfajores, mermeladas, dulce de leche para el mercado masivo, golosinas como caramelos y dulce de leche sólido. Históricamente, Lapataia fue un tambo turístico. Hoy, el foco es comercial a través de la explosión y la fortaleza de su marca.
¿Cómo se logró esto?
Entendimos que dependíamos de alianzas estratégicas con fabricantes nacionales de productos líderes en sus categorías. Hoy tenemos distribuidores en todo el país, desde un quiosco en Artigas hasta un free shop del Aeropuerto. Estamos en todos lados.