"Aquí le dejo mi tarjeta". La frase suena repetidamente en el mundo laboral para presentar un escueto resumen en formato de 7x4 cm que dice quiénes somos, dónde trabajamos y cómo pueden contactarnos.
Pero más allá de lo que figura en el papel, las tarjetas personales son vistas como un espejo que refleja la imagen del profesional. "Tómeselo en serio, su tarjeta personal es el documento de identidad de su marca", sentenció Marcelo Tachdjián, director de Estudio Salterain, firma dedicada a la imagen corporativa.
La combinación de comunicar bien la información y hacerlo en una tarjeta adecuada al perfil de la empresa resulta vital ya que "no hay segunda oportunidad para cambiar una primera impresión" y "la tarjeta personal es la primera imagen de la empresa", señaló por su parte Soraya José, directora de Enlaces, otra empresa del rubro.
En tiempos donde las pantallas de la PC, el smartphone o la tablet presentan cada vez más información personal y profesional, las tarjetas aún logran mantener su estatus. De hecho, representan una excepción por la cual lo digital se aviene al formato papel: así, los datos de Internet como la página web de la empresa donde se trabaja y el e-mail aparecen grabados en la pequeña hoja. "A la tarjeta personal no la ha sustituido ningún medio digital. Todos esos tipos de contacto se agregan como datos", aclaró Federico Butler, director de Kabala, firma de diseño y comunicación empresarial.
Pese a la importancia de la tarjeta personal para la imagen de una empresa, no todas cuidan sus diseños. Como tendencia se observa que los profesionales independientes y las pymes, por la necesidad de lograr mayor visibilidad y una mejor imagen ante sus clientes, suelen preocuparse más por este aspecto que otras empresas de gran porte.
SOBRIOS Y JUGADOS
Definir el diseño de la tarjeta en función de la profesión del cliente es un aspecto muy importante, tanto que ciertos profesionales desechan colores que puedan transmitir una idea errónea acerca de su trabajo. Los abogados, los contadores o los arquitectos prefieren diseños sobrios y elegantes donde predominen los colores oscuros como el azul o el verde, para que se refuerce el sentido de seguridad y seriedad. "Si el cliente es el gerente de un banco no le hago una tarjeta que tenga una foto de fondo, un logotipo multicolor y un juego tipográfico extraño", explicó Butler.
A la sobriedad que exigen los estudios de abogados, se oponen los diseños "más jugados" que suelen encargar aquellas empresas que viven de su impronta creativa como las agencias de publicidad o los propios estudios de diseño gráfico. En estos casos, las empresas optan por tarjetas transparentes, o de puntas redondeadas. Los más vanguardistas encargan modelos troquelados que pueden convertirse en alguna forma original.
Sobrios o llamativos, los diseños deben guiarse por presentar una imagen lo más parecida a lo que es la naturaleza de la empresa, coincidieron los expertos. En otras ocasiones esos parámetros ya están delimitados. Hay muchas empresas que ya tienen definida su papelería corporativa y hay que guiarse por ella para definir tipografías, colores, tamaños de tarjetas y tipo de papel a emplear.
En cualquier caso, los expertos coincidieron en que al momento de encargar tarjetas lo mejor es consultar con profesionales. Los especialistas argumentan que a veces menos es más: entregar pocos datos, pero imprescindibles y claros, bajo un diseño adecuado bastarán para enviar un mensaje efectivo.
"Como una mancha en la camisa"
Cuando los datos quedaron viejos, no conviene tachar la tarjeta. Es que el descuido se traduce en pérdida de oportunidades.
"Entregar una tarjeta de baja calidad o con errores es como ir a una reunión de gala con una mancha en la camisa", dijo Marcelo Tchadjián, de Estudio Salterain. En esos casos conviene no dar tarjeta y encargar otras actualizadas. "Es más barato hacer tarjetas nuevas que dar una mala imagen", sentenció Soraya José, de Enlace.