Claudia Rodríguez, CEO de Raras CRO, es contadora, pero desde que en 2002 ingresó al mundo de los estudios clínicos casi de casualidad, se volvió especialista en el rubro CRO (Organización de Investigación por Contrato).
Luego de trabajar casi 13 años para diferentes empresas internacionales del sector, decidió que era hora de hacer algo para «democratizar» el acceso a estos estudios a América Latina y emprendió.
Su primer emprendimiento fue un fracaso, recordó. Sabía del rubro pero "no de negocios", reconoci.
Pero no abandonó. Lo intentó una vez más, creó una consultora, creció y en 2019 sumó a dos socios para, desde Brasil, crear Raras CRO.
Desde entonces no pararon de crecer, han traído más de 45 estudios clínicos al continente -uno de ellos a Uruguay-, y esperan sumar más porque está convencida de que la región «tiene mucho potencial». Está casada y disfruta la jardinería, a lo que se quiere dedicar una vez que se retire, dijo.
Es contadora y está al frente de una empresa que gestiona estudios clínicos, ¿cómo llega a este rubro?
A los 19 años, estando en segundo de la facultad, entré a Coopers que luego se fusionó con Price y ahora es PwC. Hacía auditorías de bancos hasta que uno de estos, el Comercial, me invitó a trabajar ahí en una nueva unidad que habían creado, fusiones y adquisiciones. Trabajé con varias empresas, y durante un proceso de venta de una compañía uruguaya, su gerente general se fue a trabajar en Quintiles, una de las mayores CRO (N.d.R: siglas en inglés de Organización de Investigación por Contrato) del mundo. Esa empresa decidió abrir una oficina de fusiones y adquisiciones en Uruguay para comprar otras firmas de investigación clínica. Lo encontré a los dos años que se fue y me ofreció ingresar. Acepté y en 2002 entré. Estuve dos años trabajando en Uruguay hasta que me ofrecen ir a la operación de Brasil, que era totalmente deficitaria. Fui como gerenta financiera por dos años y me quedé siete. En ese período también me dieron la responsabilidad de Colombia. Cuando entré a la compañía eran 40 personas, al irme eran 300. Cuando llegué perdíamos un 10% anual, cuando terminé ganábamos un 30%. En ese período me involucré más en la operación, dejé de lado mi faceta financiera y entendí más del negocio de investigación clínica, que es fascinante. Es una ventana al futuro, podés ver los tratamientos que estarán disponibles en los próximos 5 o 10 años. En 2014 me ofrecen ser vicepresidenta de la firma en EE.UU. o directora en España, pero decidí volver a Uruguay.
Le iba bien en la empresa, la hizo crecer y le gustaba el rubro, ¿por qué se fue?
Por un lado, mi padre estaba muy enfermo y quería pasar con él. Pero por otro, me di cuenta que América Latina era nada de todo lo que se hacía en investigación en el mundo, solo un 3% o 4%. Había un conflicto cultural entre América Latina y las compañías de EE.UU. que elegían. Peleábamos mucho para que trajeran cosas, era una región invisibilizada. Los estudios grandes llegan cuando ya están muy congestionados Europa y EE.UU., pero cuando lo hacen, la región no tiene posibilidad de dar su visión, no se adaptan a la realidad de nuestros pacientes. Y esto es algo que me da bronca. Entonces decidí que había que democratizar el acceso a los estudios clínicos en fase temprana desde Uruguay, porque al final, la gente que tiene dinero es la que participa de estudios clínicos en otros países. De hecho, había un estudio de un tratamiento que, si mi padre hubiera tenido acceso, lo hubiera salvado. Queremos que pase lo que sucede en Europa o EE.UU., que cuando un paciente tiene una consulta le dicen las opciones comercializables y los nuevos tratamientos en prueba.
"Me di cuenta que América Latina era nada de todo lo que se hacía en investigación en el mundo, solo un 3% o 4%. Había un conflicto cultural entre América Latina y las compañías de EE.UU. que elegían. Peleábamos mucho para que trajeran cosas, era una región invisibilizada"
Su primer proyecto no funcionó, ¿por qué?
Conocía muy bien del sector pero me faltaba la parte de negocios. Duró solo nueve meses. En ese mismo año, un competidor de la compañía en la que yo trabajaba se enteró que volví a Uruguay y me propuso ser la CEO para América Latina de su empresa porque le estaba yendo mal financieramente. Acepté, estuve cuatro años y aprendí lo que me faltaba, cómo generar negocios. Durante ese tiempo contraté a la que hoy es mi socia, Sandra Facincone. En 2016 decidí dejar esa compañía, ella se quedó y fundé la segunda empresa. Ya era conocida en el ámbito de la investigación clínica y me fue mejor, desarrollé una cartera de clientes, hacía consultoría, ayudaba a empresas farmacéuticas brasileñas de genéricos que querían comenzar a tener su propia innovación. Yo tenía como mentor a Mario Sánchez, de Cowork Latam, y en 2019 me propuso que fuera a un evento en EE.UU. donde Uruguay tenía un stand. Ahí me reencontré con Sandra que me dijo que aceptaba mi anterior invitación a trabajar conmigo. De hecho, ahí ella le puso el nombre Raras. Mencionó que conocía a Leonardo Abizaid, quien tenía una empresa que hacía investigación clínica para dispositivos, algo inexistente en América Latina, y decidimos juntarnos y crear Raras CRO.
¿Cuál es el corazón de la empresa?
El último proceso en el desarrollo de un medicamento, la investigación clínica, una actividad multidisciplinaria donde intervienen médicos que investigan, científicos que escriben protocolos de investigación, abogados, contadores, estadísticos, profesionales de logística. Hoy esta innovación la hacen generalmente pequeñas biotech, startups sin capacidad de equipo. Contratan compañías como nosotros que, al ejecutar muchos proyectos al mismo tiempo, diluyen el costo. Ya hemos hecho unos 40 proyectos y tenemos activos unos 35 en Brasil, Colombia, Argentina y Chile. El principal mercado es Brasil, pero Colombia lo podrá igualar o pasar porque se está transformando en un referente. Algo que nos diferencia es que trabajamos mucho con asociaciones de pacientes. Les explicamos, presentamos los protocolos, incluso si no tienen un diagnóstico le facilitamos el estudio para que tengan uno genético apropiado. En general, todos quieren participar.
¿Qué tipo de enfermedades tratan estas investigaciones?
Cardiología, neurología, psiquiatría, enfermedades raras, dermatología, enfermedades pulmonares. También abordan dispositivos como balón gástrico, stents. Cada proyecto insume entre 18 meses y cinco años. Pero también demora mucho el poder captarlos, es un proceso que puede llevar cerca de un año.
¿Cómo fueron los inicios?
Comenzamos en plena pandemia. Yo conocí personalmente a Leonardo, dos años después. En 2020 conseguimos nuestros tres primeros clientes, uno de Israel de dispositivos médicos (un balón gástrico), una compañía francesa y el más importante, el hospital Mount Sinai, de Nueva York. Su escuela de medicina estaba con un estudio de covid y nos lo dieron. Fue con 600 pacientes. Al inicio fueron todos en Brasil. En Uruguay tenemos un proyecto de atrofia muscular espinal, que es solo observacional del paciente, ver la evolución natural de la enfermedad y su tratamiento. Sirve como insumo para futuros desarrollos. Son 10 pacientes. Y estamos por cerrar uno que es inédito, de fase 2 en mieloma múltiple. Está en etapa de calificación del cliente. También vamos a presentarnos para otro de asma.
¿Cómo lograron convencer al primer cliente?
Con nuestra trayectoria de los tres cofundadores. Lo bueno es que una vez que traemos un cliente a América Latina, vuelve. Están encantados con la región porque la calidad de los datos que obtienen son buenos, porque los científicos y médicos que trabajan son muy buenos, fueron entrenados en otros países y trabajan en la región. Es algo que nos distingue, el nivel académico de América Latina. Pero, además, hay otra diferencia que no se ve en Europa o EE.UU. y es el compromiso de los pacientes a seguir el estudio. Acá la relación entre médico y paciente es súper estrecha y el respeto que existe al médico es único. En Europa, desaparecen, se mudan de estado y eso hace fallar el estudio.
¿Por qué es bueno que los estudios se hagan en la región?
Porque vamos cada vez más hacia la medicina de precisión. O sea, el medicamento que le sirve a una persona, no le sirve a otra porque tiene una mutación genética diferente. Si desde Uruguay no participamos del desarrollo de eso, no lo vamos a entender. Y si además no está adaptado a nuestra realidad, nuestro sistema de salud público no lo va a poder comprar. Y al momento de adquirirlo, lo compraremos mal y caro. Entones, participar en procesos de investigación permite acceder a tratamiento antes, al desarrollo y entenderlo. Y además, hay transferencia de conocimiento invaluable, acceso a tecnología antes, visibilidad del país.
¿Cómo se compone su cartera de clientes?
La mayoría son biotech, startups o empresas medianas. El 80% son de EE.UU. y Europa, el resto es de Israel.
Sus primeros clientes llegaron en 2020, ¿cómo ha sido el crecimiento de la empresa?
Siempre hemos crecido. De 2022 a 2023 fue un 250%. Hoy en día somos 22 personas, dos en Uruguay, dos en Argentina, una en Chile, dos en Colombia, y el resto en Brasil. Estimamos cerrar 2024 con otro crecimiento de 250% y un equipo de 100 personas.
¿Han recibido inversión?
Nunca, el crecimiento ha sido orgánico. Comenzamos con una inversión de US$ 20.000, recién el año pasado los fundadores retiramos algo de dinero, pero reinvertimos el 90%. En total, ya llevamos cerca de US$ 1 millón invertidos, tanto en recursos humanos como en el proceso de digitalización de la empresa. Ahora estamos desarrollando una plataforma propia para pacientes, para que se conecten entre ellos, y poder generar datos y algoritmos predictivos. En Colombia estamos desarrollando nuestro centro de gerenciamiento de datos para todos los proyectos de la región.
¿La parte económica es una traba?
No, somos más económicos, casi un 25%, pero también disminuye el tiempo de ejecución.
¿Cómo evalúan el escenario local para promover estudios clínicos?
La regulación actual no ayuda, necesita aggiornarse. Los procesos de aprobación no están definidos, no hay guías de desarrollos de un estudio. Otros países, por ejemplo, si un estudio está aprobado por las principales agencias reguladoras del mundo, lo aceptan. En Uruguay no sabemos si eso se pondera. Hoy estamos en un proceso de educación y de visibilizar el tema con las autoridades. Para eso planeamos un congreso de enfermedades raras para abordar temas específicos de investigación. Hoy si quiero hacer un estudio de cáncer tengo que hablar con el servicio específico dentro de cada hospital. Y cada área terapéutica es un servicio diferente. En los demás países cada hospital tiene un Departamento de Investigación que engloba todas las áreas terapéuticas y sistematizan la información. Además, existe una concepción de que, porque Uruguay es chico, hay poca cantidad de pacientes. Pero es un error porque los megaestudios ya casi no existen. Hoy se complementan con otros datos que ya existen de in-silico, datos del mundo real, entonces las muestran son menores.