La harina que no se bancó ser un commodity

En el tradicional rubro molinero, Cañuelas intenta sacudir la demanda con productos de valor agregado y abastecer a un mercado que se ubica dentro de los mayores consumidores de América del Sur

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Por Gabriela Rocha - grocha@elpais.com.uy

Galletas en el desayuno, un bizcocho a media mañana, pasta para almorzar, grisines con el mate de la tarde y tarta en la cena. ¿Le suena? Esta dieta bien puede explicar por qué Uruguay es uno de los países con mayor consumo de harina per cápita de Sudamérica, con alrededor de 80 kilos anuales, muy cerca de Chile y Argentina.

La ingesta de unos 24 millones de kilos de ese producto al mes dan fundamento a empresas harineras que venden tanto a la industria como al consumidor final arriba de los US$ 150 millones al año. Se trata de un sector integrado por 18 molinos, dentro del cual campea la informalidad afectando el negocio de quienes cumplen con las normas. En la Cámara Nacional de la Industria Molinera del Trigo estiman que el informalismo supera un tercio del mercado y que la modalidad más común de apartarse de la ley es vender el producto sin emitir factura.

Las empresas del sector basan mayoritariamente su labor en la realización de un producto comoditizado. Pero hace unos 15 años llegó desde Argentina Molino Americano (que produce harina Cañuelas y el Fortín, entre otras) y se ganó su lugar al ofrecer productos con valor agregado, como las harinas fortificadas, por ejemplo. Luego innovó, además, con el paquete de papel -hoy presente en un 70% del mercado-, que remplazó el de polietileno con las ventajas ambientales y de conservación del producto que esto acarreó.

Sin embargo, el tradicional mercado local poco se sacudió y sólo Molino San José -que comparte el liderazgo del mercado junto con Americano y Río Uruguay-, ha ido incorporando ciertos productos similares para venta industrial, aunque no se haya transformado en el foco de su negocio, en virtud de que no puede competir con los argentinos, según reveló una fuente de esa empresa.

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Así las cosas, Cañuelas lanzó esta semana dos nuevas harinas para el mercado masivo; una con levadura y otra con polvo para hornear, cuyo diferencial es, justamente, la practicidad del leudante incorporado y cuyo precio será superior a las comunes en función de ese ingrediente accesorio -un paquete de kilo que cuesta unos $20 valdrá unos $10 más-. Son productos que vienen en franco crecimiento en Argentina -a razón de un 100% anual desde su lanzamiento en 2006-.

Sin embargo, el consumidor uruguayo es diferente. Según consideró Gustavo Rodríguez, director de la firma investigadora de mercado Id Retail: "Los cambios en los hábitos culinarios se dan en forma muy gradual, sobre todo por el perfil de quienes hacen las preparaciones en el hogar".

No obstante, Cañuelas pretende vender 200.000 kilos de estos productos mensualmente, según confió a El Empresario el gerente general de la empresa, Ricardo Cantone. Para el ejecutivo, el cliente suele elegir la harina sin un criterio muy definido, por precio o por packaging, y eso ha sido responsabilidad de los molinos. A partir ahora, con "docencia" de por medio, como las degustaciones o acciones en puntos de venta, pretenden comenzar a cambiar los hábitos e incluso tentar a los más jóvenes a realizar preparaciones caseras que habían quedado en viejas tradiciones. "Es incomparable ese folklore que genera el particular y agradable aroma de la levadura cuando se hace una preparación", explicó Cantone.

El ejecutivo confió, asimismo, que hace algunos años ya habían lanzado harina con polvo para hornear pero la campaña que lo escoltó no fue muy agresiva y los volúmenes de ventas conseguidos no fueron importantes.

Cantone admitió también que el de la molinería es un rubro muy tradicional y en el cual los cambios son poco frecuentes, pero que de a poco los clientes se adaptan a que también este rubro se puede asociar a "la onda de los alimentos funcionales", como se observa en el mercado de los lácteos, en el que "uno ve que a cada minuto se lanza un nuevo yogur".

Complementos o competidores

Según Cantone, Cañuelas no pretende competir con los leudantes, en virtud de que en caso de producir esas harinas en Uruguay trabajarían con los proveedores locales -en principio serán traídas de Argentina-.

Sin embargo, lo cierto es que esos 200.000 kilos de harina leudante que pretende vender Cañuelas irán en detrimento de las ventas de los leudantes por separado, un rubro que, en el caso de polvo para hornear, está estable pero con una tendencia al decrecimiento, según reveló un ejecutivo vinculado al sector.

Es esperable que suban la guardia entonces las principales marcas comercializadoras de polvo para hornear, el icónico Royal -producido por Kraft- y Fleischmann, de la empresa AB Mauri, que además se lleva la mayoría del mercado de la levadura, también con la marca Fleischmann y la secundaria Terry.

Por mes, los uruguayos consumen 50.000 kilos de polvo para hornear y unos 33.000 kilos de levadura seca (que rinde por tres una vez húmeda). Según comentó Rodríguez, el consumo per cápita de de estos productos es elevado en función de que no existían harinas con leudantes incorporados -en Argentina esos productos son tradicionales y se llevan la mayoría del mercado-, al tiempo que Uruguay no cuenta con una amplia gama de bizcochuelos listos para cocinar.

Cantone confía en un modificación de las costumbres en función de que los usuarios fueron aprendiendo a que con un precio algo superior podían solucionar el tema del control de la fórmula y no desperdiciar leudantes. "El precio es mayor, pero el beneficio final también lo es", remató.

Suba de precios

Opten o no por los productos con valor agregado, los consumidores deberán pagar entre un 8% y un 12% más al comprar harina a partir del próximo lunes 15. Es que el precio internacional del trigo pasó esta semana a US$ 300 la tonelada, cuando estaba en unos US$ 222. "Eso traerá aparejado la regularización del precio de la harina", aseguró un empresario.

De las 700.000 toneladas de trigo que había disponibles el año pasado en el mercado interno, se vendieron 400.000 localmente y 300.000 al exterior. Este año la producción será mucho mayor y se llegará a las 1.300.000. Lo esperable es entonces que, pese a que habrá trigo interno disponible, los molinos locales no podrán escapar de la suba de los precios dada la creciente demanda internacional.

Con esas 400.000 toneladas de trigo, los molinos abastecen de harina a las panaderías, fábricas de pastas y distribuidores minoristas. Para éstos, el precio de la tonelada de harina es de unos US$ 450.

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