La sala de espera tiene una mini cancha de basket, mesas de ping pong y varios puff. Las paredes están recubiertas con papel de diario y la mesa es un amplio pizarrón en el que se puede escribir. Tal descripción no corresponde a una guardería o a un club de barrio, sino a la particular agencia de publicidad Señor Miyagi, revelación del último Desachate, con la conquista de un balero de oro (pieza de TV) y dos de plata (campaña de TV y promociones). En Señor Miyagi trabajan actualmente 6 personas en forma directa y, si bien existe una estructura de cargos, todos hacen todo: desde atender el teléfono hasta servir el café en las reuniones o pasar una escoba.
Karina Carcacía es la directora general de esta particular agencia y ex trabajadora del Grupo del Sur; Jorge Gregori y Gustavo Baumann son sus directores asociados (ex Albisu Publicidad y Branding, respectivamente). Durante la crisis de 2002 estos tres profesionales fueron despedidos por reducción de personal y así fue como decidieron comenzar con el proyecto. "Veníamos los tres del palo creativo, y ya nos conocíamos de la Facultad pública, lo que facilitó las cosas", comenta Gregori.
Las inversiones iniciales tuvieron un costo mínimo, básicamente de teléfono y luz. Cada uno de los miyagis -como les gusta llamarse- trabajaba desde la casa, frente a su computadora. "Los comienzos fueron muy jodidos. No teníamos ningún cliente", recuerda Carcacía mientras se lleva las manos a la cabeza, en un gesto que la transporta a aquel momento de desesperación. El primer sueldo que obtuvieron fue de $ 900 para cada uno. Aparte de ellos tres, Señor Miyagi también debía cobrar una parte para ir capitalizando la "empresa".
La confianza de sus clientes hicieron que la agencia se armara de una interesante cartera, entre los que se destacan preservativos Prime, Junta Nacional de Drogas, la cadena de ropas Urban Store, Alarmas X28, pinturas Philadelphia y Kawasaki Uruguay.
Preservativos Prime fue la cuenta del año para Miyagi, que obtuvo el reconocimiento del jurado internacional, con una idea original a un costo relativamente bajo: U$S 7.000 de producción. La idea de los miyagis es seguir trabajando igual: "Veremos cuánto dura el efecto Desachate", lanzan los socios.