Las "finanzas agénticas" designan un nuevo paradigma en el que sistemas de inteligencia artificial no se limitan a informar o recomendar, sino que actúan: comparan productos, negocian condiciones, ejecutan pagos y toman decisiones financieras de forma autónoma en nombre del usuario. Entonces, la pregunta ya no es si la IA participará de nuestras decisiones económicas, sino bajo qué reglas lo hará.
El concepto fue protagonista en el Chile Fintech Forum, el evento más grande del ecosistema financiero digital de Latinoamérica. La idea es sencilla en su formulación pero profunda en sus implicancias: un agente de inteligencia artificial podrá actuar como tu asesor financiero personal, capaz de monitorear saldos, buscar oportunidades de inversión y ejecutar transacciones sin intervención humana constante. A diferencia de la automatización tradicional que sigue reglas predeterminadas, estos agentes operan con capacidad de razonamiento propio, evalúan contextos y toman decisiones estratégicas por cuenta propia.
El impacto en el comercio digital es inmediato. Los pagos dejarán de depender de que el usuario abra una aplicación bancaria. Las finanzas agénticas permitirán que el “agente” de IA – bajo determinadas instrucciones brindadas en forma previa por el usuario - ejecute la transacción de forma directa. Esto no es el futuro, conocidas empresas de plaza ya permiten el funcionamiento de las finanzas agénticas mediante tokenización avanzada, sin exponer los datos financieros reales del usuario.
DESAFÍO LEGAL
El problema jurídico central es la atribución de responsabilidad. Cuando un agente autónomo comete un error financiero, ¿quién responde? Las IA no tienen personalidad jurídica propia, y la responsabilidad se fragmenta entre la empresa que despliega el agente, el desarrollador del modelo y el usuario que lo configuró. Se genera lo que la doctrina denomina una "responsabilidad distribuida" que los marcos legales vigentes no resuelven con claridad.
A ello se suma el problema de la validez contractual. Si un agente inicia y cierra contratos de forma independiente, los tribunales tienden a aplicar principios de representación, obligando al principal a cumplir la transacción incluso si el algoritmo cometió un error de cálculo. Esto implica que el usuario podría quedar vinculado por decisiones que no previó ni autorizó expresamente.
Existe además un vacío ante lo que podríamos llamar la "negligencia sin culpa humana". En el derecho tradicional, la culpa requiere la acción de un humano. Pero un agente de auto-aprendizaje puede tomar decisiones dañosas que no fueron instruidas ni previstas por sus creadores, generando una brecha —el denominado AI Liability Gap— donde los sistemas legales tienen dificultades para probar negligencia directa.
CONFIANZA
Para que las finanzas agénticas funcionen a escala, se requieren capas de confianza. El uso de blockchain para verificar la identidad de los agentes de IA y evaluar riesgos en tiempo real fue uno de los puntos destacados en el debate. La tokenización, los datos biométricos para autorización final y los protocolos de validación manual para montos elevados configuran un ecosistema donde la autonomía del agente convive con el control del usuario.
Los agentes deben además cumplir con regulaciones estrictas como las normas contra el lavado de activos y el conocimiento del cliente. Auditar en tiempo real la lógica de decisiones no lineales de una IA es técnicamente complejo, lo que constituye uno de los retos regulatorios más significativos.
La dirección es inequívoca: la inteligencia artificial dejará de ser una herramienta pasiva para convertirse en un actor financiero autónomo. El desafío para el derecho es construir marcos que asignen responsabilidades claras, protejan al consumidor y permitan la innovación. Quienes comprendan esta mecánica estarán mejor posicionados en el sistema financiero que emerge.