CECILIA PENA - DIRECTORA DE REPREMAR LOGISTICS

"Tenemos un espíritu inquieto"

Está casada con Pano Bogadjian y tienen tres hijos: Belén (20), Martín (18) y Tomás (14). Hace 28 años trabaja en la industria de transporte marítimo y desde 1998 está al frente de Repremar Logistics.

Pena. "Atrás de Repremar, está el nombre de nuestra familia", dijo. (Foto: Francisco Flores)

En 2015, el grupo Repremar inició un plan de expansión regional y le ofrecieron liderar el proyecto de SouthCargo, marca que hoy tiene presencia en Chile, Paraguay y Uruguay.

Durante 10 años (de 2006 a 2016) estuvo al frente de su propio negocio: María Pena, una marca que fue referente en el mercado de accesorios. Allí volcó su creatividad y creó y comercializó productos con materiales únicos.

Disfruta de practicar deportes y de la jardinería como hobbie.

¿Qué empresas integran el Grupo Repremar?

La empresa madre es Repremar Shipping, la agencia marítima. Desde ella se empezaron a abrir caminos en la industria del transporte internacional de cargas, servicios logísticos y servicios portuarios. A eso agregamos el rubro de GSA (General Sails Agents) para compañías aéreas, o sea que en el sector aeroportuario también estamos presentes. El grupo tiene Repremar Shipping, Repremar Logistics, Repremar Air Cargo, Southcargo, Talfir, Triben, Cathay Shipping Agency, Punta del Este Tender Service, ACS.

La diversificación es una característica de este grupo. ¿Cómo deciden sumar nuevos negocios?

Al ser una empresa familiar, hay una identidad y un norte muy marcado por mi padre, José Carlos Pena, que inició el negocio. Luego ingresaron mis hermanos (Germán y Fernando Pena) y más tarde me sumé yo. Cada uno buscó su lugar y —desde su personalidad y formación— aportó cosas nuevas y diferentes a la cúpula directiva. Mi hermano mayor, hoy CEO del grupo, tiene un perfil financiero y se encarga de las finanzas, los asuntos legales y las inversiones. Mi otro hermano, siempre mostró un perfil operativo y llevó adelante la empresa de estiba y nuestra participación en una de las terminales portuarias. En tanto, yo siempre tuve un perfil más comercial y más vinculado a los recursos humanos del grupo. Esos tres perfiles diferenciados hicieron que cada uno buscara dentro nuestra empresa madre diferentes oportunidades. Vale aclarar que no empezamos siendo directores, yo comencé sirviendo café y cobrando cheques en ventanilla.

Lleva 28 años en esta industria. ¿Cómo fue sumarse a un negocio que a priori es muy masculino?

Tremendamente difícil. A veces es más difícil demostrar lo que uno puede hacer y ser valorado en una empresa familiar, que en una ajena. Fue un doble desafío: personal y familiar. Quería encontrar mi lugar. En el agenciamiento marítimo, que es la industria en la que empecé, no había muchas mujeres. Hice una carrera con mucho trabajo y dedicación. La familia fue muy importante. Mi marido y mis hijos me apoyaron, entendieron y le dieron valor a que yo trabajara. Nuestra empresa es un caso bastante especial, siempre prevalecieron los vínculos familiares que son muy fuertes.

Su familia maneja otros negocios que no tienen que ver con el transporte marítimo.

Sí. Todos los directores tenemos un espíritu inquieto y siempre tratamos de buscar nuevas oportunidades de negocios. Participamos en Engel & Volkers (negocios inmobiliarios), participamos en la concesión de Kibón Avanza y Novecento. Somos socios de Costa Oriental Paraguay y tenemos joint ventures con navieras como Cosco, China Shipping y CSAV. Además estuve al frente de María Pena, una marca que fue referente en el mercado de accesorios durante 10 años ( de 2006 a 2016). Creo que la llevé a lo máximo en un momento en que no se vendían accesorios en todas partes como ahora. Crear con insumos variados y únicos me ayudaba a manejar el estrés, pero mi foco estaba puesto en el negocio familiar y decidí concentrar mis energías acá. María Pena fue un muy lindo desafío personal.

El grupo tiene más de 250 empleados. ¿En qué países está?

Tenemos oficinas en Uruguay, Brasil, Argentina, Chile , Paraguay y Perú.

¿Qué distingue a Repremar de su competencia?

La solidez de nuestra marca. Repremar es una empresa familiar uruguaya que tiene una impronta de seriedad, de solidez, de trayectoria y de valores. Nos reconocen estas características en todos los países donde estamos presentes. Con Southcargo hemos visto cómo los valores que representamos trascienden fronteras. Nos sentimos orgullosos de llevar la bandera de valores de empresa familiar.

¿A qué valores se refiere?

El trato humano con la gente que trabaja con nosotros, es algo que sigue vigente y no queremos que se pierda. El respeto por nuestros socios, proveedores y clientes está siempre presente. Hoy en nuestro rubro hay muchos agentes nuevos que si ven una oportunidad de cobrar excesivamente algo que su cliente no se dio cuenta lo hacen; nosotros no. Pensamos a largo plazo. Atrás de Repremar está el nombre de nuestra familia. Somos muy cuidadosos en cómo nos manejamos, en cómo honramos nuestros compromisos.

¿Su posición le permite rechazar clientes? ¿Lo han hecho?

Sí. Hemos rechazado negocios. Estamos certificados como Operador Económico Calificado (OEC) y lo hacemos si tenemos dudas sobre el origen de los fondos atrás de esos negocios. Además de este programa de la Dirección Nacional de Aduanas que apunta a prevenir lavado de dinero, narcotráfico, tráfico de armas, seguridad de información, también estamos certificados por normas ISO 9000.

¿Cómo capitalizan su posición en la región?

Uruguay es uno de los mercados más chicos en la región, tanto en población como volumen de negocio. Parece que todo cuesta más. Nuestra presencia regional nos permite llegar —con la misma manera de trabajar y con la misma filosofía— a mercados más grandes. De alguna manera, a pesar de ser extranjeros en esos países nos da chance de ser exitosos o, al menos, de competir.

Cecilia Pena, directora de Repremar Logistic

Cecilia Pena
De 2016 a 2017 crecimos casi un 10%, algo muy importante porque estamos en un contexto recesivo y la mayoría de nuestros colegas y competidores decrecieron"

De 2016 a 2017, Repremar Logistic creció casi un 10%

Algunas sociedades les permitieron sumar servicios...

Hicimos joint ventures con Cosco, China Shipping y CSAV. Eso es muy importante. Con Luna quieta, que es una empresa que va muy bien, hacemos servicio de tender (transporte de pasajeros desde el crucero al muelle) en Punta del Este.

Usted dirige Repremar Logistics, ¿qué servicios ofrece?

Servicio de transporte internacional de carga, almacenaje, logística y trading. Nos distinguimos por el equipo humano, los valores, la competitividad, la diversificación, la trayectoria que tenemos en nuestro mercado y las representaciones que contamos.

¿Repremar Logistics tiene experiencia en cargas no convencionales?

Sí, más allá de las cargas tradicionales (contenedores, paquetes aéreos) hicimos el transporte de la planta de Montes del Plata para su posterior montaje. También nos especializamos en el transporte de yates y embarcaciones, un negocio muy interesante que está en crecimiento. Transportamos muchos yates con destino final es Paraguay.

¿Cuánto creció en 2017?

De 2016 a 2017 crecimos casi un 10%, algo muy importante porque estamos en un contexto recesivo y la mayoría de nuestros colegas y competidores decrecieron. Fueron dos años muy difíciles donde tuvimos que hacer una reingeniería de nuestra estructura y una administración de costos muy incisiva.

¿De qué manera le afectan a su empresa las trabas comerciales con otros países?

Las trabas afectan el tráfico de Uruguay con esos países. Sin embargo, algunas trabas con Argentina o Brasil en ciertos aspectos nos favorecieron cuando los importadores de esos países prefirieron centralizar sus stocks en Uruguay y desde acá reenviar a sus países. En algunos casos nos perjudican y, en otros, nos favorecen. Está en el trabajo de la actividad privada y pública, el saber aprovechar esas oportunidades y fortalecer la empresa.

¿Cómo afecta la tecnología a su industria? ¿Qué desafíos presenta?

La llega de la tecnología tendrá impacto en todas las industrias. Impacto en los procesos de la empresa y en los puestos de trabajo.

¿Hay suficiente personal capacitado?

El mundo necesita gente preparada. Los jóvenes cada vez se perfeccionan más allá de su carrera, adquiriendo otras habilidades y competencias. Eso está perfecto, pero también hay que hablar de otras cuestiones. Entiendo que los directores, gerentes y mandos medios tenemos una enorme responsabilidad. A la vez que lideramos un equipo, también educamos. No escucho que se hable de esto. En este país se habla de cómo liderar y ser mejor líder, de cómo manejar equipos y no de educar. Uno educa incluso con el ejemplo. Así como lo hacemos con nuestros hijos, ocurre lo mismo en el trabajo. Muchos jóvenes tienen acá su primer trabajo. Aquí es donde aprenderán. Creo que tenemos una enorme responsabilidad, la de poner nuestro granito de arena en la sociedad y educar en ser ejemplo, trasmitir valores, de productividad, esfuerzo, en ser buenos compañeros, en todas esas cosas que son tan importantes.

«La actividad de agente de carga no está regulada»

¿Cómo ve a su sector? Qué desafíos le preocupan?
El gran desafío es lograr la reglamentación de nuestra actividad. Hace 20 años, en 1998, se presentó el primer proyecto de reglamentación en el Ministerio de Economía y Ministerio de Transporte, y al día de hoy, luego de varias actualizaciones, aún seguimos sin nada. En ese sentido, destaco el trabajo de la Asociación Uruguaya de Agentes de Carga (Audaca). A pesar de sí ser reconocidos por el Código aduanero Mercosur y el Código aduanero uruguayo, la actividad de agente de carga no está regulada. Somos los únicos integrantes de la cadena logística en Uruguay que no estamos reglamentados.

Otro punto que preocupa es el impacto de los aumentos de los consejos de salarios en nuestra actividad versus el valor del dólar. Nuestros ingresos son en dólares y en nuestros costos, el mayor peso es de salarios. El gobierno tendría que analizar la realidad de cada sector antes de tomar medidas y considerar todas las variables antes de dar un verticalazo. La consecuencia son cientos de puestos de trabajo que se ven afectados.

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