ENTREVISTA

Empezaron en un garage hace 40 años y crearon juegos icónicos como "El castillo encantado" y "Situación límite"

Didacta es una empresa familiar uruguaya dedicada al desarrollo de juegos de mesa.

Federico Gerwer, de Didacta.
Federico Gerwer, de Didacta.
Foto: Leonardo Mainé/ El País

En 1982 sus padres, Hugo y Cristina, crearon Didacta en la planta baja de su hogar, en el barrio Goes. Poco después, ese mismo año, nació Federico. Se crió rodeado de juegos de caja y ofició de «conejillo de indias» para varios desarrollos. Ese, cree, es uno de los principales diferenciales de la marca. «Nos encantan los juegos», afirma.

La empresa familiar, que va por su segunda generación, atravesó diferentes etapas a lo largo de las décadas: de fabricar en Uruguay a ir a China, de los juegos de mesa a sumar muñecas. Sin embargo, la pasión por el rubro es lo que se mantiene constante. Como padre de dos hijos, Gerwer disfruta de compartir instancias de juego con ellos.

Federico Gerwer, de Didacta.
Federico Gerwer, de Didacta.
Foto: Leonardo Mainé / Archivo El País

Didacta surgió como una empresa familiar. ¿Qué recuerda de sus orígenes?

La empezaron mis padres hace 40 años en el barrio Goes: era un taller abajo, donde se hacían algunos juguetes y nosotros vivíamos arriba. Es una empresa que siempre fue familiar, mi esposa también trabaja acá. Ella se encarga de la parte administrativa y yo más de la logística, trabajamos juntos la parte de diseño y desarrollo de productos. Mi padre siempre estuvo muy ávido de hacer cosas nuevas y siempre tuvo esa visión de estar atento a lo que pasaba afuera. En esa época no era como ahora, que todo lo sabés al momento, sino que los viajes, las ferias, eran lo que te nutrían un poco de hacia dónde iba el mundo. Eso hizo que la empresa empezara a tomar personajes, fue creciendo en la medida que fueron incorporándose distintos tipos de juguetes.

¿Cuál fue su primer gran éxito?

Desde que yo tengo memoria, El castillo encantado, que tiene un tablero 3D y eso era bastante particular para la época. Lo hicimos con varios personajes: de Disney, los Looney Toons, los (101) Dálmatas. Era un juego que se vendía impresionante, todas las generaciones lo tenían. De hecho, lo relanzamos porque vimos una nostalgia en las redes sociales y muchas personas se interesaban por este producto. Hoy hay una versión de zombies y una de unicornios.

¿Cómo fue evolucionando la empresa?

Tuvimos una época de ser representantes de marcas, por ejemplo tuvimos la representación de Lego y de otras firmas europeas, fuimos uno de los principales licenciatarios de Disney en Uruguay. Luego pasamos a ser únicamente fabricantes de juegos de mesa, los hacíamos en Uruguay y hoy decidimos desarrollarlos de forma local para la idiosincrasia uruguaya y latinoamericana, pero fabricamos principalmente en China porque hay más componentes, más posibilidades. Se fue haciendo difícil producir en Uruguay alrededor de 2010, los costos en pesos empezaron a subir, perdimos mercado de exportación (vendíamos a todo el continente menos a Brasil). El mercado, además, fue virando hacia Asia. Se hizo cuesta arriba. Fuimos a China y buscamos minuciosamente una fábrica que pudiera hacer nuestros productos, que los hiciera bien y a la altura de lo que queríamos. Dimos con una empresa familiar muy parecida a la nuestra y al día de hoy trabajamos con ellos, tenemos mucha confianza, el dueño vino a Uruguay, incluso. En la pandemia fue súper importante porque estuvimos tres años sin ir.

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El Castillo encantado, de Didacta, innovó con un tablero 3D.
Foto: Leonardo Mainé

¿Cómo les afectó la emergencia sanitaria en ese sentido?

Al principio el problema fue que no había fletes, todo lo que teníamos para traer nos llegó tarde para el Día del Niño. La pandemia justo se dio cuando estábamos terminando el proceso de fabricar en China, porque lo fuimos haciendo en etapas: al principio lo que hacíamos era elaborar los componentes allá y hacíamos la terminación acá. En 2020 estábamos empezando a fabricar allá; de hecho tenía un pasaje para ir en marzo y obviamente no fui. El año pasado hubo una locura en los precios de los contenedores que subieron los costos como un 1.000%. Llegamos a pagarlos a US$ 14.000 y el valor de esos juguetes era de unos US$ 50.000, entonces la incidencia era muy grande, era imposible trasladar esa suba a los precios. Apostamos igual a tener mercadería y el año pasado nos fue muy bien porque el rubro en general había traído muy poco. Crecimos alrededor de un 10%, este año viene similar al 2022.

¿Se sintió la diferencia cambiaria con Argentina?

Al comercio en general le falta movimiento, se ve mucho flujo de gente hacia Buenos Aires. No es tanto lo que se traen, porque de hecho el juguete sale más o menos lo mismo, pero uno va o Buenos Aires y consume y después cuando vuelve no gasta. Eso repercute en los negocios de acá. Al principio se veía bien en todo lo que es el litoral, pero hoy ya excedió eso y se ve a nivel país.

El primer diferencial es que a nosotros nos encantan los juguetes, no estamos acá de casualidad. Crecí con eso y desde chico trabajé en la empresa: cuando era niño ponía las fichitas en las bolsas

Como marca compiten con jugadores multinacionales que son gigantes de la industria. ¿Cuál es el diferencial de Didacta?

El primer diferencial es que a nosotros nos encantan los juguetes, no estamos acá de casualidad. Crecí con eso y desde chico trabajé en la empresa: cuando era niño ponía las fichitas en las bolsas. Eso se traslada a todos los productos que hacemos y hasta que no estamos 100% convencidos de un producto, no lo lanzamos. Eso se nota y hace que nos elijan. Al crear pensamos en cuando estamos del otro lado: yo quiero que mis hijos tengan algo lindo, algo bueno, que les dure. Además, desde hace unos años empezamos a trabajar con ilustradores uruguayos. En los últimos dos o tres años renovamos los diseños de todas las líneas y en su mayoría fueron hechos por diseñadores locales. Trabajar en China nos permite ofrecer un buen producto a un buen precio, no queremos que sea algo exclusivo al que pocos pueden acceder.

¿Qué tamaño tiene el catálogo de Didacta?

Ronda los 300 artículos. Este año incorporamos masas, muñecas, dinosaurios. Hoy un 60% de los productos son desarrollos propios, de nuestra marca Didacta y un 40% son representaciones como por ejemplo una licencia chilena de Hot Wheels. No es que fuimos achicando lo nuestro, sino que nos sumó. Eso nos hizo que podamos mantener el crecimiento. Somos solo distribuidores por mayor, no vendemos al público. Analizamos abrir una tienda oficial en Mercado Libre para tener todos nuestros productos, porque a veces nos llaman y nos preguntan por ellos y nosotros los referimos a un abanico de lugares. Puede ser positivo para la marca pero creemos que no es el momento, no queremos competir con nuestros clientes, que son las jugueterías y cadenas de supermercados.

Juegos analógicos y pantallas, opuestos y complementarios

Un cambio fuerte de los últimos 40 años fue la aparición de las pantallas. ¿Cómo les influyó a la hora de desarrollar juegos?

Lo es importante es que el juego de mesa tiene que ir acompañado, no es dárselo al niño y y listo, para que no termine siendo una frustración para el niño. Cuando uno regala un juego de mesa regala algo para compartir, para trabajar juntos, y funcionan en la medida de que haya más de una persona. Y te puedo asegurar de que al niño le gusta mucho más que vos te sientes a jugar con él a que le des un celular. Lo bueno del juego es la interacción, el jugar, el conversar, aprender a frustrarse y saber ganar. Creo que tampoco uno puede decir: «no, que mi hijo no toque un celular». Sí, obviamente tenés que tener cuidado con lo que ve, con lo que hace con el teléfono. No se puede nadar contra la corriente pero sí se puede acompañar e intentar que tengan lo mejor de cada mundo. De hecho a algunos de nuestros juegos le incorporamos la interacción con celulares. Por ejemplo, para el Quién es quién vamos a crear una opción para que puedas imprimir fotos del celular para hacer un juego personalizado.

En los últimos años se cuestionó el hecho de que los juegos tengan género, que haya de niña y de niño. ¿Se replantearon sus productos a raíz de esa postura?

Si ves el general de lo que son nuestros juegos, no tienen género. Sí está la tendencia de los zombies, del unicornio, pero no quiere decir que sea de niño o niña. Mi hijo más chico tiene como color favorito el rosa y juega a las familias con los bebotes, pero también a los ninjas. Pasa por lo que nosotros como padres le traslademos, eso es lo más importante. Tenemos una línea de granja y hay granjeros y granjeras, en los puzzles de deportes hay niños y niñas.

Federico Gerwer, de Didacta.
Federico Gerwer, de Didacta.
Foto: Leonardo Mainé / Archivo El País

¿Exportan actualmente?

Bajó mucho la exportación, representa un 10% de los ingresos pero supo ser un 30% o 35%. Tenemos un cliente desde hace muchos años en Ecuador, también estamos trabajando con Paraguay, con Argentina con una cadena de juguetería y después hacemos cosas puntuales, como alguna licencia de una marca propia. Hace unos años teníamos presencia en prácticamente todos los países de Sudamérica. Los mercados grandes como México y Brasil han sido más difíciles. Ahora con el tema del retorno de la ferias internacionales vamos a volver a exponer como lo hicimos alguna vez en la de Hong Kong, donde teníamos un pabellón propio. Eso daba sus frutos.

¿Es un negocio zafral el de ustedes?

El Día del Niño se extiende por dos meses, y Navidad y Reyes otros dos meses. La venta del resto de los ocho meses es igual al pico de cualquiera de esos dos meses. Salvo en febrero y marzo tenemos un trabajo bastante constante, pero somos una empresa zafral.

Una tendencia a nivel mundial son los juegos de caja para adultos, como el Catán. ¿Exploraron la posibilidad de incorporar un producto para ese público?

Es una tendencia que vemos y que está buena, porque se traslada: si sos un padre al que le gusta jugar seguramente vas a querer que tus hijos lo hagan. Es positivo. Es muy difícil desarrollar esos juegos para nosotros porque tenemos que lograr un volumen grande y en un país como Uruguay necesitás un producto popular, no tan de nicho. Hicimos averiguaciones y salvo el Catán, que es un caso súper particular, el resto de los productos se venden muy poco acá. Para adultos tenemos uno muy popular que es el Situación límite, pero es diferente.

En las últimas décadas las jugueterías barriales se vieron reemplazadas por cadenas o incluso supermercados. ¿Qué efecto tuvo esta tendencia en su negocio?

Las jugueterías se han visto un poco resentidas. Hace muchos años, cuando el supermercadismo incorporó otros rubros como bazar y juguetería, a varios les afectó pero todo se fue acomodando. Desde que empecé mi vida laboral eso convive en armonía. El cambio grande para mí fue con la venta por Internet, fue un cimbronazo. Es difícil ser «unirubro» hoy en día, a nosotros nos pasó lo mismo. Dentro de tu público objetivo tenés que pensar qué más busca, qué otros productos les podés vender. En las jugueterías ves que incorporaron mochilas y útiles, por ejemplo. Nosotros decidimos seguir siendo jugueteros tradicionales, pero siempre incorporamos cosas nuevas.

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