Las marcas son una creación humana, instintiva y natural, una manera de hacer más sencillo un mundo complicado. Con una marca uno sabe lo que está obteniendo, qué esperar.
Ponerle nombre a un producto -dar marca a ese producto- es una garantía de consistencia. Si le gusta lo que ha comprado, usted sabe que lo puede comprar una y otra vez. Si no le gusta lo que ha comprado, usted sabe lo que no tiene que comprar -y qué decir a sus amigos para que no lo compren tampoco-.
No debemos olvidar algo que muy a menudo no es comprendido: una marca -a diferencia del producto o servicio que identifica- vive exclusivamente en la mente de sus consumidores.
Para poder funcionar, las sociedades humanas dependen de la confianza. Las buenas marcas invitan a la confianza, ganan la confianza, honran la confianza y recompensan la confianza. Las buenas marcas cuidan sus reputaciones como si cuidaran su vida.
Cada desafío que encaramos hoy en nuestras empresas hace al establecimiento y la conservación de la confianza algo más necesario y más valioso, porque para nuestros clientes las crecientes complejidades de elección hacen crucial la necesidad de confianza. Es un futuro prometedor para las marcas que están a la altura de las circunstancias.