Entrevista

"Tras las demoliciones, todo se reúsa; el remate del San Rafael fue todo un éxito"

Con 55 años, Teófilo García está al frente de la empresa referente en demoliciones del Este; tuvo a cargo edificios emblemáticos como los hoteles Las Dunas, Playa y la casa Loma Verde; ahora afronta el desafío de hotel San Rafael

Teófilo García, director de Rellenos

Tiene 55 años. Desde 2005 vive en Maldonado y visita muy poco Montevideo, su ciudad natal. El director de Rellenos, Teófilo García, estudió Administración de Empresas, cursó un MBA en Barcelona y trabajó tres años en un banco en Argentina, hasta que decidió dejar todo y volver a Uruguay. Comenzó su negocio sin saber del rubro y, procurando cultivar un trabajo profesional y una buena atención al cliente, hoy es referente en demoliciones y excavaciones en el Este. Es responsable, entre otros, de la demolición de los hoteles Playa, Las Dunas y San Rafael, y, a pesar de la crisis del sector, asegura que logró mantener el crecimiento de la empresa. Tiene cuatro hijos varones y en sus ratos libres disfruta de navegar y andar en moto.

Creó la empresa en 2005, ¿cómo llegó al rubro construcción, en particular al negocio de las demoliciones?
Hice un MBA en Barcelona, volví, tuve tres años sabáticos hasta que fui a Buenos Aires, a trabajar en un banco mayorista, operando bonos. Era el nexo entre la mesa de dinero que manejaba bonos con el exterior, principalmente en Nueva York. Viajaba mucho, trabajaba con Lehman Brothers, First Boston, entre otros. Sobre todo iba a hablar, a reunirme, ganarme la confianza y convencerlos de que nos den negocios. Trabajé tres años ahí hasta que vi que uno se amarga, pero en realidad lo que hacía era perder o ganar dinero del banco. Como yo siempre fui un tipo de empresas -trabajé en la de mi padre (que exportaba papel fotográfico) mientras estudiaba- un día en EE.UU. me di cuenta de que no daba para más. Mientras tenía un cigarro prendido en una mano prendía otro; me hizo un «clic» y entendí que eso no era para mí. Renuncié y volví a Montevideo sin nada para hacer. Un tiempo después, un 31 de diciembre, estaba con mi padre en Punta del Este y conversando con el arquitecto argentino Horacio Ravazzani, socio de Rafael Viñoly, me dijo que iban a hacer el edifico Aqua de la parada 20 (Playa Brava). Le pregunté qué podía hacer yo y él me preguntó si hacía demoliciones. Le dije que sí, me pidió que viera el lugar y le diera un presupuesto. El 1° de enero fui, y como pensé que la única opción era implosionarlo, llamé al ejército para averiguar. Al final optaron por la no implosión.

García. A pesar de la crisis de la construcción, su empresa mantiene el crecimiento. (Foto: Ricardo Figueredo)
García. A pesar de la crisis de la construcción, su empresa mantiene el crecimiento. (Foto: Ricardo Figueredo)

¿Tenía la empresa de demoliciones?
No, lo único que tenía era una máquina que un tío mío me había dado para rellenar terrenos de los lagos del aeropuerto que eran de mi familia. Armé todo el proyecto a raíz de este primer trabajo. Tuve que asesorarme con muchas personas que entendían de esto, sobre todo con Toledo, un maquinista que maneja la grúa bola. En 2005 demolimos eso y agarramos el boom de la construcción, y desde entonces no paramos. Invierto todo lo que gano, compro muchas máquinas para poder agarrar más trabajo. Mi estrategia fue comprar usadas antes que nuevas para trabajar más. Tenía un equipo de mecánicos permanente que las arreglaban y así pude abarcar varios frentes. He demolido para el proyecto Ocean Drive, el Quartier del Mar, Selenza Village, entre otros. Fue una época bárbara de trabajo.

Comenzó con demoliciones, pero rápidamente amplió sus áreas de negocio. ¿Cuánto pesa cada una en el total?
Si, hoy hacemos caminería rural en barrios, tajamares, excavaciones, ahora acabamos de terminar en Montes del Plata una planta de tratamiento de efluentes a través de OSE. Pero lo más importante en facturación sigue siendo la parte de demoliciones y excavaciones, que representa casi un 50% del total. Somos una de las empresas más imperante de Maldonado, pero también ya salimos a otros departamentos. Por ejemplo, en Cabo Polonio hace dos años recuperamos un bañado muy grande. También hemos hecho cosas en Durazno y en Montevideo.

¿Está en los planes ampliarse a otras áreas de negocio?
La idea a futuro es ampliarnos con servicios para la construcción, como el alquiler de andamios y maquinarias, entre otros servicios.

Inicios. Creó su empresa en 2005 sin conocer mucho del rubro. (Foto: Ricardo Figueredo)
Inicios. Creó su empresa en 2005 sin conocer mucho del rubro. (Foto: Ricardo Figueredo)

¿Cómo se comporta la empresa en cuanto a facturación?
La empresa siempre dio ganancia, nunca me endeudé más de lo que podía pagar. El nuestro es un crecimiento orgánico, siempre programando las inversiones. Sé cuánto entra de dinero y yo mismo entro a Internet a ver máquinas para comprar. Las que tengo las traje de EE.UU., y es más, traía para otros. En total importé cerca de 40 máquinas en una época que se compraba muy barato. En cuanto a facturación total, todos los años crecemos, hoy estamos muy bien armados y capacitados para agarrar cualquier tipo de obra.

Su negocio está estrechamente vinculado al sector de la construcción, uno de los más golpeados en los últimos años, ¿cómo ha repercutido eso en su empresa?
La crisis se siente, lo veo en la cantidad de llamadas que recibo de personas pidiendo trabajo. También bajó la cantidad de demoliciones, pero en nuestro caso seguimos creciendo, comprando máquinas. Claramente dependemos de Argentina, que es un motor de la construcción. Hay muchos proyectos que están quietos. En nuestro caso, lo que cambió es el tipo de trabajo que estamos tomando. Ahora son menos, pero más grandes. Antes, por el boom venían escribanos, abogados y arquitectos que se hacían su casa, que necesitaban rellenos y había mucho trabajo chico, era más abierto. Hoy ya no se construyen muchas casas, entonces, el negocio pasa por predios más grandes. Así, a pesar de que el negocio se contrae, fruto del trabajo de varios años y del servicio personalizado que damos a nuestros clientes, seguimos con mucho trabajo. De acá a fin de año ya tenemos todo tomado. Soy un convencido de que el servicio es todo; yo estoy siempre conectado, contesto mensajes y llamadas todo el tiempo, soy muy activo, y eso no es común en este negocio. Me llaman para decirme que al otro día comienza un trabajo y ahí estoy, uno de ellos es el arquitecto Daniel Weiss.

Negocio. "Dependemos de Argentina que es el motor de la construcción". (Foto: Ricardo Figueredo)
Negocio. "Dependemos de Argentina que es el motor de la construcción". (Foto: Ricardo Figueredo)

¿En qué zonas está notando un mayor movimiento de la actividad?
Creció mucho para la zona de Manantiales, el Chorro, esa es la que más creció. Hoy tenemos grandes proyectos en la Brava, de la parada 5 a la 15.

Han hecho trabajos para el Estado, ¿cuál pesa más en el negocio: el sector público o el privado?
Hemos trabajado para la Intendencia de Maldonado, para organismos públicos como OSE, pero nuestro principal cliente es el privado, representa cerca de un 80% del total de facturación. Además, el privado paga un 40% por encima del público. Hacemos de todo, desde trabajos que implican solo 15 viajes para rellenar un terreno hasta hacer un barrio entero.

Concentra su negocio en Maldonado y Punta del Este, ¿no prevé incursionar en Montevideo?
En Montevideo hay gente muy profesional, tal vez más que acá, pero cuando vivía allá estaba deseando venir a trabajar acá. Hice una demolición de un edificio en Ciudad Vieja, pero hasta hoy me cuesta muchísimo ir y no tengo necesidad de trabajar allá. Acá se trabaja diferente, con más tranquilidad, la relación con el cliente es diferente.

La casa Loma Verde:. Foto: Ricardo Figueredo
Hotel Las Dunas. (Foto: Ricardo Figueredo)
Demolición Hotel San Rafael. Foto: Ricardo Figueredo

¿Cuántas personas trabajan en la empresa?
Entre 15 y 20 todo el año y es el mismo equipo desde 2005. El resto varía según los proyectos, por ejemplo, ahora que tenemos la demolición del San Rafael somos 65 personas. Ellos hacen la demolición sin que yo aparezca y siempre hacen un trabajo perfecto. Mi política es que somos socios y cuanto más libertad les doy, mejor para todos.

Además de la demolición, remata las piezas que rescata, ¿cuánto incide eso en el precio del servicio?
Cuando se hace una demolición y se da vuelta una casa, lo que queda parado, como aberturas, mesadas, piezas de baños, es de la empresa demoledora, forma parte del precio y es una forma de pago por el servicio. Eso hace que varíe el costo aunque no sea mucho. En promedio es un 8% del costo de demolición pero, por ejemplo, ahora hay una gran casa sobre la parada 20 para demoler que la entregan sin aberturas. En ese caso el presupuesto es más caro. En algún momento, cobramos lo mínimo y con la venta de las piezas ganamos más. En el caso del San Rafael y de la casa Loma Verde, el remate de las aberturas y otras piezas se hizo el domingo y fue un éxito total. En el primero, el valor que tiene es tal que se llegó a pagar un 30% más por algunas piezas con respecto a su valor de mercado. En San Rafael quedan más aberturas para sacar, solo en puertas tiene 575 y están todas perfectas. Es un negocio circular, porque se reutiliza todo lo que se demuele, los escombros sirven como relleno para otros proyectos.

De todas las demoliciones que ha hecho, ¿cuál recuerda más y por qué?
La que más me dolió fue la que hice para la construcción de la Torre One sobre la avenida Roosevelt. Tuve que tirar un gran lote de pinos y eucaliptos, casi un bosque entero, fue como una matanza de elefantes. Me dolió mucho, pero no es mi decisión si se derrumba o no, yo solo ejecuto. En el San Rafael, la dificultad que encontramos es que si bien lo bajamos rápido, tiene como una ciudad abajo que era donde dormía el personal de servicio, como lavanderas, cocineras, etcétera. Hay mucho hierro, muchos cimientos y eso lleva tiempo.

Demolición Hotel San Rafael. Foto: Ricardo Figueredo
"El San Rafael es como un auto del 40, ya no corre"
Ha demolido varias casas y edificios emblemáticos de Punta del Este, ¿el hotel San Rafael implicó un desafío especial para la empresa?
Hacer este trabajo me dolió, porque es un lugar al que yo fui de joven, pero en realidad es un edificio que se construyó hace muchos años y como tal ya no corre. Es como comprar un auto del 40. No tiene airbag, bluetooth ni alzacristales eléctricos, entre otros elementos que hoy son necesarios en los vehículos. Y el problema más grande que tiene, según los responsables del proyecto, es la altura de los techos de las habitaciones. Hoy es necesario que sean de 4 metros y en San Rafael son de 3 metros y poco, sin el sobretecho para ductos de servicios como iluminación o aire acondicionado. Esto hace que sea una gran limitante para reconstruirlo. El resto, como por ejemplo la fachada, está bien, no hay problema, pero eso es imposible. Como empresa, el único desafío es la altura, no había demolido algo tan alto, por lo cual ahí lo resolveremos juntando el escombro que generemos para hacer una gran platea y así llegar con nuestras máquinas hasta arriba.
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