En la industria biotecnológica estadounidense, varios desarrollos han pasado por la mente y las manos de una uruguaya, «hija de la escuela pública» —como se define a sí misma—.
Silvina García Rubio nació en Montevideo, pero se crió a 60 kilómetros de allí, en Santa Lucía, Canelones, donde desde niña estuvo rodeada de ciencia y medicina. Su abuela era la farmacéutica del pueblo y sus padres, médicos. Quizás esa historia familiar la impulsó a estudiar Química Farmacéutica en la Universidad de la República, formación que la llevó a recorrer varios países, participar en innovaciones farmacéuticas y ser hoy vicepresidenta del área de Química, Fabricación y Controles en la biotecnológica estadounidense Formation Bio.
En la empresa utilizan inteligencia artificial (IA) para el desarrollo de ensayos clínicos. Allí la científica encontró «la sensación de ser invencible y de que todo es posible», contó a El Empresario desde Nueva Jersey, donde reside.
Amor y migración
Al finalizar su carrera en Montevideo, García Rubio se presentó a becas para doctorados en el exterior y, con el apoyo del Instituto Iberoamericano de Cooperación, se fue a Barcelona en 1998.
Allí conoció a un catalán, que hoy es su esposo. Tras culminar sus estudios, ambos decidieron emigrar a Estados Unidos para cursar un posdoctorado. Llegaron a la Universidad de Cornell, en el norte del estado de Nueva York, y García Rubio se postuló a un programa de becas de la Fundación Pew, que apoya a 10 investigadores latinoamericanos por año.
La pareja no pensaba quedarse en EE.UU. más de dos o tres años, pero ya lleva casi 30.
El área que siempre atrajo a la científica era la de los laboratorios de empresas, por lo que se presentó a varias entrevistas laborales. Así consiguió un empleo en una organización de investigación por contrato, donde trabajó en química para la manufactura de ingredientes activos destinados a proyectos de fármacos «candidatos» a salir al mercado. Tiempo después, su esposo aceptó un trabajo en una big pharma en Nueva Jersey y la pareja, junto a su hijo, se mudó a ese estado.
Carrera en «Pharma»
Pasó poco tiempo hasta que García Rubio empezó a recibir ofertas laborales y tomó «la más arriesgada», en una biotech de 14 personas con «onda de startup».
Era Sapphire Therapeutics, donde inició su camino en biotecnología y vivió «una excelente experiencia», recordó.
Cuando la firma fue vendida a la suiza Helsinn Therapeutics —especializada en cuidados paliativos para pacientes oncológicos—, comenzó a viajar con frecuencia por trabajo. Gracias a su labor y en colaboración con una farmacéutica de Japón, lograron lanzar al mercado un fármaco para tratar las náuseas y los vómitos inducidos por la quimioterapia.
Su trayectoria en Helsinn apuntaló su crecimiento profesional. Allí lideró un proyecto global de discovery en varios países, incluidos Suiza y China.
Fue una etapa de mucho aprendizaje, pero los viajes de trabajo y la vida familiar con un hijo pequeño se hicieron difíciles de compaginar. Por eso, renunció y se unió a
Veloxis Pharmaceuticals, una empresa enfocada en desarrollar una terapia para prevenir el rechazo de órganos tras un trasplante. García Rubio participó en el desarrollo y la aprobación de un medicamento utilizado con ese fin en pacientes que recibieron un riñón, hígado, corazón o pulmón.
Luego de tres años, se incorporó a Bridge Medicines para analizar qué ideas de investigadores de prestigiosas instituciones como la Universidad Rockefeller, la Universidad de Cornell y el instituto Memorial Sloan Kettering podían convertirse en fármacos.
Ya en 2020, le propusieron encargarse del área de química de una compañía en California llamada Crinetics Pharmaceuticals. Fue a la entrevista el mismo día en que se decretó la emergencia por covid-19 y, tras aceptar el puesto, debió liderar un equipo de 23 personas que durante un año y medio trabajó a distancia en soluciones para enfermedades endocrinológicas raras.
Tras una larga trayectoria y con la necesidad de estar más cerca de su hijo, hoy universitario, en 2023 se incorporó a Formation Bio. Hoy viaja en tren al laboratorio en Nueva York y disfruta de la ciencia y de su familia, como al inicio de su historia en Santa Lucía. Con Uruguay mantiene sus raíces: viaja asiduamente, forma parte del board de la fundación educativa Reaching U y en el Institut Pasteur implementó un premio a la mejor tesis doctoral en honor a sus padres.