Frente a mayores exigencias de productividad, control de costos y sostenibilidad, la industrialización de la construcción emerge como una de las principales transformaciones del sector a nivel global. En Uruguay, esa tendencia comienza a consolidarse mediante sistemas de hormigón premoldeado.
Schmidt, empresa pionera en la implementación del sistema de hormigón premoldeado en el país, impulsa un modelo constructivo basado en procesos industrializados, fabricación off-site y optimización estructural, alineado con las nuevas demandas de infraestructura moderna, una forma de construir más industrializada, tecnológica y sustentable.
A diferencia del modelo tradicional, donde gran parte del proceso ocurre directamente en obra y depende de factores climáticos, tiempos variables y múltiples interferencias operativas, Schmidt desarrolla un sistema basado en elementos premoldeados de hormigón fabricados en planta, con altos estándares de calidad, precisión y trazabilidad.
«Hoy, el desafío, para poder aumentar la construcción de infraestructura, ya no es conseguir más financiamiento, sino cómo construir la misma de forma más eficiente, con mayor previsibilidad, mejor calidad y menos impacto ambiental», afirmó Oscar Schmidt, director general de la compañía.
ETAPAS
En el caso del hormigón premoldeado, una parte del trabajo se realiza antes de llegar a la obra. Mientras avanzan los movimientos de suelo y trabajos preliminares, los componentes estructurales ya pueden estar siendo fabricados en planta, permitiendo que distintas etapas se desarrollen en paralelo. “Cuando un porcentaje importante del proyecto se traslada a ser construido en un entorno industrial, la obra deja de depender de muchas de las variables de la construcción tradicional. Esto permite reducir la incertidumbre, mejorar los plazos y ganar previsibilidad», explicó Schmidt.
Según estimaciones de la compañía, dependiendo del grado de industrialización del proyecto, los tiempos de obra pueden reducirse entre un 25% y un 60% frente a sistemas tradicionales.
La industrialización también permite reducir retrabajos, minimizar desperdicios, disminuir interferencias operativas y generar menos impacto sobre el entorno durante la ejecución de la obra. En proyectos de infraestructura de gran escala, como viaductos, puentes, túneles o estructuras industriales, estos factores son muy relevantes.
Además de la eficiencia operativa, el sistema aporta mejoras desde el punto de vista ambiental. A diferencia de la construcción tradicional, el hormigón premoldeado permite optimizar los materiales y desarrollar estructuras más eficientes, utilizando menos volumen de hormigón y acero para resolver las mismas necesidades estructurales.
INNOVACIÓN
La fabricación en planta también permite reducir significativamente los desperdicios de materiales, encofrados y retrabajos, mejorando el aprovechamiento de los recursos y disminuyendo el impacto asociado a la obra tradicional.
«El gran cambio es entender que sostenibilidad no es solo el tipo de material en sí mismo, sino en cuánto se utiliza, cuánto se desperdicia, cuánto dura una obra y el impacto que genera durante su ejecución», dijo Schmidt.
En paralelo, la empresa avanza hacia el desarrollo de los llamados «hormigones verdes», formulaciones que reducen el contenido de clinker, responsable principal del CO2, buscando nuevas tecnologías y materiales alternativos. Dependiendo de la solución aplicada, estas innovaciones permiten reducir de forma significativa las emisiones de dióxido de carbono asociadas al hormigón.
Con una planta industrial equipada con tecnología de nivel internacional con capacidad para producir 20.000 m³ de hormigón al año, o su equivalente a 50.000 toneladas, Schmidt apuesta a consolidar en Uruguay un modelo constructivo alineado con las nuevas exigencias globales de infraestructura: mayor eficiencia, industrialización, previsibilidad y sostenibilidad.