Ahora hay que cumplir

OIT, SINDICATOS Y NEGOCIACIÓN COLECTIVA

NELSON LARRAÑAGA / FERRERE ABOGADOS

La OIT nos observó dos veces. En 2010 nos dijo que siete artículos de la ley de negociación colectiva, contradecían convenios internacionales. Pidió al Gobierno que modificara la ley. La ley sigue igual. En 2011, la OIT enfatizó que "tiene la firme esperanza que en consulta con los interlocutores sociales, se pondrá la legislación en plena conformidad con el Convenio". Por si alguien no comprende, el mensaje al Gobierno es que el tiempo se terminó.

Es notorio que persisten las resistencias Sindicales a modificar la normativa en puntos clave. El PIT no asume lo que observa la Organización Internacional del Trabajo de Naciones Unidas.

Los empresarios piden ajustar la ley a lo que dijo la OIT y además, regular la huelga. Es de esperar que presenten proyectos concretos.

El Gobierno prometió convocar un ámbito tripartito. Y todavía no pasó nada.

La oposición mira desde afuera este tema y no se ocupa.

Como están las cosas, faltando dos meses para que venga la OIT, la historia del 2008 puede repetirse. Avizoramos con pesar que será muy difícil alcanzar un acuerdo razonable en tan mínimo lapso. El Gobierno, muy probablemente, terminará por enviar un proyecto de ley con el mero fin de evitar una tercera observación.

LEJANA MODERNIDAD

Pese al fracaso en la OIT, el Gobierno expresó que el frustrado acuerdo fue un avance histórico para modernizar las relaciones laborales. Sea o no sea así, creemos que este empuje modernista debe comprender también los otros temas vinculados que el Uruguay tiene pendientes. No existen reglas claras para los sindicatos, la huelga y la solución de conflictos. Prevalece el "vale todo" sindical ante la tolerancia cómplice del Gobierno. A pesar de la bonanza económica, nadie entiende bien, salvo que se consideren las diversas "internas" ideológicas y políticas, porque hay picos de conflictividad dura, con ocupaciones, piquetes y huelgas abusivas.

Tampoco se comprende que no haya un acuerdo social básico, que coloque a las relaciones laborales como un tema estratégico del país. España sigue dando el ejemplo de que esto es posible. A pesar de su honda crisis económica y tras una huelga general, el Gobierno y los actores sociales firmaron un acuerdo marco para salir de la misma. Nosotros seguimos divididos en un ambiente de prosperidad y de embalado consumismo.

Ante el asombro de uruguayos y extranjeros, el aeropuerto estuvo con piquetes intermitentes, sin que el Gobierno apareciera en escena. Y el año pasado también perjudicaron el trabajo en el puerto. Estos líos desorbitados proyectan una vergonzosa imagen del país que se precia internacionalmente de su civilidad y capacidad de resolución de conflictos. Nuestra sociedad está padeciendo en varios ámbitos una enfermiza división ideológica que no nos permite avanzar al ritmo que la economía autoriza y las mayorías necesitan. Y lo laboral no es ajeno. La perimida "lucha de clases" sindical destruye cualquier modelo duradero de cooperación y trabajo en equipo con los empresarios.

LA CENTRAL DIVIDIDA

El PIT-CNT está dividido. Los que negociaron en la OIT llegaron a un preacuerdo que no fue aprobado por la Central. La primera fricción fue la cláusula de paz. Es decir que, si trabajadores y empresarios llegan a un acuerdo, eso no le garantiza a la empresa la estabilidad mínima. Los que se oponen entienden que limita la huelga y las medidas de "las bases". Llama la atención este disenso. La ley estableció una cláusula de paz que no fue observada por la OIT. El 60% de los últimos convenios contienen cláusulas de paz alineadas a la ley. Los sindicatos de rama que están representados en la Central la han aceptado, por lo que no se entiende la persistente oposición de los que presumen defender a "las bases".

El segundo roce sindical es la vigencia de los convenios colectivos luego de extinguido su plazo. La ley establece que, salvo acuerdo de partes, el convenio extinguido permanece vigente hasta que lo sustituya otro. La OIT afirmó que la duración de los convenios es un tema que resuelven las partes y no la ley. Varios convenios firmados en reciente fecha tienen cláusulas de extinción automática. Tampoco se entiende este desacuerdo. No parece razonable que sean eternos los beneficios de un convenio a plazo, firmado con una coyuntura determinada. Así, ningún empresario va a estar dispuesto a convenir, lo que juega contra los intereses de la fuerza laboral.

ACORDAR ES POSIBLE

La impresión que queda es que a la Central le cuesta muchísimo firmar un acuerdo marco con los empresarios. Alguna vez, un dirigente dijo que ni en foto quiere aparecer junto a ellos. Y así estamos, ni siquiera con viento a favor navegamos con rumbo cierto. Es penoso que se sigan perdiendo oportunidades y que se haga repetitivo reclamar la estabilización de las relaciones laborales a partir de reglas básicas acordadas. Los avances duraderos son los que se construyen desde la racionalidad de las conveniencias mutuas. Así se generaría un clima de confianza basada en hechos. Si no se levanta la mira, el pantano laboral va a ir ahogando iniciativas. Recordemos que el clima laboral incide cada vez más en la decisión de invertir. Las que hoy están llegando, mañana pueden faltar. Es hora de cumplir.

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