JULIO PREVE FOLLE
Después de todo lo que se ha escrito sobre la crisis mundial parecería que hay poco más que decir y en todo caso solo resta esperar, esperar y esperar. No obstante, me parece que caben algunas reflexiones que bien se pueden resumir en el título, que evoca una memorable saga del cine americano.
LOS ANTECEDENTES. Las cosas empezaron cuando algunas instituciones financieras, confiando en demasía en la economía americana, empezaron a prestar para vivienda, con garantías de dudosa calidad, constituidas por hipotecas sobrevaluadas y para sujetos de crédito de capacidad de repago muy dudosa. Estas hipotecas securitizadas fueron convertidas en activos financieros demandados por inversores bursátiles, cuya demanda amplificó la oferta de créditos para vivienda, hasta que el viento cambió. Bastó que quedara claro que los que tomaron aquellos créditos tendrían dificultades para pagarlos, para que los tenedores de los activos financieros correspondientes a aquellas operaciones, empezaran a querer salir de ellos. La profecía auto cumplida precipita así a las bolsas, y ante el temor de una recesión en los países grandes, el público y los bancos de estos países empiezan a adoptar conductas que acentúan el peligro: procuran estar líquidos, vuelven caro el crédito por miedo y para mantener liquidez todos postergan gastos, inversiones, etc. En definitiva, el miedo a la parálisis paradójicamente lo paraliza todo.
EN LO AGROPECUARIO. Esta huida de los activos financieros llega también a los fondos de inversión con posiciones en actividades vinculadas a la producción primaria. La liquidación de sus posiciones hace temer también a los operadores de commodities, y todo se convierte en un remate a la baja en busca urgente de liquidez, tanto de papeles como de activos físicos. Todo parece envuelto en un nerviosismo imprevisible, en el que los que mantengan la serenidad harán mucha plata.
El 15 de septiembre de este año, por citar algo muy cercano en el tiempo, se divulgó el mejor trabajo de perspectivas alimentarias que he leído en años, disponible en Internet (1), y que recomiendo a los iniciados. Se titula "La Demanda de alimentos 2005-2010: una oportunidad para la Argentina", y su autor es el economista Juan Llach, una cabeza formidable al frente de un equipo universitario de primera. Este largo y exhaustivo trabajo de investigación, que no tiene mucho más de un mes, analiza el conjunto de circunstancias en el mundo que hacen pensar a sus autores en un futuro extraordinario para la producción de alimentos. Apenas una semana después todo parece caerse. No puede ser así. No es que yo quiera infundir buen ánimo en forma gratuita. Pero la verdad es que los fundamentos de la expansión de los precios se mantiene, a excepción claro está del clima de desconfianza que lleva a la parálisis. Pero ésta no es razonable que se mantenga eternamente; la pena es no saber cuánto puede durar para poder contarlo. Pero parece difícil imaginar a las potencias mundiales inyectando liquidez y apelando a medidas heterodoxas, sin que más acá o más allá puedan convencer a su gente que la tormenta ha pasado.
PROYECCIONES. El crecimiento del consumo de alimentos esperado de China y el Lejano Oriente, que explican más de la mitad del crecimiento del PIB mundial, determinado por la urbanización, por el cambio en las pautas de consumo, no tienen por qué desaparecer. Las dos terceras partes de la población mundial, en África, América Latina y Asia, venían aumentando rápidamente sus ingresos desde niveles muy bajos, y aunque esto podría cambiar, más bien parece que podría tratarse de efectos transitorios. Estas afirmaciones, basadas en buenos estudios cuantitativos que recomiendo a los que les gusta el tema, les llevaba a concluir a estos investigadores que entre 2005 y 2020, por la mayor participación en especial de las economías emergentes, el consumo crecería el 93,3% en carne vacuna; entre el 85,7% y el 87,9% en pollo; 88,5% en leche; 88,9% en trigo; 94,5% en maíz; entre el 95,3% y 97,4% en soja; 71% en girasol; 98,8% en frutas de pepitas; y 84,2% en frutas cítricas. Todo lo cual les permitía visualizar un futuro increíble para los productores de alimentos. Aún más, los autores incluyen estudios de relaciones de precios de largo plazo entre, por ejemplo, un notebook y otros productos modernos, con la tonelada de soja, para concluir en su crítica final a las ideas de Raúl Prebisch y todo el tema del deterioro de los términos de intercambio, destacando un cambio favorable a la producción de materias primas intensivas en tecnología como la mayor parte de los granos y las carnes de hoy. Yo a estos elementos favorables le sumo uno que me hace mucha fuerza que es la muy baja disponibilidad de stocks de prácticamente todos los commodities en el mundo, así como un disciplinamiento mayor del comercio; aunque esto algo abollado por las postergaciones de cierre de la Ronda de Doha.
¿DÓNDE ESTÁ EL PILOTO? El momento es muy duro y grandes esfuerzos se están realizando lejos de aquí por ahora. La batalla de las economías grandes procura lograr insuflar una confianza que -esperamos- al final lograrán trasmitir. Pero en nuestro país, donde deberíamos al menos seguir con una muy cuidadosa y profesional atención lo que pasa, ¿en qué está el gobierno? Yo creo que no debe haber peor momento para no tener conducción del Banco Central que éste. La autoridad en la materia no se constituye, y el gobierno se debate en precisiones políticas acerca de la integración de un organismo que quizás esté llegando hoy a otra hora clave. No puede ser que se estén discutiendo en un momento como el actual, posiciones de política menor sobre el directorio del BCU. No hay derecho. Por otra parte, una buena fracción del gobierno ya se enzarza en un entrevero reeleccionista del que todos quedaremos presos. En definitiva, entre discusiones sobre quién es más frentista, y devaneos reeleccionistas, claramente si aparece una tormenta no hay piloto. Con malas relaciones internacionales, con ministros profesionalmente poco conocidos, sin BCU, la verdad que no es este el modo más responsable de hacer frente a la crisis mundial. Vienen momentos en los que a lo mejor hay que modificar reglas prudenciales de los bancos, o nuevas normas para los depósitos, o para el manejo de las reservas, o del endeudamiento, o cambios en la estrategia comercial agrícola y hasta en la política energética, y la verdad que no encuentro elementos para esperar muy tranquilo. Es el momento del máximo respeto por las reglas, con una fuerte presencia hoy inexistente del regulador, que ya se ve que cuando se integre será inevitablemente débil.
En definitiva, hemos de confiar en que todo pasará porque hay fundamentos para que ocurra, aunque no sabemos cuánto puede durar esta tormenta. Pero lo que resulta inadmisible es que en el momento de mayor necesidad de conducción bancocentralista, las autoridades disputen por temas que deberían dejarse con grandeza para otro momento. Confío en que cuando este artículo vea la luz, extraordinarios profesionales como el país posee, precisamente como el que fue recusado, se hayan hecho cargo de una situación que demanda como nunca la mayor profesionalidad.
(1) En www.producirconservando.org.ar