Uso y abuso del shock positivo

JAVIER DE HAEDO

Hace dos semanas me referí, desde esta página, al proceso de cambio de escenario externo en que nos encontramos, desde un período excepcionalmente positivo (2003-2007) hacia uno menos favorable, con un mundo que comenzará a abaratarse en términos de dólares. En la medida en que el desempeño de nuestra economía está muy ligado a la evolución (tendencia y nivel) de los precios en dólares en el resto del mundo (regional y extra regional), esto no es una buena noticia.

Se puede afirmar que está concluyendo una etapa en la cual el mundo nos generó un shock positivo muy importante y que tarde o temprano habrá de comenzar una etapa en la que el mundo nos producirá un shock negativo.

En teoría, y con un criterio conservador y precautorio, todo shock positivo debería ser asumido como transitorio. Con el mismo criterio, todo shock negativo debería considerarse permanente. En ambos casos, se trata de la decisión que minimiza el riesgo de error de diagnóstico.

En la realidad, al párrafo anterior se le debe introducir un razonable matiz: es conveniente discernir, ante cada situación de shock, de cualquier signo, los aspectos permanentes y transitorios que puedan tener, ya que no es evidente que todo shock sólo tenga características de un solo tipo.

Yendo a nuestra realidad reciente, máxime viniendo desde la crisis que se venía, y en un contexto como el vivido desde 2003, no resultaba ni razonable ni realista asumir que el 100% de lo muy bueno que nos venía desde afuera era transitorio. Sobre todo cuando se debía reconocer que una parte no menor de todo eso muy bueno, se originaba en cambios estructurales a nivel mundial, como sin dudas lo es el proceso de urbanización de sociedades como la china y otras asiáticas.

Del mismo modo cabe preguntarse cuánto de permanente y de transitorio tiene el extraordinario aumento del precio del petróleo o el proceso de debilitamiento del dólar. ¿Es previsible pensar en un barril a US$ 28,90 como el que hubo en el promedio de 2003? ¿O en una paridad de 0,95 dólares por euro, como en el promedio de 2002?

No aprovechar ese contexto extraordinario para ir reduciendo las vulnerabilidades sociales heredadas del pasado, de modo de ir abatiéndolas en forma simultánea a las fiscales y financieras no hubiera tenido fundamento.

No obstante, da la impresión de que en nuestro país, en la medida en que el tiempo fue transcurriendo, y especialmente desde cierto punto de 2006, cuando se diseñó la Ley de Rendición de Cuentas que entraría a regir en 2007, se hizo bastante más que eso y se empezaron a consumir los extraordinarios márgenes que el mundo nos daba. En los dos primeros años del actual gobierno se actuó con ponderación y se utilizaron razonable y parcialmente esos márgenes. Así, por ejemplo, en 2006, y ante una crisis energética aún más seria que la actual, el Gobierno Central pudo generar los excedentes financieros que permitieron no subir las tarifas eléctricas y compensar el mayor déficit financiero de la UTE.

Notoriamente desde 2007, el gasto público (primario del sector público no financiero) comenzó a levantar vuelo y a subir a tasas inconsistentes con las proyectadas para el crecimiento del PIB nominal. Desde 2007, el gasto sube bastante más que a la tasa de crecimiento del producto de tendencia (en el orden de 5% anual) más la tasa programada para el crecimiento de los precios (también en el eje de 5%). Y si ex post el gasto no termina subiendo significativamente como proporción del PIB es por dos razones: primero, porque el producto sube, excepcionalmente, más de lo previsto, y segundo, porque la inflación supera en tres puntos porcentuales a la programada, con lo que ayuda a licuar el gasto real, resultando funcional a las finanzas públicas.

El cambio de escenario externo con relación al que se consideró como básico cuando se diseñó el presupuesto quinquenal, en 2005, fue de tal magnitud que explica los enormes desvíos entre el escenario macroeconómico previsto entonces por los técnicos del MEF para los cinco años y la realidad transcurrida desde entonces. Y no fue porque mis colegas de Paraguay y Colonia no sepan de economía, ciertamente, sino porque la realidad fue tan extraordinaria que nadie la hubiera soñado en 2005. Veamos algunos números al respecto.

En el caso del PIB, se estimaba un crecimiento acumulado de 20,5% en el quinquenio. Bien se podía pensar que se trataba de una proyección conservadora en la medida en que aún se estaba por debajo de los máximos históricos registrados en 1998, pero resultaba igualmente cierto que tras la crisis ya se había registrado un considerable rebote. Considerando lo observado hasta el presente y las proyecciones que surgen de la encuesta de expectativas económicas del BCU de julio (medianas), se llegaría a un crecimiento económico de 37,5% en el conjunto de los cinco años. Y se llegaría a 2009 con el producto casi 7% por encima del nivel de la tendencia de largo plazo.

En el caso del tipo de cambio, para el promedio de 2009 se esperaba por el MEF en 2005, un nivel de $ 26,42, con una reducción de 8% con respecto al promedio de 2004. La semisuma de los valores esperados en la encuesta de expectativas de julio para los finales de 2008 y 2009, da un nivel de $ 19,25, un 33% por debajo del nivel de 2004.

En cuanto al IPC, se proyectó para 2009 una tasa media anual de 4%. Sin embargo, en la Ley de Rendición de Cuentas en trámite de aprobación, se trabajó con un supuesto de 6,7% para el año próximo, y de la encuesta de expectativas de inflación del BCU de julio, surge un nivel mayor a 7%.

Es decir que el mundo nos dio un nivel de actividad muy superior al previsto, con un crecimiento de casi el doble del esperado sólo tres años atrás, y nos dio también una inflación en dólares considerable que nos enfrentó a un mundo con un ingreso en dólares mucho mayor al previsto y con una tasa de interés real relevante considerablemente menor a la esperada. Ya sea por el mayor nivel de ingreso en dólares en el resto del mundo, ya sea por la menor tasa de interés real relevante, hay razones muy fuertes para explicar el extraordinario e imprevisto crecimiento de nuestro PIB.

Mientras tanto, ¿de qué modo se tradujo esa situación en materia de finanzas públicas?

En 2005 se proyectaba, para 2009, ingresos por 29,9% del producto y gastos primarios por 25,7% del PIB; los intereses se estimaban en 4,4% del producto y el resultado fiscal global, en un déficit de 0,4% del PIB. En la Ley de Rendición de Cuentas a estudio del Parlamento, los ingresos previstos para 2009 se ubican en 30,5% del producto y los gastos primarios en 27,5% del PIB; los intereses se proyectan en 3,4% del producto y el resultado fiscal, igual que se estimaba en 2005, en un déficit de 0,4% del PIB.

Es decir que ahora se esperan mayores ingresos por 0,6% del producto y menos pagos de intereses por 1,0% del PIB y todo ese "espacio fiscal adicional" se gastará.

Pero esas magnitudes subestiman el desvío respecto a lo presupuestado, en la medida en que se refieren a un producto considerablemente mayor al previsto en 2005 para 2009. En términos del PIB previsto en 2005 para 2009, los ingresos públicos habrán de subir en 4,0 puntos porcentuales mientras que el gasto primario habrá de aumentar en 4,9 puntos.

Otra forma de percibir el grado extremo en que se ha usado el shock externo positivo recibido en los últimos años, consiste en corregir la cifra de gasto primario por el desvío existente entre el producto observado y el de la tendencia de largo plazo. Como vimos antes, dicho desvío se puede estimar en 2009 en casi 7%.

Por lo tanto, si al gasto primario lo comparamos con el PIB de la tendencia, se llega a un monto de gasto primario de 29,4% del producto. Lo que dejaría un superávit primario, el año próximo, ajustado por el ciclo, de apenas 1,1% del PIB. Con la cuenta prevista de intereses, de 3,4% del producto, se llegaría a un déficit global, ajustado por el ciclo, de 2,3% del producto.

Se podría dar un paso adicional en el razonamiento, ajustando la cuenta de intereses por el tipo de cambio real, asumiendo que en el previsible nuevo contexto internacional, el dólar resultará fortalecido. Estimo que el mayor costo de intereses por esta razón podría llegar a ser del orden de 0,6% del PIB.

Bien leídos los números, en 2009 estaremos en un déficit fiscal global, ajustado por el ciclo y por tipo de cambio real, muy próximo al 3% del producto. Por lo que no sólo se ha usado razonablemente el muy favorable contexto externo que hemos estado enfrentando, como ocurrió en la primera mitad de este período de gobierno, sino que se ha abusado de él. Como siempre ocurre, llegará el momento de pagar la cuenta.

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