Uruguay en la región: ¿qué hicimos bien?, ¿qué hicimos mal?

En Uruguay, primero el Estado, luego el statu-quo, luego la manía recaudatoria, la “magia” de quedarse con más y más recursos de los ciudadanos, que es todo un arte.

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En una entrevista en un medio de Argentina[1], nos preguntaban, ¿qué hicieron bien y qué mal, ustedes, en los años ´90?, cuando ambos países seguimos políticas similares y luego divergieron. Hoy, Uruguay, se presenta como país estable, Argentina, en un proceso de transformaciones, con futuro incierto[2].

Los “viejos tiempos”

¿Que hicimos mejor?: el primer gobierno del Frente Amplio, se animó a hacer reformas audaces (tributaria, de la salud), se mantuvieron los equilibrios macro, sin fanatismos suicidas, que impidieran cumplir objetivos prioritarios. Se mantuvo la libertad de capitales y monedas, se consolidaron las AFAP, se revitalizó la promoción de inversiones, se mantuvieron las zonas francas, la ley forestal, las leyes de puertos y aeropuertos libres, los avances en las leyes de seguros y puertos y en otros mercados, como la telefonía móvil y la generación energética (únicas áreas relevantes de liberalización real).

A todo ello contribuyeron la reforma de la matriz energética y la ley de participación público privada.
Se instalaron empresas extranjeras de Francia, España, Finlandia, Japón, USA, etc. y con ello se expandió la IED a un ritmo poco visto y se alcanzaron valores del 4,5% del PIB.

Fin del cuento de hadas

Los términos de intercambio, también aportaron lo suyo y todo duró hasta los últimos años de la pasada década, cuando la economía se debilitó, el país se hizo menos competitivo, nos descansamos en ciertos logros y una estabilidad que daba “tranquilidad”, y, volvimos al apego al statu-quo, sin cambios, sin riesgos, pero algunos se imponían hacía décadas.

Antes de la Pandemia ya estábamos en problemas, la economía estaba anémica, nos hicimos más y más caros y no nos “importó”. Valoramos la inflación, a menos de un digito, luego a menos de 6-7% y siguió, luego poco más de 3-4%. No hay almuerzo gratis y hay “trade-off”, no tan directo, pero real, que no se puede soslayar y más allá de la picardía de los “fundamentos”, una excusa perfecta.

Una baja obsesiva de la inflación a niveles históricos (cerca del 3%), a impulso del fanatismo de algunos colegas y expertos banco-centralistas. Un soneto que suena bien: 1º. Independencia de la autoridad monetaria a como dé lugar, 2º. Baja de inflación a niveles de clase mundial, aunque nunca aseguró el crecimiento a país alguno, 3º. Disposición de hacer pagar a la sociedad los costos a cambio de un esfuerzo más para su propio “record”. Estos desafíos van más allá de si la sociedad se los está pidiendo, que, por lo demás, “sería lo de menos”.

Llegamos a ser uno de los países más caros de la región y en el grupo selecto de los más caros del Mundo (ellos con servicios e infraestructura que nos queda grande).

La IED cayó a niveles dramáticos, varias empresas abandonaron proyectos y operaciones en el pais, pero, seguimos siendo poco competitivos. La IED cayó a niveles del 1%, incluso valores virtualmente negativos a comienzos de la década.

Industria pujante e industria declinante

Uruguay, país dominado por corporaciones y reparto de chacras, el Estado con un gran poder de fuego, sectores monopólicos y oligopólicos varios (combustibles, transporte, unos cuantos servicios públicos, sector financiero), no es la Suiza de América.

A su vez, la dinámica perversa de la “minería recaudatoria”, esa aversión a bajar impuestos, tarifas, evitar abusar del usuario con precios, tasas, multas, moras e intereses de locura, para sostener actividades del Estado y más allá de cómo lo percibe el contribuyente y lo que recibe a cambio[3].

Ese mundo sí es pujante y agrego un caso de estudio: una Mega Reforma, instituciones financieras que cobran intereses (incluso a los más vulnerables), 30, 40 y 50 veces más que el riesgo país, resulta chocante y merece una revisión a fondo. Lo saben, pero, ¿se animarán a hacerlo en serio?

Tenía esperanza en el Intendente Mario Bergara, aunque, cada tanto, se empeña en contradecirme. Creo en su capacidad de lectura del juego. Lo demostró hace pocos días poniéndose al hombro el interés de los montevideanos y enfrentando a un ejército de orcos fanáticos atormentados por asesores con interés en inundarnos de buses y corredores y con una frutilla de la torta “especial”, un túnel para buses, que iba a ser único en el “Mundo Mundial”.

Sin embargo, en ocasiones, se comporta como un contador voraz. La IM no tiene problemas de recaudación, tiene otros problemas muy graves[4].

Priorizar los números macro de la Intendencia de Montevideo, no hacer reestructura interna, de gastos y funciones, pergeñar nuevos impuestos, aumentar las zonas de estacionamiento tarifado, trabar el pago de patente como antes, no reconfigurar el sistema de multas, desligándolo del cobro de remuneraciones, no es pensar en la gente, lamentablemente. Ojalá reaccione.

El Intendente ¿puede hacer la diferencia?

Mario Bergara viene de dos experiencias como regulador (BCU, URSEC) en las que tuvo aciertos y errores, y, no soy de los enamorados del papel que han jugado las unidades reguladoras en Uruguay, no por su culpa, es una cultura política que mandata hacer lo que se puede, y, jugar al heroico independiente del gobiernos y entes regulados, no estamos acostumbrados. Mejoraron el entorno del mercado, pero muy a la uruguaya, sin “fanatismos”.

No creo que defienda grupos de interés, corporaciones o propuestas indefendibles y tiene que haber aprendido a ser un mejor regulador, a saber a quién le debe su foco y lealtad como regulador y a quien no. Obviamente, lo que no debió hacer, pero se hizo y las cosas que logró y las que no. Confío en su persona.

En ésta, su tercera oportunidad, como en parte regulador del transporte (obvio, con el resto de sus desafíos), merecería “una gran vencida” y que se note. Esto lo va a destacar o lo va a hundir, por el impacto que tienen.

El Estado y el statu-quo primero

En Uruguay, primero el Estado, luego el statu-quo, luego la manía recaudatoria, la “magia” de quedarse con más y más recursos de los ciudadanos, que es todo un arte[5].

Creo en la necesidad de regular donde hay inequidades, ineficiencias, acumulación de rentas indebidas, disparidad de acceso, donde se verifican abusos de oligopolios y monopolios con dominio del mercado, creo en el control de abusos de los servicios públicos con decisión firme.

En Uruguay, ninguna acción es suficiente, estamos lejos creer que somos fantásticos y que en Uruguay los marcos regulatorios de sectores críticos son inspiradores. Estamos lejos de ese convencimiento por la experiencia propia y la de tanta gente seria que ha trabajado y analizado estas realidades, desde afuera y desde dentro del Estado.

[1] Canal E-Perfil, de Economía, Argentina, abr/26
[2] La participación del Ernesto Talvi en el equipo de Caputo, según sus propios comentarios referidos a esa década de los ´90, disparó algunas interrogantes ya que se muestra con una visión más ponderada frente a las posturas extremas del presidente argentino y refiriéndose a que Uruguay en esa década cometió algunos excesos de “ortodoxia”, que salieron mal. No puedo menos que estar de acuerdo[2], aunque luego, todavía, los empeoramos
[3] Hay una patología que se contagia, parece, en los cambios de gobierno, extraer recursos a como dé lugar, una patología que contamina a los candidatos opositores y sus asesores, cuando ganan el derecho de acceder al poder.Un patógeno que tiene mala memoria y no alcanza a percibir los daños que hace a los distintos sectores, a algunos los desarma, a otros los liquida
[4] No debería convertirse en esos dirigentes, que rechazamos para nuestros clubes, de futbol, que sanean cuentas, pero no ganan
[5] Los usuarios y consumidores, sí, claro, son categorías discursivas que enriquecen las “peroratas” y los discursos, llenas de futuras intenciones, pero nada tienen que ver con la realidad ni las preocupaciones del Estado tal como se gestiona hoy

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