Donald Trump, el dólar y los aranceles: ¿puede el yuan convertirse en una moneda de reserva?

Los países que han ido firmando acuerdos bilaterales con Estados Unidos —como Argentina—, "se empiezan a preguntar para qué sirve este acuerdo", afirma Héctor Torres, ex director del FMI y ex consejero de la OMC.

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Héctor Torres , ex director del FMI, Senior Fellow del Center for Internacional Governance Innovation (CIGI).

La réplica de Donald Trump a la resolución de la Corte Suprema de EE.UU. que suspendió la aplicación de aranceles tiene varios puntos débiles y genera “una gran confusión” entre sus socios comerciales. Héctor Torres, Senior Fellow del "Center for Internacional Governance Innovation", ex director del FMI y ex consejero de la OMC, sostiene que las condiciones establecidas para aplicar los nuevos aranceles requieren de una argumentación “imposible de sostener”. Precisa además que los últimos acuerdos bilaterales, como el alcanzado con Argentina, quedan en un terreno totalmente incierto. En paralelo, Torres advierte sobre los “pasos prudentes” que está dando China para aprovechar “la pérdida de confianza” en Estados Unidos y avanzar en convertir a su moneda en un activo de reserva. Asegura que el mayor empujón a China se lo dan “las malas decisiones de Trump”. A continuación, un resumen de la entrevista.

—Luego de la decisión de la Corte Suprema y la intención de Trump de redoblar la apuesta, ¿dónde queda la guerra arancelaria?

—Con la decisión de la Corte Suprema, los aranceles de Estados Unidos vuelven a los niveles consolidados en su lista de concesiones ante la OMC. En consecuencia, los acuerdos arancelarios bilaterales —incluido el de Argentina— pierden gran parte de su relevancia, salvo que establezcan niveles arancelarios inferiores a los compromisos consolidados por Estados Unidos en la OMC.
Ante esto, Trump ha dicho que recurriría a instrumentos jurídicos alternativos para reimponer los llamados aranceles del “Día de la Liberación”. No obstante, cualquier nueva herramienta que utilice probablemente enfrentará nuevos desafíos judiciales.
La semana pasada comenzó a aplicar el nuevo arancel global a las importaciones, en medio de enorme incertidumbre, porque primero dijo que serían del 15%, luego del 10%, después anunció que los iba a llevar de vuelta a 15%. Tampoco se sabe qué va a pasar después de los 150 días de entrada en vigencia.
Por otra parte, los países que han ido firmando acuerdos bilaterales, en muchos casos incluyen líneas arancelarias por debajo de lo que establece el nuevo arancel global del 10%, se empiezan a preguntar, entonces, ¿para qué me sirve este acuerdo?
A su vez, esos acuerdos bilaterales se supone que otorgaron ventajas competitivas respecto a otros que tienen aranceles muchísimo más altos. Por ejemplo, Brasil tiene aranceles superiores a los que le aplican a la Argentina y a los que consiguió en ese acuerdo bilateral. Ahora, esa ventaja competitiva se ve erosionada cuando la Corte Suprema dice que EE.UU. no tiene derecho a aplicar esos aranceles, salvo que estén precedidos por investigaciones vinculados con competencia desleal o problemas de seguridad.

—Resulta todo muy confuso…

—Es más, no se sabe si alguno de los acuerdos bilaterales recíprocos se van a cumplir o no, porque de hecho la Unión Europea lo puso en standby, Inglaterra también.
La señal que dio Trump a esos países fue, no minimicen esos acuerdos, aténganse esos acuerdos porque después que pasen los 150 días, voy a volver a aplicar aranceles todavía más altos.
Pero todo está “en el aire”; a su vez, esos acuerdos no tienen ningún valor legal muy concreto porque no son aprobados por el Congreso y además el propio Trump, se reserva el derecho de ir hacia atrás si así lo entiende y nadie le puede decir nada.

—Argentina está entre esos países donde las ventajas arancelarias ya no son tales...

—Argentina es el país que tiene menos margen para iniciar cualquier acción, tiene una gran dependencia financiera de Estados Unidos. Debe “silbar bajito” y cumplir, esperando que Estados Unidos cumpla con su parte.
Otro frente importante que se abre es el de los importadores, que comienzan a solicitar, vía demanda, el reintegro de lo que pagaron con los aranceles que hoy la Corte Suprema considera ilegales. Hasta hace unos días, eran unas 600 demandas de reintegros en Estados Unidos.

—¿Hasta dónde puede llegar Trump apelando a la denominada sección 122 de la Ley de Comercio, como ha anunciado?

— La Sección 122 le permite a Trump imponer aranceles de hasta el 15% durante 150 días. Es lo que anunció y que luego bajó a 10%. El tema es que para aplicarlos, tiene que alegar tener un problema fundamental de balanza de pagos, que ponga en riesgo su capacidad de hacer frente a pagos internacionales o un fuerte riesgo de depreciación del dólar.
Y eso tiene dos problemas; primero, que no hay ningún riesgo en la balanza de pagos, por el momento, ni ningún peligro de que Estados Unidos no pueda hacer frente a los pagos internacionales.
Y por otra parte, ¿cómo puede el emisor de la principal moneda de reserva internacional sostener ese argumento sin poner en duda la posición global del dólar?
Podemos decir que el dólar está debilitado, pero Estados Unidos, tiene el mercado financiero más profundo del mundo, su economía en términos nominales todavía es la más importante del mundo, tiene un sistema judicial independiente y efectivo, la garantía del derecho de propiedad está en mano de cortes que son independientes.
Bueno, todo eso está puesto en duda con este señor ahora.

—Pero en concreto, el dólar continúa siendo la moneda de activo de reserva más importante del mundo.

—Pero ya no por sus méritos, sino porque no hay alternativas hasta este momento. Ahora, hay que tener en cuenta qué hace China en ese terreno. El presidente Xi declaró recientemente, que quería que el yuan fuera un activo de reserva internacional. Para eso falta todavía, fundamentalmente la convertibilidad y la libre disponibilidad.
O sea, se puede ahorrar en moneda china, pero no hay mucho más que hacer con esa moneda que guardarla en la caja fuerte del banco, hay pocos activos financieros se puedan comprar con esa moneda. A su vez, las familias chinas no pueden sacar el dinero libremente. Las inversiones chinas tienen que ser preaprobadas por el Estado. La cuenta capital está mayormente cerrada, lo cual es un gran impedimento.

—O sea, aún hay barreras importantes como para que el yuan sea una referencia monetaria de mayor peso…

—Como en otros órdenes, China actuará con prudencia, como lo hizo cuando se sumó al libre comercio. Con el tema monetario pienso que va a ser algo parecido, con una apertura gradual de su cuenta capital, con proyectos piloto. Paralelamente, China creó un sistema de clearing que es alternativo al Swift, llamado Cips. Ahora va a emitir activos internacionales convertibles, al que van a poder acceder tanto los chinos como los extranjeros, limitado a la zona, y poco irá ajustando la regulación y creando las condiciones necesarias como para que el Renminbi, o el Yuan, que es unidad básica de medida, pueda transformarse en un activo de reserva —no reemplazar al dólar— pero sí un activo de reserva internacional.
El Renminbi (RMB) ya se utiliza para facturar y liquidar la mayor parte del propio comercio de China. Aun así, el RMB representa menos del 3% de las reservas internacionales, 4% de los pagos interbancarios transfronterizos y 8% de las transacciones globales de divisas.
En concreto, el dólar ha sido el activo de reserva más importante del mundo, por los propios méritos de Estados Unidos; hoy lo sigue siendo, pese a los deméritos de su gobierno y ante la falta de una alternativa consolidada. Pero, hay que estar atento a esos movimientos de China.

—En esos movimientos, cabe destacar también la estrategia China de ir reduciendo sus inversiones en títulos estadounidenses…

—Hasta hace unos años, digamos hasta la crisis financiera global del 2008, pasaba algo muy raro con China, que se veía a sí misma como la superpotencia emergente y que veía a Estados Unidos como la superpotencia en decadencia. China, que generaba un superávit de cuenta corriente muy importante todos los años, equivalente al 8% del PIB en aquel entonces —hoy en el orden del 3%— destinaba su excedente a comprar títulos del tesoro de Estados Unidos y los ponía en sus reservas del Banco Central. O sea, títulos emitidos por su potencia rival, a la cual China consideraba una potencia decadente. Una situación rarísima, pero en la cual se depositaba cierta tranquilidad a nivel global, porque esa interdependencia económica y financiera, generaba la idea de que había dos potencias que eran rehenes mutuos, por lo que era difícil concebir que pudiera haber una guerra entre ellos.

—Esa situación ha cambiado diametralmente…

—Así es. China ha reducido enormemente la cantidad de títulos del tesoro americano que tiene en sus reservas y ha empezado a desviar parte de ese excedente hacia activos reales, que lo podemos ver como grandes planes de infraestructura en distintos puntos del planeta.
Occidente reaccionó, intentando limitar esas inversiones chinas, dado que en ese país hay una frontera muy gris entre lo público y lo privado y nunca está muy claro cuánto interés político hay detrás de cada acción de ese tipo. Pero China ha logrado avanzar en varios frentes.

—¿Todo lo que avanza China es terreno que pierde Estados Unidos?

—Exacto. Si uno se pregunta cuál es la ventaja mayor que tiene Estados Unidos a nivel internacional sobre China, es su sistema de alianzas, basado en la confianza de que va a cumplir con los compromisos. Junto a eso, su liderazgo, un modelo para los demás. Y Estados Unidos, lo que está haciendo hoy es poner en la un petardo en la línea de flotación de esa confianza. Trump está usando brutalmente el poder en el corto plazo, con el costo de pegar muy fuerte en la credibilidad de Estados Unidos. La confianza en Estados Unidos está rota.

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