Tipo de cambio, Precio y Cantidad

El salario real no se decreta y, si las cosas se complican, la presión política hará que la inflación “haga su trabajo” para moderar la recesión

Dolar americano y Peso uruguayo
pesos uruguayos y dolares americanos
Estefania Leal

Aunque en materia de seguimiento de indicadores, mes a mes se conocen las cifras y los analistas las comentan es, en general sobre fin de año, donde se hacen los balances más acabados. Ahora bien, en ocasiones las cifras monetarias esconden lo que realmente sucede por lo que la mera descripción numérica dice poco. Un claro ejemplo lo estamos viviendo en este enero al comparar cifras en dólares corrientes. En efecto, en promedio el precio de esa divisa está cayendo en el entorno de 12% respecto a un año atrás lo que, sumado a un aumento de precios de, digamos, 3,5%, implica que quienes venden sus bienes o servicios en esa moneda, necesitan un crecimiento de ventas de 17,5% frente al enero 25 al mero efecto de mantener el valor real del ingreso.

El ingreso global es el resultado de multiplicar el precio individual por la cantidad transada, si el precio está en dólares, como la casi totalidad de nuestras exportaciones de bienes y servicios —incluyendo una relevante porción de los obtenidos por turismo—, y aquellos no aumentan significativamente, pese a que medidos en dólares el ingreso crezca, el ingreso global se contrae en términos reales.

El año pasado, en promedio, el precio del dólar subió 2,15%, en tanto los precios en su conjunto lo hicieron 4,65% por lo que, dada la inflación internacional, se puede afirmar que el tipo de cambio real (TCR) hasta mejoró ligeramente. Pero, los promedios pueden esconder situaciones coyunturales o tendencias. Es así que las cosas fueron muy desparejas a lo largo del período. La variación en la cotización del dólar por trimestre fue, 10,6%, 7,4%, -1,1% y -7,2% del primero al cuarto respectivamente.

Según el indicador del TCR efectivo del BCU a noviembre pasado había caído 7,3% respecto a diciembre 24 en la medición regional y 8,6% en la medición extrarregional. Incluso en la comparación con Europa se mostraba estable. Es decir, la “debilidad del dólar” a nivel internacional no es una explicación de recibo. En noviembre pasado la cotización del dólar en Uruguay era 5% superior a la actual, mientras en el mundo no ha variado.

Entonces, partiendo de un nivel de TCR no demasiado confortable a comienzos de 2025, la evolución descrita claramente influyó en la declinante cadencia del nivel de actividad a lo largo del año.

La balanza de pagos nos muestra en el acumulado de hasta setiembre pasado, frente al mismo período de 2024, que las exportaciones de bienes y servicios, medidas en dólares corrientes, cayeron 2,7%. En particular las exportaciones servicios en el tercer trimestre caen 2,5%. Por su parte las importaciones crecen 1,3%, y las de servicios en el tercer trimestre se contraen 7%. Hay que tener presente que el valor bruto de producción[1] de las exportaciones de bienes y servicios es del orden de 30% del PIB y, por ende, muy relevantes. Más aún, el sector exportador de servicios profesionales y globales, seguramente es el más dinámico —mayor impulso al crecimiento— de nuestra economía.

La influencia del TCR repercute en el ingreso monetario de la población, en especial en exportación de servicios y la actividad fuera de Montevideo. Su caída, produce un efecto contractivo que se traslada al resto de los mercados, particularmente al de trabajo. Éste muestra un empleo que, hasta el momento, presenta una ligera caía desde mediados del año pasado, cuando se lo mide de manera adecuada (en tendencia – ciclo), lo que viene a compensar parte del aumento del salario real inesperado ante la caída de la inflación más rápido de lo proyectado, y que lo deja por encima de lo que la economía puede absorber dada su tasa de crecimiento.

En una columna a propósito de las pautas salariales de junio pasado escribía, “Si las condiciones de crecimiento no son buenas, ya vimos como sufrió el trabajo no calificado entre 2015 – 2019 cuando, con una economía que crecía muy poco se quiso sostener el aumento del salario real, destruyéndose más de 50.000 empleos sin lograr el propósito.”

Los convenios salariales que se conocen muestran aumento de salarios no consistentes con la inflación que tenemos aún para los sectores no transables, con lo que no es difícil imaginar lo que ocurre en los sectores transables. Ya la industria podríamos decir está “descremada” y, de persistir este TCR, la caída en el empleo del sector se agudizará. Vale recordar que las pautas salariales son asimétricas respecto al correctivo por inflación, no compensado por una situación como la que se tiene ahora.

Con exportaciones tan relevantes para la generación de ingresos, si el precio se castiga ante la caída del tipo de cambio, el ingreso total se reciente. Las empresas ven resentida su capacidad de pago de sus costos no expuestos a la moneda extranjera, por lo que querer forzar un precio mayor del principal de éstos, sólo conduce a una menor utilización, es decir castiga el empleo.

Cambios en la estructura productiva naturalmente siempre se producen por la competencia en el mercado. Aún en los mejores momentos de bonanza hay empresas que quiebran y eso es precisamente lo que mejora el bienestar de la sociedad al alocar los recursos productivos en lugares donde los consumidores quieren. El punto central es que los procesos naturales son “lentos”, en el sentido que los cambios no se producen de golpe ni todos juntos y, por tanto, tampoco la apertura y de empresas se da de un momento para el otro. Ahora, si el ingreso monetario se contrae de manera importante y rápida por un factor exógeno, como las cantidades no pueden compensar la pérdida en períodos cortos, o el factor externo se revierte, o se corrige el precio real de los factores, o la recesión consolida la reducción en el uso de dichos factores.

Debemos tener presente que el salario real no se decreta y, si las cosas se complican, la presión política hará que la inflación “haga su trabajo” para moderar la recesión. Es el precio o la cantidad.

 

 

[1] No el valor agregado generado, que es lo que mide el PIB.

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