Tiempos de decisiones difíciles

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Durante los últimos tres meses los mercados globales han mostrado altas volatilidades, tradicional consecuencia de escenarios macroeconómicos con alto grado de incertidumbre. En este caso particular, las preocupaciones se han generado por la crisis en la euroárea y por la evidente desaceleración de la economía mundial.

Respecto a la crisis en la Unión Monetaria, es claro que -más allá de sus actuales problemas macroeconómicos de insolvencia, déficits fiscales y deudas públicas- la cuestión se concentra en la falta de liderazgo de las autoridades políticas de los 17 países miembros: las dilaciones, los errores, las posiciones encontradas y la fuerte presión internacional iniciada a partir de la última reunión del FMI, son prueba evidente de ello.

Por su parte, la situación anterior se ve fuertemente agravada por un esquema decisorio excesivamente burocrático y -por lo tanto- incompatible con situaciones de crisis. A estos efectos, basta mencionar que las correctas y fundamentales medidas anticrisis tomadas en la última reunión del eurogrupo, realizada en Bruselas el 21 de julio pasado, todavía no han podido ser implementadas: ¡increíblemente, por el Tratado de Lisboa, las mismas necesitan la aprobación de los 17 parlamentos! El acuerdo logrado el jueves pasado en el tan decisivo Bundestag alemán, permite albergar esperanzas respecto a lograr rápidamente las aprobaciones de los seis países aún sin decisión: Austria, Chipre, Estonia, Eslovaquia, Holanda y Malta. Adviértase, por ejemplo, que este perverso mecanismo permite que un minúsculo estado como Malta pueda dilatar "sine die" la implementación de estas urgentes y críticas medidas.

Asimismo, cabe destacar que las mismas no solo abarcan la ampliación del monto disponible del Fondo Europeo de Estabilización Financiera (FEEF), sino también -y lo que es más importante aún- la posibilidad de que dicho ente pueda financiar directamente a los países en problemas (incluso aquellos no incluidos en planes de rescate), capitalizar sus bancos y finalmente intervenir en los mercados secundarios de deuda soberana. Si estas estrategias -luego de la reunión del 21 de julio- se hubieran implementado de inmediato, no cabe duda que la situación de hoy sería completamente distinta.

Sin embargo, no es menos cierto que estas acciones debieran complementarse a la brevedad posible con políticas del Banco Central Europeo mucho más agresivas que las actuales: baja de la tasa de referencia, ampliación y flexibilización de las líneas de liquidez para el sistema financiero (a la fecha, el call interbancario está muy limitado y el acceso al mercado de capitales -principal fuente de financiamiento de los bancos del área- es prácticamente nulo) sumadas a una fuerte intervención en la compra de deuda soberana.

Finalmente, las autoridades europeas, de una vez por todas, debieran comprender que los actuales ajustes fiscales exigidos a los países miembros en dificultades no hacen más que conducir a mayores recesiones y a crecientes disturbios sociales (Grecia puede dar buena prueba de ello). Es hora, pues, de terminar con la equivocada postura de "ajustar primero y crecer después". Es más, debieran releer su declaración de julio en Bruselas donde sostenían: "Abogamos por una estrategia global a favor del crecimiento, el empleo y la inversión en Grecia" (sic).

china. En algún lugar todo esto nos lleva a China, a la cual algunos analistas internacionales han considerado, de manera inadecuada, como la clave para que el mundo entero no entre en recesión. Pero China está sintonizando otro canal. Es correcto el esfuerzo de China por contener los aumentos de los precios de los alimentos y es una cuestión de tiempo que el yuan se internacionalice.

Sobre una base anual, el Índice de Precios al Consumidor (IPC) de China de septiembre se ubicará cerca del 6 o 6,2 por ciento, en comparación con el 6,2 por ciento de agosto, debido al efecto remanente debilitado del año pasado, según reportó recientemente el rotativo China Securities Journal, citando a la firma de valores Guohai Securities.

El IPC de China llegó en julio a su nivel más alto en 37 meses con 6,5 por ciento, por lo que el 6,2 por ciento de agosto implicó una leve baja.

De acuerdo con el Buró Nacional de Estadísticas (BNE), los precios de los alimentos han seguido creciendo desde agosto en las 50 ciudades más importantes del país, aunque las alzas han sido moderadas.

Ahí estarán puestos todos los esfuerzos de los "policy makers" chinos de acá en adelante, así que si el mundo entra en recesión o no, claramente no dependerá de China.

Yendo a la Argentina, uno de sus problemas fundamentales es la inflación (que a su vez atrasa el tipo de cambio cosa que siempre ha tenido finales pocos felices). La causa de que la inflación continúe subiendo está se deriva básicamente de las paritarias (y de la expansión monetaria para financiar el déficit fiscal), y es consecuencia del esquema político del kirchnerismo de construcción de poder. Sin un liderazgo razonablemente sensato, siempre las paritarias dan lugar a este problema, que se desbocan.

Una cosa es que se den cada cuatro años y por mejorar condiciones laborales, y otra es tener dos paritarias por año solo para subir los sueldos tanto como sea. Las empresas enfrentan subas de salarios por encima del 30%. Eso genera inflación, porque primero el gobierno le cierra la economía a la competencia importada y luego el Banco Central la convalida emitiendo los pesos demandados por la suba de precios. Pero como no quieren acompañarlo con el dólar, termina generando una situación peligrosa, porque los sueldos suben al 34%, los precios al 22% y el dólar al 6%.

Pero las tasas internacionales están muy bajas y tenemos pocos servicios de deuda. También el Gobierno se ocupa de contener los salarios del sector público, entonces no explota todo. Pero la dinámica de paritarias, precios, dólar, genera atraso cambiario. No es explosivo como son los déficits fiscales, que no tienen solución si no es con un ajuste. Acá la estructura es más complicada, pero por suerte hay plata. Los términos de intercambio están bien, el mercado internacional ayuda porque las tasas están en un 0,5% o en un 1%, que no cubren ni los costos fijos de llevar la plata afuera que en los días de histeria ha llegado a ser de un "one shot" de 5% por cada dólar para enviar al exterior. A la vez, el dólar estuvo cayendo en el mundo. A la larga, la gente se asusta y se pasa al dólar. El Banco Central se va a ver obligado a tocar el tipo de cambio, aunque tenga un costo político por su efecto en la inflación.

Además, hay que tener en cuenta que por ahora no necesitamos financiamiento externo porque hay déficit fiscal que se financia con reservas del BCRA. Igualmente no nos lo darían. Si fuera a tasas altas, mejor que no nos lo den porque así fue como caímos en la crisis anterior. Acá el conflicto está en que tenemos que pagar una deuda que está estructurada en CER. Por otro lado, como las tasas de Estados Unidos están al 0,5% o al 1%, ¿qué pasaría si el Gobierno argentino reconociera que el CER es de un 25% y está devaluando al 6%? Le estaríamos pagando un 19%, más la sobretasa que tenemos. Sería una locura, que ya se hizo en el pasado con Cavallo en el Ministerio de Economía.

El futuro K. ¿Cuánto más podemos seguir creciendo con el esquema anterior?

Depende de la soja. La soja es comida y combustible. Para que caiga la demanda de soja tiene que caer la de alimentos y energía. Además, estamos bastante diversificados. La concentración en la soja se da en todo el mundo, porque es un producto que sirve para infinidad de subproductos de muchos rubros. Para que se cayera fuertemente la demanda de alimentos por la caída de China, habría un colapso planetario que nos haría preocupar por otros temas antes.

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