Temas que nos traerá el futuro

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JORGE CAUMONT

Algunos datos de la economía brasileña al día de hoy son sumamente positivos por lo que algunos consideran creada una "burbuja" en el valor de los activos que es necesario detener. La confianza de los consumidores y la de los empresarios se encuentran en niveles récord. En el primer trimestre del año en curso, la generación de empleos ha sido la máxima en mucho tiempo, al punto que la tasa de desempleo de marzo es la más baja históricamente para el tercer mes. La economía continúa con un fuerte crecimiento y los analistas estiman que este año se acercará al 6%. En enero-marzo la demanda interna ha crecido a un ritmo de 18,4% anualizado; la zafra agrícola de 2010 será la más alta de la historia del vecino país; la producción y venta de automóviles está en niveles de máximo y creciendo la segunda 17,9% en marzo sobre igual mes del año anterior. La construcción atraviesa un muy buen momento y los servicios acompañan a la expansión. Sin embargo, no todos los indicadores son buenos hacia el futuro. Un crecimiento tan acelerado y por encima de lo que permite la capacidad instalada que tiene la economía, genera presiones inflacionarias y, además, un pronunciado aumento de las importaciones de bienes y de servicios reflejado en creciente déficit de la cuenta corriente de la balanza de pagos.

Las políticas monetaria y fiscal brasileña se tornarán más restrictivas. La tasa de interés de referencia de la política monetaria será aumentada y la presión del gasto público sobre la economía -aumentada durante la crisis y la recesión local de comienzos del año pasado- será reducida. Los estímulos fiscales ya se han comenzado a retirar y han alcanzado al sector automotriz y al de la "línea blanca".

BRASIL Y EL MERCOSUR. Con la economía en plena expansión a un ritmo inusual y con una alta aprobación de la gestión de Lula -73% a 76% según las encuestas-, y la de su gobierno -más del 60%- en las elecciones presidenciales de octubre Dilma Rousseff, la jefa de gabinete del gobierno y la candidata del PT apoyada a ultranza por el presidente Lula, debería ganar sin problemas en la primera vuelta. Sin embargo, no es lo que señalan las encuestas. De acuerdo con la última de Datafolha, José Serra, candidato del PSDB se impondría en la primera vuelta con el 38% de los votos frente al 28% que obtendría Rousseff, al 10% de Marina Silva del PV y al 9% de Ciro Gomes (PS).

Si las instancias electorales ratifican el favoritismo de Serra, el Mercosur sufriría durante su mandato, un vuelvo fundamental. El candidato del PSDB ha indicado la necesidad de darle más flexibilidad al acuerdo subregional de comercio. Incluso ha dicho que debe ser una zona de libre comercio y hasta pactar acuerdos arancelarios con otras zonas similares. No descartó negociar con el Nafta, una política natural del Mercosur en su horizonte. En ese caso, con los antecedentes que Uruguay tiene de rechazo oficial al TLC con Estados Unidos -en los hechos con el Nafta- y de las recientes declaraciones formuladas en varias ocasiones muy seguidas unas de otras, del canciller uruguayo, quedaríamos desacomodados como también lo quedaría el eje Argentina-Bolivia-Venezuela y el fin del Mercosur, por razones políticas y no comerciales, no sería de extrañar.

LA INFLACIÓN. La economía uruguaya crece a un ritmo que este año permitirá aumentar el PIB en más del 5%. Nuevamente razones que vienen del exterior y que son bien recibidas por los productores locales, como el progresivo retorno de la demanda externa de algunos productos, los altos precios de los commodities agrícolas que siguen superando ampliamente los promedios históricos y las muy bajas tasas de interés mundiales relevantes, empujan directa o indirectamente a la economía uruguaya a través de consumidores locales e inversores externos e internos. La inversión extranjera directa y la propia inversión de uruguayos se deben asociar, entre otras cosas, a esas bajísimas tasas de interés internacionales que favorecen a la construcción. Pero también a la política agrícola de Argentina que lleva a agentes económicos de ese país a comprar tierras en el nuestro para producir y vender recibiendo el precio total de lo que venden. El aumento del ingreso de los últimos años y el incremento del gasto público son asimismo, internamente, factores que ayudan a la expansión.

Pero si la macroeconomía se presenta bien por el lado del crecimiento económico, existen problemas en otros dos frentes: uno interno y otro externo. La inflación vuelve a ser una amenaza, al menos para la meta oficial ya que este mes culminará doce meses con un registro cercano al 8%, por encima del límite superior de la banda tomada como objetivo. Ello desatará, seguramente, acciones de política para frenar una tendencia que puede agravarse en ocasión de la discusión salarial entre trabajadores y empresarios. Y si la inflación es un problema a evitar, no menor es el que está planteando la caída del tipo de cambio por excesos de moneda extranjera reconocibles cuando se analiza la balanza de pagos. Tiene razón la autoridad monetaria cuando dice que el dólar seguirá bajo y que puede bajar aún más, según se puede inferir de algunas declaraciones. Los exportadores de bienes y de servicios están ingresando más moneda extranjera que la que se llevan los importadores; la inversión extranjera directa aporta más de mil millones de dólares en términos anuales, el gobierno se endeuda en buena parte en dólares para gastar en esa moneda y en pesos en nuestro país y los agentes externos y los que viven en Uruguay -en particular, los institucionales como bancos y AFAP- prefieren al peso antes que al dólar por un motivo de diferencial de tasas de interés o carry trade. Por lo tanto, los dólares sobran y su precio debería, ante un sistema de tipo de cambio flotante puro, declinar más aceleradamente de lo que lo hace. Sin medidas es difícil cambiar la situación y evitar la caída de la competitividad de los bienes transables. Ante una situación de desequilibrio, existe una mecánica natural que la impulsa al equilibrio pero por ser lenta, debe haber una política que acelere el proceso. La primera es lenta por los mejores datos externos; la segunda, la acción política, no parece que se haya ensayado. La tasa de interés interna continúa alentando el carry trade; el gobierno sigue endeudándose y la insinuación oficial de que el Ministerio de Economía emitiría deuda pública en pesos para comprar con los fondos que logre, los dólares que sobran en el mercado -definitivamente adoptar un sistema de tipo de cambio fijo o cuasi fijo-, no parece que pueda modificar la situación y sí agravarla.

Son estos dos desequilibrios los que merecen la atención actual y no deben ser cubiertos como en ocasiones anteriores, con el velo que ponen exportaciones en aumento, economía en crecimiento, consumo ampliándose, y otras bondades por el estilo.

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