ISAAC ALFIE
La campaña electoral ha tomado color y con ello la propaganda comienza a exponer las estrategias. Como es natural cada cual exalta lo que cree bueno de sí. Lo que no es tan "natural" es la agresividad que algunos actores muestran hacia el eventual adversario político. Desde que se me invitó a escribir esta columna, jamás la utilicé para otra cosa que no sea emitir una opinión técnica; naturalmente desde mi leal saber y entender, que no quiere decir que sea el acertado en toda circunstancia y tema. Esta vez no será la excepción.
Desde el momento que voceros calificados de la actual administración muestran una enorme vocación por la arqueología, a la vez de un carácter fundacional dueño de todo lo bueno y todas las ideas, les facilitaré algunas cosas. Para ello me remitiré meramente a exponer los indicadores más usuales mediante los cuales se analiza la economía de corto plazo, a la vez que intentaré enumerar algunas medidas de largo plazo, de esas que en definitiva marcan el rumbo de los países, para que el lector pueda evaluar distintas situaciones.
AYER. A principios de 2005 la macroeconomía se podía resumir en los siguientes indicadores.
Las exportaciones de bienes crecían al 38%, las totales (incluyendo servicios) 39,5%, que representaban el 31,1% del PIB, el máximo registro histórico. La producción industrial, sin considerar la refinería, aumentaba 23% anual, -naturalmente que Botnia no había comenzado a producir- , las importaciones privadas de bienes de inversión crecían 90% las maquinarias y equipos y 300% los bienes para transporte, el sector agropecuario se expandía 8%, el comercio y servicios 10%, del mismo modo la recaudación "explotaba". En una palabra, el PIB crecía fuerte. Se creaban alrededor de 100.000 nuevos puestos de trabajo en 2004, la inflación en el último semestre era 0%, el déficit fiscal US$ 195 millones (1,4% del PIB), aunque marginalmente las cuentas no solo estaban en equilibrio sino que tendían al superávit, la deuda había comenzado a bajar, su reducción fue US$ 300 millones en los últimos seis meses mediante programas de recompras silenciosas, aprovechando cierta liquidez y precios desarbitrados y por debajo de la par; el tipo real de cambio estaba en niveles históricamente altos, el salario real había comenzado a crecer y conjuntamente con el aumento del empleo, determinaba el inicio de la recuperación en el ingreso de los hogares, sentando las bases para la reducción de la pobreza e indigencia, algo que todos saben viene con cierto rezago. Por su parte, el BCU había culminado su proceso de saneamiento y sus cuentas para el 2005 eran equilibradas, el BROU también ya estaba saneado, capitalizado y en franca recuperación.
Más allá de las cifras, desde el punto de vista cualitativo algunas reformas y sobre todo una conducta de respeto por la institucionalidad, los contratos y derechos adquiridos, dieron al país un enorme espaldarazo y consideración en el escenario mundial. Así, haber evitado el default de la deuda, no alterar las reglas y principios tributarios básicos y permitir el ajuste de precios relativos sin distorsiones desquiciantes, posibilitó la llegada de inversiones clase mundial, la "invasión" argentina a nuestros campos y el boom de construcciones de alto nivel. Ello, conjuntamente con un puerto renovado, competencia -limitada- en comunicaciones, acuerdos comerciales de relevancia (México y numerosas excepciones al régimen del Mercosur negociadas a fines de 2003 con vigencia hasta fines de 2010), acuerdos de Promoción y Protección Recíproca de Inversiones y el renovado acceso al crédito voluntario en el mercado mundial, constituían reformas estructurales y medidas de singular importancia que a mediano plazo iban a rendir sus frutos.
En este escenario asumió la actual administración. Naturalmente que para consolidar la situación debía mantener la política trazada, cosa que al inicio hizo sin dobleces. Luego, con el correr del tiempo fueron apareciendo desvíos que, hasta el momento, la bonanza mundial y en especial la comparación con Argentina disimula muy bien (1).
MAÑANA. La situación en que asumirá el próximo gobierno es en gran medida muy diferente desde el punto de vista cuantitativo. Las exportaciones estarán cayendo no menos de 20%, representando aproximadamente apenas 26% del PIB (1/6 menos que cinco años atrás), las importaciones privadas de bienes de inversión también mostrarán una contracción considerable, seguramente superior al 25%, la producción industrial cayendo alrededor de 10%, la agropecuaria y el comercio también contrayéndose, lo mismo que la recaudación. El empleo seguramente, en especial el total de horas trabajadas, al igual que el ingreso de los hogares mostrarán caídas, aunque el salario real esté subiendo. Por su parte la deuda estará creciendo en el entorno de US$ 1.000 millones, el déficit fiscal también aumentando, llegando alrededor de dichos US$ 1.000 millones (3,3% del PIB), la inflación probablemente se encuentre controlada a corto plazo en función del aumento del endeudamiento (ingreso de dólares desde el exterior), con futuro incierto, el tipo real de cambio por debajo de su valor de equilibrio de largo plazo. Por último, el BROU habrá completado un muy buen período y por ende estará solidificado, del mismo modo que el resto del sistema financiero, en tanto el BCU tampoco presenta problemas, pese a que su déficit es creciente, agravado por el hecho que los encajes que impone son demasiado altos para épocas normales y no los retribuye.
Desde el punto de vista cualitativo la situación en una "visión global", es relativamente similar a fines de 2004. Mirando aspectos particulares se podría decir que, por un lado es mejor de acuerdo a los registros de inversión que muestran las nuevas cuentas nacionales que publicó hace poco tiempo el BCU, lo que otorga al país mayor potencial de crecimiento, en tanto, por otro es peor en función de determinadas señales (leyes, decretos y reglamentos), actitudes y amenazas que pueden anular esfuerzos de larga data en poco tiempo. De todas maneras el mayor debe es que, si bien casi no se desandó lo hecho no se avanzó en prácticamente ningún aspecto, sea telecomunicaciones, comunicaciones, liberación de mercados a la competencia, acuerdos comerciales, energía, transporte, en tanto se retrocedió en seguridad, educación, así como en la rigidización del mercado laboral y el aumento de la intervención del Estado, mediante la implementación de mayores registros y requerimientos de información inútil.
Entiendo que las cifras y los conceptos hablan por sí solos, no será lo mismo ni tan fácil asumir a quien venga. Algunas de las diferencias notoriamente no obedecen a la política llevada adelante por el gobierno, sino meramente a circunstancias internacionales o factores climáticos. Dentro de este grupo podemos incluir la caída del PIB, la recaudación, la producción agropecuaria y la inversión privada. En otros casos, como la caída del producto industrial, las causas anteriores explican en parte la misma, pero el tipo de cambio retrasado y el volver a encerrarnos en el Mercosur, desechando posibilidades extra regionales también influyen. Por último, el dólar barato y el aumento en la deuda, son producto de una misma causa, el aumento del gasto por encima de lo razonable y su consecuencia el déficit fiscal, exclusiva responsabilidad de esta administración.
Por tanto, quien asumió en 2005 gozó de la fortuna de no tener que comenzar intentando equilibrar las cuentas públicas porque ya lo estaban (2), a lo cual se agregó un escenario internacional benévolo como ninguno, el que había empezado a mediados del 2003, el que solo fue mejorando hasta agosto de 2008, brindando como resultado una recaudación creciente mes a mes.
Demás está decir que si un gobierno debe empezar con un ajuste fiscal ello, salvo circunstancias excepcionales e imprevisibles, únicamente obedece a que su antecesor le transfirió una situación financiera tal que, de tomarse medidas, pondría a la deuda pública en una trayectoria explosiva donde la quiebra es el destino inevitable, o alternativamente el aumento de la inflación haría de recaudador de los impuestos faltantes.
Todo hace pensar que al menos un fuerte ajuste de gastos deberá realizarse desde marzo próximo. La magnitud del desfasaje (déficit) de este ejercicio y la situación de los mercados internacionales (posibilidades de financiarse mediante nueva deuda) determinarán la magnitud del esfuerzo a realizar y si alcanza exclusivamente con el recorte de erogaciones. Crucemos los dedos para que así sea.
(1) Siempre la cuestión es en términos relativos con alguien.
(2) La exposición de motivos de la Rendición de Cuentas 2004, de junio 2005, es elocuente en destacar que pese al enorme aumento de la recaudación, los gastos totales se mantuvieron constantes, dejando una holgada situación fiscal.