JUAN SÁNCHEZ
"Mucho tiempo antes de que se llegue a la línea borde que indica que la organización está en problemas dentro ya todo se ha deteriorado" James Renier, cita de N.Tichy y M.Devanna.
Parece exagerado pero en los últimos tiempos he escuchado algunas frases que tienen similar impacto: "el preso es suyo" (senador Gandini en la interpelación al ministro Astori sobre asunto Bengoa) y "cada país tiene el tipo de cambio que se merece" (Elbio Fuscaldo, industrial textil sobre el asunto de la competitividad).
Algunos economistas empiezan a creer que el Banco Central del Uruguay está incurriendo ya en errores en su política monetario-cambiaria. No nos sorprende, dichos errores tienen consecuencias acumulativas a través de las cuales aquellos las visualizan y, aunque no son nuevos, ahora se hacen más evidentes.
Colegas de la Universidad de la República han manifestado que el Banco Central tiene problemas con su política monetaria-cambiaria desde hace algunos años. Otros colegas se enfocan en el frente fiscal y creen que el BCU no tiene margen para expandir su oferta de dinero, mientras otros economistas sostienen que las señales y las acciones del BCU o son inocuas o son restrictivas respecto de la oferta monetaria. También hay quienes sostienen que, dado que la política fiscal es lenta, debe aplicarse política monetaria para evitar mayor inflación, aun sabiendo que se está distorsionando el tipo de cambio real; el Subsecretario del MEF sostuvo que el dólar debería estar a $ 16. Si existe algún denominador común, a excepción de los jerarcas del gobierno, es cierta convergencia para entender que las políticas del BCU están haciendo "ruido" en las tendencias de equilibrio de mediano plazo.
VALE LA PENA INTENTARLO. Recientemente la Cámara de Industrias convocó para un ciclo de conferencias sobre distintas facetas de la política económica. Se presentaron diversos indicadores que hacen evidente que el sector productivo con mayor valor agregado tiene dificultades para competir, tanto en el mercado local como en el exterior, más allá de lo esplendorosa que se muestre la economía del país.
Entre otros aspectos se sostuvo, que la política monetaria está quedando demasiado "sola" como instrumento de política para alcanzar la estabilidad, algo similar a lo ocurrido con la política cambiaria a fines del tercer plan de estabilización -1982- en un contexto de señales muy contradictorias, como ahora.
Hace más de cuarenta años, según informes de la OIT, el movimiento sindical logró converger en una sola fuerza que se tradujo algún tiempo después en propuestas de política nacional independientes de los sectores políticos y que iban más allá de sus intereses sectoriales. Este movimiento originado en corrientes anarquistas, socialistas y comunistas europeas del siglo IXX, termina confluyendo en una fuerza política en los años setenta y treinta años más tarde lleva a la izquierda al gobierno nacional. Por tanto y a pesar de la inmediatez que nos gobierna, es posible reconocer esfuerzos de reflexión necesarios que se enfocan en analizar procesos de largo plazo que pueden terminar o no incidiendo en un futuro en el diseño de políticas públicas.
MITOS, CAMBIOS, SUBSIDIOS. La mayor inversión tecnológica de la historia del país (Botnia) es el resultado del esfuerzo deliberado de aplicar subsidios explícitos durante veinte años dirigidos al sector forestal. De hecho y a pesar de que esta realidad no es aceptada por los más ortodoxos, no es una experiencia aislada en el Uruguay Contemporáneo, sino que por el contrario existen otros antecedentes (cuenca arrocera, cuenca lechera y otros sectores se beneficiaron con subsidios implícitos en infraestructura de servicios, energía, agua, transporte, créditos) en los que los éxitos opacaron a los fracasos.
No son muchos los ministros de economía de los últimos treinta años de los que pueda sostenerse tuvieron escasos desaciertos u omisiones menores. Uno de estos casos es el de Ricardo Zerbino que demostró ponderación, pragmatismo y conocimiento de la realidad del aparato productivo nacional (recordar que los problemas derivados de los errores históricos en el manejo de la Seguridad Social y las reformas que por reacción se produjeron primero en 1987 y luego en 1989 no le son imputables).
En el ámbito universitario hemos enseñado durante años que si algo puede rescatarse de la gestión económica de los años setenta y antes del experimento de tipo de cambio fijo aplicado por el BCU a partir de 1978 -obsesionado también por la inflación- es que un tipo de cambio "realista" sumado al mecanismo de los reintegros fueron un mix decisivo para fomentar la expansión, la diversificación y el aumento del valor agregado de nuestras exportaciones.
Más recientemente establecer, como lo hacen varios colegas, una línea objetiva de referencia de largo plazo para el tipo de cambio real como el promedio simple en un período de x años termina validando una apreciación subjetiva de este indicador y del período que se reseña. Entendemos que este valor referencial hace que se subestime su trayectoria descendente y con ella los efectos nocivos que la inestabilidad y variabilidad de la misma tiene. Las políticas del BCU en los últimos treinta años han tenido que ver directamente con esta trayectoria y aunque esta afirmación es controversial, a nuestro juicio, es parte de un problema de diagnóstico que no ha sido laudado.
NO TODO ES LO QUE RELUCE. A pesar del optimismo oficial, existen críticas de la propia universidad estatal acerca de la política monetario-cambiaria antes mencionadas. Por otro lado, Horacio Bafico y Gustavo Michelin en este suplemento, acertadamente, han formulado algunas advertencias sobre el desequilibrio que una expansión acelerada de la demanda interna podría traer aparejado -recalentamiento de la economía, depresión del tipo de cambio real- mostrando que este crecimiento tiene zonas oscuras que aparecen detrás de la superficie.
La política monetario-cambiaria no reconoce ni convalida la inflación por shocks externos -que es un hecho- lo que inevitablemente provoca otros desajustes que quedan fuera de su control. Esta realidad genera pretendiéndolo o no distorsiones fuertes en la asignación de recursos y determina ganadores y perdedores sin medir consecuencias.
El Banco Central y el Banco República en lugar de mantener con sus compras el valor del dólar toman ventaja de su situación privilegiada operando con criterio estrictamente "comercial" (compran a precio barato, luego retiran pesos del mercado con diversos instrumentos y vuelven a comprar a precio conveniente: ¿cuál es el valor de ese "mercado"?). De hecho estas entidades públicas obtienen recursos beneficiándose del sistema tal como está diseñado y de la forma en cómo se gestiona.
SE ACABAN LAS MEDICINAS. Ningún plan de estabilización en el Uruguay ha tenido final feliz desde el siglo pasado, sin embargo y a pesar del shock externo que nuestro país está recibiendo, persiste la obsesión del Banco Central en conducir la inflación a menos del 6-7%. En definitiva, se insiste en vestir al perro con otros atuendos en un mercado dominado por las decisiones del operador-regulador que como tal empeora sus vulnerabilidades, disminuye la transparencia y concentra los riesgos en caso de fallas.
Uruguay salió fortalecido de la crisis del 2002 gracias a una "donación eventual" de los Estados Unidos y hoy su política monetario-cambiaria es Brasil-dependiente; un cambio en la política del país norteño hará inevitablemente que el Uruguay no demore en "aggiornarse".
Anticiparse para eludir este riesgo latente parecería más prudente que advertir que el dólar debería valer $ 15. Sería deseable que la determinación mostrada por el gobierno en defender una política monetaria-cambiaria de dudoso sentido y ambiguo resultado la pueda mostrar en sostener un "tipo de cambio" en la gestión del Estado que esté acorde con el que un país serio merece.