Pasemos revista a los aspectos que son relevantes a la hora de evaluar las perspectivas para el corto plazo.
Primero, el contexto externo. En un mundo sin las reglas políticas tradicionales rigiendo, la economía global sí las mantiene y se espera para ella un crecimiento económico estable, tasas de interés con nuevos escalones descendentes, la inflación que continúe apaciguándose y el dólar que se mantenga débil con materias primas cuyos precios no presenten cambios dramáticos.
Según el WEO del FMI, emitido la semana pasada, en cuanto al crecimiento económico se espera que “la inversión en tecnología, el apoyo monetario y fiscal, las condiciones financieras favorables y la adaptabilidad del sector privado contrarresten los cambios en las políticas comerciales”, destacando que “los principales riesgos son un reajuste de las expectativas sobre tecnología y una escalada de las tensiones geopolíticas”.
En cuanto a nuestros vecinos, Brasil seguirá barato y con poco crecimiento. Como es normal, no nos cinchará ni nos causará alarmas. Y Argentina volverá a crecer tras un año planchada (casi todo el crecimiento de 2025 fue arrastre estadístico desde 2024) y se espera que no presente cambios relevantes en sus precios en términos de dólares. Pero ya se sabe que desde allí pueden venir novedades de todo tipo, como fue notorio en un 2025 donde EE.UU. debió acudir en auxilio ante el estrepitoso fracaso del plan económico.
Segundo, el contexto político local. Donde el gobierno no cuenta con mayoría en Diputados pero se las ingenió para obtener una aprobación contundente del Presupuesto. Más allá de los habituales rifirrafes entre ambos bloques, no debería haber problemas para transitar una avenida sin grandes iniciativas desde el oficialismo que, en definitiva, no se diferencia demasiado de la oposición. Aunque, se sabe, no siempre los políticos conceden desde la oposición lo que plantean desde el gobierno.
Tercero, el punto de partida, cómo terminó 2025. Lo más notorio, la inflación incumplió la meta, desde abajo. Digo incumplió porque de eso se trata: la meta es de 4,5% y se está en 3,7% y bajando. Es tan problemático errarle para un lado como para el otro y declaraciones de jerarcas lo han dejado bien claro. Otra vez el daño colateral estuvo en el tipo de cambio real, que en el caso extra regional perdió 9% en el año y cerró 28% por debajo del promedio del siglo.
Esto tiene impacto fiscal y en el mercado de trabajo. El fiscal, por la diferente memoria de las reglas de indexación de ingresos y egresos, es negativo para las cuentas públicas. En el mercado de trabajo, dado el crecimiento de la economía, que suele aparearse con el de la masa salarial, un mayor aumento del salario real lo termina pagando el empleo, como sucedió en el último gobierno del FA.
Por lo que aquel desvío debería enmendarse a la brevedad con una bajada más rápida de la tasa de política monetaria y con intervenciones en el mercado de cambios por parte del BCU de modo que la preocupación manifiesta se traduzca en hechos y no quede en palabras.
Los bancos centrales suelen tener un mandato doble, lo que es clarísimo en el caso de la FED: estabilidad y crecimiento. Acá parece que al nuestro sólo le ocupa el primero. Y como suele ocurrir tarde o temprano, el segundo empieza a reclamar atención. La actividad económica está planchada desde enero y el número de ocupados, desestacionalizado, cae desde junio.
Cuarto: el gobierno se presenta jugado al crecimiento de la economía para obtener los recursos genuinos que permitan apuntalar sus políticas públicas (fiscal y sociales). Las expectativas (hasta 2028) apuntan a un crecimiento medio punto porcentual por debajo del previsto en el Presupuesto. No es dramático, pero no resulta cómodo, no sobra nada (por ejemplo, para “financiar” una inflación más baja).
Quinto, para ello el equipo económico busca impulsar las expectativas.
Lo bueno: da la impresión de que el MEF lidera la agenda y que tiene el respaldo de la cúpula del gobierno.
Lo malo: desde el MTSS se introduce ruido, con frecuencia y en abundancia. ¿Será que se arrepintieron de “comprar” las pautas salariales del MEF con desindexación incluida?
Lo que ilusiona: las novedades en materia de inserción internacional. En noviembre Uruguay fue aceptado para sumarse al CPTPP (Tratado Transpacífico) y ahora, en enero, el Mercosur y la Unión Europea firmaron su acuerdo. Muy buenas noticias, pero con impacto en el mediano y en el largo plazos.
Lo cierto: el MEF ajustó al régimen de promoción de inversiones, como suelen hacer los gobiernos en las primeras etapas de sus gestiones, de modo de adecuar el instrumento a sus objetivos. Eso, más los cambios que se dieron en la institucionalidad respectiva, son una buena base para esperar mayores inversiones.
Lo que se viene: las reformas pro competencia. Algo ya se vio en el año pasado, como muestra de las intenciones de las autoridades. Pero se trata de decisiones que requieren trabajo y era muy pronto para sacar mucho más que eso. Además, se trata de decisiones que suelen afectar intereses creados que existen desde tiempo inmemorial, por lo que cada decisión es una batalla. Un ejemplo: lo referido a los despachantes de aduana. Es el problema de tener regulaciones con pocos beneficiarios concretos y muchos afectados dispersos. Cabe esperar que el gobierno presente este conjunto de reformas a más tardar en oportunidad de la Rendición de Cuentas.
Lo incierto: hasta ahora, parece claro que en el gobierno prevalece la línea del MEF. Es decir, no apartarse del rumbo habitual del país, más allá del gobierno de turno, lo que da certezas y permite que no se ande a los tumbos. Pero resulta obvio que esa no es la posición unánime en el FA. Lo referido al MTSS es un ejemplo de ello. Otro, es la propuesta del “impuesto a los ricos” con mucho eco en la izquierda y que estará sobre la mesa en este año. También las ideas trasnochadas de algunos sobre la seguridad social.
En ese contexto, resulta clave el impulso del MEF para que siga habiendo buenas noticias en la economía, que permitan mostrar medidas y resultados en lo social, que es central al programa del FA. Si las cosas van bien, el rumbo no corre riesgos. De lo contrario, se verá fortalecida la visión alternativa.