Recaudar, repartir y postergar

 20111009 800x530

JUAN SÁNCHEZ

La nieta de un oficial del Titanic en su viaje a Nueva York reveló detalles de las decisiones de último momento en el barco más famoso de la historia: sostuvo que la tragedia se originó, más que por una confusión, por una serie de errores increíbles que se mantuvieron en secreto por conveniencia.

Un error del timonel en el protocolo y el empecinamiento del presidente de la firma dueña del buque en la creencia de que era indestructible agravaron el incidente pasando de ser un asunto serio a una experiencia escalofriante, motivado por una convicción de "expertos" que, no se puede negar, tenían sus razones (1).

En la misma línea de cuestionamientos sobre la verosimilitud o no de la información oficial, Isabel Allende en su visita reciente a Uruguay ejemplificaba respecto de la investigación base de sus novelas que "no me interesa la versión oficial de la fiebre del oro", "ni la de los blancos que llegaron allí tiempo después que ya estaban los mexicanos y otros extranjeros, me interesan los documentos originales".

La versión oficial de la situación económica que vive Uruguay es tema de discusión, consulta y preocupación de muchos. Algunos creemos que la que da el Ministerio de Economía y/o el Banco Central del Uruguay, nos puede llevar a una visión sesgada de la realidad, a subestimar los problemas y, con ello a acentuarlos, a diferir las soluciones y a generar diagnósticos poco útiles, entre otras desventajas.

Puede juzgarse lógico, pero debería existir al menos cierta inclinación a la autocrítica para entender y atender otros argumentos que los propios, discutir soluciones con diversos actores y sectores de toda la sociedad, antes que sea tarde, dejando de lado aspiraciones y prioridades políticas de parte de los jerarcas involucrados, ya que esto solo genera ruido y desconfianza pero, honestamente, por ciertas actitudes lo vemos poco factible.

REFORMA SIN SENTIDO. Los romanos antes de Cristo ya habían aprendido la necesidad de ser eficaces a toda costa en los mecanismos de captación de sus recursos desde los territorios conquistados, clave para conservar el poder, expandirse y ampliar el control sobre los mismos; pero, sin embargo, no pudieron superar el estado de barbarie institucional aun cuando cabe reconocerles que, al menos, priorizaron las obras de infraestructura y las necesidades primarias de sus ciudadanos, lo que no es poco.

Sin Reforma del Estado, perfeccionar los mecanismos de captación de recursos sin ganar en transparencia, equidad, equilibrio (valoradas por entidad independiente) puede ir contra las prácticas de un buen padre de familia y la eficacia y la ética de un buen administrador.

La informalidad se mide por cientos de miles (personas y empresas), los "infractores" están por todos lados, muchos lejos de la garantía o la cobertura que da la Administración Pública y el Estado, algunos sobreviviendo a las condiciones dadas por una de las naciones con una relación de costos internos más altas del mundo (salarios, insumos, tarifas, servicios), salvo que hayan logrado asegurarse un contrato con el Estado u otro tipo de facilidades que les compense. Ese Estado parece estar demasiado ocupado por sus compromisos, ataduras, equilibrios e ineficiencias, cuando no lidiando con su propia corrupción y, por tanto, somera es la energía y los recursos que le permiten ocuparse de los sectores que quedan al margen.

NOBLEZA OBLIGA. Quizás, algo de culpa nos toca al no habernos sumado a las críticas que desde el principio muchos analistas le hicieron a la Reforma Tributaria a pesar del valioso aporte de los expertos Roca y Barreix. Honestamente, confiamos y sostuvimos (aún lo seguimos creyendo) que no iba a tener las consecuencias catastróficas que algunos pronosticaron y opinamos que tendría cierto efecto distributivo al cambiar el IVA por este impuesto implantado en sociedades más avanzadas (de hecho los argumentos que en Uruguay era inviable, como se sostenía, eran poco acertados y también ciertamente ideológicos).

Sin embargo, podríamos haber advertido cuando ponderamos positivamente la Reformas de la DGI y desestimamos las críticas a la posterior Reforma Tributaria (el BPS es una situación paralela) que esta mejora de la eficacia de un organismo de este tipo, si no se iba a acompasar recíprocamente de la misma eficacia en la Reforma del resto del Estado, no valdría la pena. Esta no solo ha quedado en promesas sino que, salvo apariencias y formalidades, ha sufrido una involución en sus aspectos sustantivos.

Perfeccionar los mecanismos e instrumentos para perseguir "infieles" en la situación de Uruguay hoy es una mala idea y un desacierto en la forma de interpretar la realidad de lo que necesitan el Estado y el país.

El Ministerio de Economía aplica políticas macro que distorsionan los precios relativos de la economía en su conjunto desde hace tiempo (asunto serio que hemos tratado en otras columnas), convalida una determinada asignación de recursos y afecta sistemáticamente a algunas actividades, sectores, grupos y personas más que a otros, lo que estamos convencidos, se podrá notar más claramente cuando termine la bonanza importada de que gozamos como todo el resto de América Latina. En este marco, el ministerio además refuerza las acciones de esta dependencia fiscalizadora permitiendo o promoviendo se extralimite y sobreactúe en su función recaudadora, cuando no se ha comprometido con la Reforma del Estado en absoluto, no dando por tanto garantía de equilibrio, equidad y ponderación, más allá del ámbito de la justicia.

PRIMERO LO PRIMERO. Consolidar y perfeccionar los mecanismos para captar recursos sin haber cumplido con una reforma de los gastos, de su distribución y de cómo el Estado administra sus recursos y contrata personal, que lleve a una mejora real de las prestaciones, priorizando a usuarios, consumidores y contribuyentes, es un error de estrategia política y de gestión. Para insistir persiguiendo infieles, el Estado debe hacer lo suyo primero y preocuparse menos por fortalecerse a sí mismo o al gobierno de turno.

El politólogo Gerardo Caetano ha sostenido que Batlle y Ordóñez era un inmoderado, que tenía sentido de la urgencia y que en su segunda presidencia en 1911, hace 100 años, envió decenas de proyectos de ley ganando y perdiendo (2). No voy a hacer la apología del ex mandatario ya que otros la pueden hacer mejor que yo, pero no queda mucha duda (a través de quienes la han estudiado) que arriesgó a favor de sus convicciones y en defensa de lo que entendía era el interés colectivo y más allá de los errores que pueda haber cometido.

Se puede perder y se puede ganar, lo que no se puede es no hacer nada. Reformar el Estado, combatir la inoperancia, el abuso, la corrupción, el reparto de favores y ocuparse de generar la infraestructura necesaria para el desarrollo económico y social del país en una región que hasta ahora ha desbordado de recursos.

Perseguir a los ciudadanos con la excusa de una formalización contable (en teoría una medida de sana administración), en este caso está fuera de contexto y debería supeditarse a cumplir primero otros compromisos que todavía el Estado tiene con toda la ciudadanía.

La discusión sobre el liderazgo del partido de gobierno puede servir a los que se miran el ombligo, pero no va a solucionar los temas pendientes, puede generar la ilusión de que esperando a un Mesías se puede anestesiar a mucha gente y tirar la pelota para adelante. Creemos que el presidente Mujica tiene que hacer trabajar a sus ministros para corregir errores, abusos, concentración de poder y escuchar también a la oposición en busca de la revisión de una estrategia de país hacia el cual nos estamos dirigiendo y en la que seguro no estamos todos de acuerdo, quizás, él tampoco.

(1) Ver Louise Patten en "Bueno como el Oro". Según la autora un error que se mantuvo en secreto durante las investigaciones que siguieron, primero por temor a una bancarrota de la naviera y, luego, por temor a arruinar la reputación de un sobreviviente y posterior héroe en la segunda guerra mundial. Si todo esto es cierto o no, nadie lo sabrá con certeza, pero las conclusiones son igualmente válidas, como si lo hubiera sido, porque las chances se mantienen intactas.

(2) Ver Gerardo Caetano en La República Batllista.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar