Presupuesto: más atraso cambiario

 20100919 800x530

JAVIER DE HAEDO

Desde mayo, cuando se conocieron las pautas con las que por entonces trabajaba el MEF en la elaboración del presupuesto para los próximos cinco años, dediqué seis de estas columnas semanales al análisis de dicho instrumento de gobierno. Aquí va la séptima y posiblemente la última, salvo que en el correr de su tratamiento parlamentario haya cambios sustanciales ya sea en el contexto macroeconómico, lo que es poco probable en un horizonte cercano, ya sea en el monto total del gasto presupuestal. Esto último también es poco probable a estar por lo expresado por el Poder Ejecutivo en cuanto a que no habrá de enviarse al Parlamento mensajes complementarios a ambas cámaras.

Esa es una de las buenas noticias que han surgido del trabajo presupuestal en esta oportunidad, dado que históricamente los mensajes complementarios eran aditivos al proyecto original, que lo encarecían considerablemente. Claro está que esto tiene que confirmarse en los hechos, para lo cual sólo basta esperar. Lo mismo ocurre con la otra buena noticia de este proyecto de ley, el artículo 85, que establece que "El incremento en las asignaciones presupuestales autorizadas para cada ejercicio en la presente Ley a partir del ejercicio 2012, estará supeditado al cumplimiento de las previsiones de crecimiento del producto bruto interno consideradas en las proyecciones macroeconómicas incluidas en la exposición de motivos de la presente Ley". En este caso, lo que cabe esperar es que dicho artículo sobreviva al pasaje del proyecto de ley por ambas cámaras.

La otra novedad de los últimos días es, en cambio, bastante preocupante. Es novedoso porque ha sido confirmado oficialmente, no porque no fuera esperado. El ministro Lorenzo ha dicho (con cierta simetría con relación a lo establecido en el artículo 85) que en caso de que el PIB termine creciendo más de lo previsto los recursos fiscales resultantes se volcarán a más gasto en próximas instancias presupuestales (rendiciones de cuentas).

Pero esa simetría no es en absoluto pertinente ya que se parte de un nivel del PIB claramente ubicado por encima de la tendencia de largo plazo y se prevé que permanecerá allí a lo largo de todo el quinquenio por venir. En ese contexto, un crecimiento adicional del PIB nos alejaría todavía más de dicha tendencia, salvo que se creyera que esa situación fuera permanente, por ejemplo si se estimara que la tasa de crecimiento a largo plazo fuera aún mayor que la actualmente considerada.

Como hemos visto en columnas anteriores, el escenario mundial que se toma como base para la construcción del presupuesto es optimista y el objetivo fiscal, con un déficit en el entorno de 1% del PIB en cada año, es muy poco ambicioso.

Un escenario mundial menos favorable afectará el resultado fiscal, salvo que se aplique lo establecido en el referido artículo 85 o algo por el estilo. Pero el deterioro también puede venir por el lado de las empresas públicas, que en el punto de partida de la programación presupuestal han recuperado su resultado financiero, el que se encuentra en un punto relativamente alto y positivo, al contrario de lo ocurrido en tres de los últimos cinco años. Resulta difícil pensar que en cinco años no habrá sequías y consiguientemente problemas para generar electricidad a partir de agua. Más allá de la mejoría financiera reciente, tanto UTE como ANCAP siguen altamente endeudadas y el Fondo de Estabilización Energética en proceso de creación aún no ha alcanzado una magnitud suficiente como para enfrentar una crisis como las de los últimos años.

Y no debe olvidarse que aún en un escenario de cumplimiento de los supuestos con los que está trabajando el MEF, es habitual que sobre el final del período de gobierno haya un aumento "estacional" del déficit fiscal, debido a la regla fiscal no escrita que existe en nuestro país y que consiste en la existencia de "carnavales electorales". En el promedio de los últimos cinco períodos de gobierno, en el cuarto año del período hubo un deterioro fiscal de medio punto del PIB y en el quinto y último año un deterioro adicional de un punto del producto. Esto ha ocurrido con diferentes contextos externos y de crecimiento económico doméstico y se ha debido en gran medida a aumentos extraordinarios de gastos. La única excepción a esa regla se dio en el período de gobierno del presidente Batlle.

Un último elemento al cual quiero referirme, por ahora, con relación al presupuesto, surge de uno de los cuadros incluidos en la exposición de motivos, el referido al "flujo de fondos del Gobierno Central" para el período de 2010 a 2014. Son fuentes de fondos el superávit primario y el aumento de la deuda mientras que son usos de fondos los pagos de intereses y las reducciones de deuda. Las variaciones de deuda pueden deberse a títulos emitidos por el gobierno y a créditos de organismos internacionales. La variación de las reservas puede ser también una fuente o un uso de fondos.

En dicho cuadro, y para el conjunto del quinquenio, se observa una considerable diferencia, de más de US$ 3.000 millones, entre la suma de los superávits fiscales primarios previstos y la suma de los pagos de intereses proyectados. Es decir un promedio de más de US$ 600 millones anuales, lo que viene a ser, por lo tanto, el resultado fiscal previsto para el Gobierno Central: un déficit consuetudinario y considerable, algo insólito para el escenario previsto.

El tema no es nada menor porque mientras que el superávit primario produce moneda nacional (se trata de un excedente en pesos uruguayos), los pagos de intereses insumen moneda extranjera, básicamente dólares. Es probable que con el transcurso del tiempo y en la medida en que se avance en la sustitución de deuda en dólares por deuda emitida en pesos en el mercado local, como está previsto, haya una creciente participación de pesos en los pagos de intereses. Pero por el momento y seguramente en los próximos cinco años, será abrumadoramente mayor la fracción de intereses a pagar en moneda extranjera. Y, lo más importante, será mayor al superávit primario en pesos concomitante.

Queda claro que se prevé obtener, entonces, una parte sustancial de los dólares necesarios para pagar intereses, mediante deuda y no mediante su compra en el mercado local con pesos provenientes de un insuficiente superávit primario. Esto, sin más vueltas, se llama inducir atraso cambiario.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar