Precios que no sorprenden

| Todos los aumentos salariales avalados por el gobierno están por encima de la inflación

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NÉSTOR SCIBONA | LA NACIÓN

Créase o no, hay precios que han bajado o que no han subido en los últimos seis meses. Y otros que, sin duda, han aumentado demasiado en el mismo período. Una y otra realidad, sin embargo, contrastan con la sensación generalizada entre los consumidores de que todos los precios suben y mucho en la Argentina. Esta percepción, paradójicamente, ha sido alentada en buena medida por el propio gobierno de Néstor Kirchner tras la absurda decisión de alterar el índice que mide la inflación, para disfrazar públicamente su comportamiento.

A falta de un termómetro confiable, cualquier consumidor puede recurrir a un recurso infalible: guardar el ticket de un supermercado y al cabo de un tiempo razonable repetir la misma compra en el mismo comercio. Este ejercicio depara más de una sorpresa.

La comprobación que se resume a continuación fue realizada en el local de una cadena nacional de supermercados ubicado en el norte del Gran Buenos Aires, una zona de clase media alta y buen poder adquisitivo, en el lapso de seis meses considerado entre fin de octubre de 2006 y de abril de 2007.

Una primera conclusión es que los precios que más aumentaron son los que el gobierno ha tratado de controlar con escaso éxito. Es el caso de la carne (16%), quesos y algunos lácteos (12/40%) o vinos finos de consumo corriente (30%); sin contar las verduras y frutas que presentan grandes altibajos estacionales (con alzas de hasta el 100% y bajas de hasta el 50%).

Pero otra es que han desaparecido del supermercado las listas de precios acordados con empresas líderes para alimentos envasados, bebidas y productos de limpieza, no obstante lo cual algunos de esos productos muestran bajas significativas (de hasta el 30%), que se alternan con otros incrementos similares y valores sin cambios. A pesar de estas variaciones, la compra de la misma canasta de ese tipo de productos (que pasó de 141,22 a 148,27 pesos) significó este mes un aumento total de 5% en relación con octubre del año pasado. Este porcentaje es idéntico al que se incrementó el nivel general del índice de precios al consumidor en el mismo semestre y aún más bajo que el registrado por el rubro alimentos y bebidas (8,1%) del manoseado IPC.

A partir de aquí, conviene analizar casos particulares, porque hay de todo. Tal vez porque la competencia puede más que los acuerdos, pueden encontrarse bajas considerables en limpiadores con amoníaco (-12,3%); lustramuebles (-20,9%); vainillas (-3,8%) o galletitas tipo crackers (-8,1%). Pero esta rebaja se compensa con un aumento (21,9%) en las galletitas dulces surtidas. Otra curiosidad es que sube el precio de las aceitunas verdes (9%), pero baja el de las negras (-5%) de la misma marca. Los snacks muestran caídas de 5% (maní salado) frente a un alza simultánea en papas fritas (13,7%) de primera marca, aunque en este caso con un envase de menos contenido e igual precio que en octubre.

La flexibilización de los acuerdos de precios puede comprobarse en aumentos semestrales de las gaseosas (5,3%) y cervezas de un litro (6,5%), aunque baja el pack de seis latas (-2,7%) y el agua mineral de 2 litros (-2%), mientras sube la soda en sifones (3,6%). Hay también incrementos verificables en atún en aceite (15,5%); leche para bebes (3,5%) y huevos (nada menos que el 43%). En artículos de limpieza, a su vez, el podio está encabezado por trapos rejilla (110%); jabón de tocador (30,2%) y rollos de cocina (21%), si bien en algunos casos significan pocos centavos de aumento cada mes.

Moraleja: mal que le pese a Guillermo Moreno, cuyas acciones vienen en baja, resulta imposible controlar por mucho tiempo un universo tan amplio de precios, y menos en un contexto general en el que la inflación tiende a crecer, impulsada por una política económica que estimula el consumo como herramienta electoral y por encima de lo que puede crecer la oferta.

PRESIONES ALCISTAS. Una prueba es que el gasto público muestra en el primer trimestre una suba promedio cercana al 40% con respecto al mismo período de 2006. Otra, que todos los aumentos salariales avalados por el gobierno están por encima de la inflación, que difícilmente pueda retroceder en los próximos meses a la pauta oficial de un dígito anual.

Hasta ahora, la consecuencia de esta estrategia es que los precios tienden a subir por la mayor demanda y también por mayores costos, ubicando a la inflación en un escalón más alto que el que marcan las estadísticas oficiales. La denominada inflación core que mide el Banco Central (sin incluir productos estacionales ni tarifas reguladas), se estabilizó en los últimos meses en una franja del 0,6% al 0,9% mensual, que en este extremo arroja un incremento anual de dos dígitos (13-14%). Esto hace que, al menos en teoría, la recuperación del salario real no sea tan amplia como se la presentó en el promocionado acuerdo con la CGT, con un tope del 16,5%. Excepto que se consideren las mejoras incluidas en la letra chica de la mayoría de los convenios, que en la práctica se traducen en subas superiores a 20%.

El problema que enrarece todo el panorama es que además el gobierno decidió camuflar el índice de inflación y transformarlo en otra herramienta político-electoral. Las instrucciones que Beatriz Paglieri impartió a los encuestadores del Indec revelan la discrecionalidad con que se manejaron en los últimos meses las mediciones de algunos rubros clave del IPC. Para esta funcionaria, colocada por Moreno, los resultados que busca el gobierno en materia de inflación están por encima de la realidad.

La designación de la nueva conducción en el Indec promovida ahora, y con bastante retraso, por la ministra Felisa Miceli, probablemente logre apaciguar el convulsionado clima interno dentro del organismo. De hecho, el nuevo titular era delegado de ATE, un gremio que últimamente se enfrentó con el secretario de Comercio tanto como los dirigentes ruralistas, indignados por los precios máximos de la hacienda. Aunque los objetivos anunciados por Miceli sean elogiables, no terminan de despejar dudas. ¿Podrá resistir la nueva conducción del Indec las presiones oficiales, si el índice de inflación de un mes no arroja el resultado deseado por la Casa Rosada? Después de todo, nada de lo que hizo o dejó de hacer Moreno fue ajeno al aval de Kirchner.

La desconfianza alrededor del IPC ya está instalada y costará mucho tiempo revertirla, sobre todo cuando una inflación de dos dígitos anuales surge del promedio de precios y tarifas congelados con otros que pueden subir el 20 o el 30% de un mes para otro, como ocurre con muchos servicios privados (seguros, clubes, TV por cable, colegios y universidades privadas, medicina prepaga, etc.), que consume una clase media sometida a alta presión tributaria. Pero a la larga, una inflación alta perjudica a los pobres, incluidos entre ellos los jubilados. Más que empresarios y comerciantes buenos y malos, como suele dividirlos el gobierno, en esta historia hay un mal manejo de política económica, aunque pocos se atrevan a resaltarlo.

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