Política comercial sin rumbo

Ha hecho muy bien el senador Abreu en procurar en el Parlamento una discusión sobre el rumbo de la política comercial. Es un tema de singular trascendencia siempre, pero más hoy cuando señales tan fuertes del mundo y de la región, están poniendo todo el esquema de negociaciones en entredicho. Se trata de un momento que requiere de la máxima pericia y el gobierno, que no dispone de las mejores capacidades profesionales en este tema, hace bien en apelar a respaldos técnicos y políticos para trazar una estrategia negociadora, en especial para reaccionar a la embestida proteccionista de los socios del Mercosur. La pena es que el rumbo que va tomando no parece en absoluto el mejor.

PROTECCIONISMO PURO. Como es de conocimiento, nuestros vecinos se encuentran por diferentes razones en un revival proteccionista. Argentina evidencia un trasfondo político dirigido a lo que llama la reindustrialización del país, apelando para ello a las herramientas de siempre, que instalan una industria que solo vive del mercado interno. Es así que a las detracciones se agregaron las cuotas en exportaciones e importaciones a través de las licencias no automáticas, lo que ya ha tenido un costo. Desde 2007 hasta 2011, la participación de las exportaciones en el PIB -ya castigadas por las retenciones- cayó del 24,6% al 20,9%, y la de las importaciones lo hizo del 20,3% al 18,4%, lo que indica que estas políticas comerciales han sido más eficaces en reducir las primeras que las segundas, dando lugar así a una menor oferta neta de dólares. Parte de este fenómeno se debe al magro ahorro de divisas de las más recientes sustituciones de importaciones por industrias que, en muchos casos, importan hasta el 90% de sus insumos, y a que el perjuicio de medidas como las licencias no automáticas es más gravoso para las exportaciones, que el beneficio que suponen para las industrias sustitutivas. Como siempre.

Al furor ideológico reindustrializador se suman dos circunstancias compartidas en parte con Brasil. La primera es la pérdida de competitividad externa producto de un manejo populista del gasto público, también con aumentos de salarios por encima de la productividad, desatando una inflación en moneda local muy superior al movimiento del tipo de cambio. Este encarecimiento en dólares se sostiene por un tiempo con proteccionismo.

A este desorden en las políticas domésticas se suma ahora un temor a productos chinos buscando destinos alternativos a las compras de los países europeos en recesión. Pero si los chinos no pueden colocar sus productos en Europa, los precios de los bienes transables simplemente caerán, así ingresen o no en estas latitudes, arrastrando en su caída los precios domésticos salvo medidas muy duras de sostener hoy en día, que el consumidor sabe lo que valen las cosas en el mundo.

De manera pues que por ideología, por desequilibrios macroeconómicos, o por temor a los productos chinos combinados con recesión mundial, los vecinos han resuelto encerrarse y hacerlo en sociedad. Estos son hechos. Da igual cuánto se alejen de paradigmas firmados en su momento. Por este motivo, entre otras alternativas, propusieron a nuestro país elevar con sentido proteccionista el arancel externo común y, lamentablemente, nos enteramos que el gobierno estaría dispuesto a acompañar el pedido con un cierto apoyo de la Cámara de Industrias. Se trataría de algo por lo menos imprudente al resolverse -de hecho una reformulación del Mercosur- sin enterar a la opinión pública o al menos a sus representantes legítimos, si no se quiere hacer pública una negociación.

EL GOBIERNO. Se equivoca feo en un tema muy delicado. Es cierto que si los dos países elevan el AEC y nosotros no, podemos imaginar que el aumento de preferencia resultante para nosotros podría suscitar más trabas de parte de los vecinos. Dicho de otra forma, si hay una decisión de encerrarse, el gobierno elige la peor opción, que es acompañar el proceso. En lugar de dejar el AEC como está y velar por más independencia negociadora, elige aceptar lo peor, o sea admitir aumentos en el AEC y cupos que suponen comercio administrado, a cambio de que no le pongan trabas a nuestros productos. Véase de dónde partimos: de un punto peor a la época del PEC y CAUCE, cuando habíamos llegado a cupos ilimitados para una buena parte de nuestra oferta exportable. Ahora en cambio, insólitamente, es el propio país que los propone combinando ignorancia histórica, algo de ingenuidad, y travesuras de los industriales que deben estar soñando con ser ellos los administradores de los cupos. Yo creo en una sola respuesta: ni aranceles, ni comercio administrado, ni participación gremial, ni cupos, ni nada. Es muy ingenuo creer que quien no respeta nada de lo firmado, se va a sujetar religiosamente a una disciplina distinta en base a cupos. Es ingenuo y peligroso, porque supone depositar más poder en quienes administren esos cupos, ya sea el gobierno o los industriales, en cualquier caso no estoy de acuerdo. A lo mejor un día hay que llegar a eso pero nunca a pedido nuestro. Y si estamos peor que en los ochenta, por qué no alentar en cambio una "unilateralización de la apertura" que, aunque parece un juego de palabras, no es sinónimo de apertura unilateral. Esta última supone abrirse al mundo de modo autónomo, bajando aranceles, eliminando restricciones, etc. La que propongo, la unilateralización de la apertura, significa desde ahora rescatar la soberanía para resolver, abriendo más la economía o demorándolo, pero en cualquier caso con arreglo a un proyecto propio, sin permiso de los vecinos y en acuerdo con las fuerzas políticas.

Sé bien que, por desgracia, nuestros productos industriales tienen como destino preferente la región. Pero aquí otra vez es el tema del huevo o la gallina; si seguimos alentando la preferencia regional eso será lo único que tengamos. Pensando un poco en el pasado mañana esto es muy negativo. Por otra parte, no me imagino un crecimiento importante de la inversión extranjera directa si el comercio exterior se hace más y más dependiente de un barrio por lo menos díscolo, no parece sensato. El senador Abreu subrayó en la comparecencia del gobierno al senado como lo más favorable lo que comparto, ganar en flexibilidad comercial, pero tomando distancia de los socios.

Más allá de reconocer que se trata de decisiones difíciles, lo que definitivamente no debería ocurrir es que estos temas no se difundan entre quienes corresponde, procurando decidir con amplio consenso político en temas tan delicados, convocando además a los mejores donde estén, y definitivamente lejos de lobbies. Porque -además- pensar que el proteccionismo industrial es un tema que atañe solo a los que fabrican ese tipo de bienes y no por ejemplo a los exportadores es también un gravísimo error conceptual.

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