HORACIO BAFICO Y GUSTAVO MICHELIN

Polémica sobre pasividades está fuera de foco

A 20 años de la reforma, expectativa de vida creció 2,5 años (mujeres) y casi 4 (hombres).

Los cincuentones tienen previsto movilizarse frente al Palacio Legislativo el 5 de diciembre. Foto: F. Ponzetto
Foto: F. Ponzetto

La discusión sobre la solución al problema de los "cincuentones" tiene en la actualidad el eje en el costo en impuestos que tendrá sobre el resto de la sociedad. A veces asoma por detrás el viejo debate sobre si debe o no existir el régimen de ahorro individual obligatorio con la presencia de las AFAP. Sin embargo, cuando se buscan los principales problemas de la seguridad social, la discusión relevante debería tocar dos temas: la extensión de la esperanza de vida de la población y el inconveniente de indexar las pasividades al índice de salarios.

Una de las principales coberturas de la seguridad social es la pérdida de la capacidad de generar ingresos tanto cuando se envejece como si hay determinada invalidez o si fallece un integrante del hogar. Sin lugar a dudas, es un tema social por lo cual el Estado decide participar y obligar a la gente a tomar determinada cobertura. Por más que parezca natural que toda persona debería pensar en ahorrar para su vejez, eso no es así porque hay dificultades para percibir con anticipación dicha necesidad. Se ahorra poco para la vejez y es por eso que el Estado decide crear mecanismos que den determinada cobertura.

Hay diferentes formas de intervenir en la vida de la gente para asegurarles algún ingreso para cuando envejezcan. En el régimen actual en nuestro país hay tres: un pilar de solidaridad o reparto intergeneracional, otro en el que se capitalizan los ahorros y el tercero es el de una asistencia mínima del Estado en situaciones extremas cuando no se generan condiciones suficientes para los otros pilares.

La evolución demográfica de la población impacta en los dos regímenes no asistenciales. En los dos casos se trata de ahorrar mientas se está en actividad plena para recibir ingresos cuando se produzca el retiro de la actividad hasta el momento en el que la persona fallece. Por lo tanto, es fundamental la relación entre el período de tiempo en el que se aporta y el período de tiempo en el que se reciben los beneficios.

Esta relación se ve afectada por la edad en la que se empieza a aportar, la edad a la que se puede jubilar la persona y la edad de fallecimiento. Estas tres fechas cambian a lo largo del tiempo exigiendo ajustes en los pilares de la seguridad social. Las dos primeras tienen que ver principalmente con los incentivos del propio régimen y condiciones del mercado laboral, la tercera es un tema biológico.

En el gráfico de la parte superior del cuadro adjunto se ilustra la evolución a lo largo del tiempo de la esperanza de vida al nacer por género en Uruguay y las proyecciones para los próximos treinta años. En la medida que pasa el tiempo se extiende la edad promedio de fallecimiento de las personas y se prevé que esto siga así en el futuro. Entre la reforma de 1979 y la de 1996 los hombres ganaron 3 años de edad y las mujeres 4,3 años. Se estima que en los veinte años desde la reforma los hombres ganan casi 4 años de edad y las mujeres 2,5. Para los próximos veinte años se espera una ganancia de 3,7 años en los hombres y 2,7 en las mujeres.

El impacto financiero de estos saltos ocurre sobre la fecha indicada. Esto es, la mayor sobrevida actual respecto a la década de los noventa se está pagando hoy. Si no se quieren mover las edades mínimas de jubilación todos los años, cuando se espera que se agreguen dos o tres años de sobrevida adicionales, por lo menos deberían revisarse; ya estamos en fecha.

Otro punto que surge del gráfico es la diferencia en la expectativa de vida entre la mujer y el hombre. Tuvo un máximo de 8 años en 1996, en la actualidad es de 6,8 años y en los próximos 20 años se proyecta que las mujeres vivan 5,7 años más que los hombres.

Otro elemento a considerar cuando se manejan expectativas de años de vida es que la edad de fallecimiento va aumentando en la medida que la persona acumula años de vida. Por lo tanto, una persona de 60 años de edad tiene una expectativa de vida superior a un recién nacido.

En el Gráfico de la zona media del cuadro se muestra la evolución por género para los 55, 60 y 65 años de edad considerando como referencia la realidad del año 2010. Entonces, se espera que los hombres de 65 años de edad vivan hasta los 81 años de edad en promedio y las mujeres de 60 años lo hagan hasta los 85. Por lo tanto, cuando se compara un hombre que se jubila a los 65 años de edad y una mujer que lo hace a los 60, hay que tener en cuenta que hay una diferencia de 10 años que impactan en el que tiene que hacerse cargo la pasividad.

La consecuencia financiera en el esquema tradicional del BPS, que es el reparto intergeneracional, es la proporción de personas en edad de retiro sobre las que están en edad de trabajar. En el gráfico de la derecha en la zona media del cuadro se ve que de acuerdo a las proyecciones de población del INE se pasa del 24% al 31%. La consecuencia de esta evolución es el desfinanciamiento porque es menor la cantidad relativa de aportantes y por lo tanto deberá aumentar la tasa de aportes para sostener los pagos a los pasivos.

Entonces, hay necesidad de corregir los parámetros cada tanto y en esos ajustes se debe tomar en cuenta que hay diferencias importantes en el financiamiento para los hombres y para las mujeres, que se agravan cuando se fijan fechas diferentes de retiro. Pasaron más de 20 años desde el último ajuste de parámetros y el nuevo empieza a aparecer como necesario. Es difícil que ocurra en un año pre-electoral, pero deberá formar parte de la agenda de comienzos del próximo gobierno para que no afecte negativamente a los gobiernos del 2030 en adelante.

El otro tema relevante para la salud de la seguridad social es la indexación a los salarios. En el último gráfico del cuadro adjunto se observa la evolución del indexador corregida por el costo de la canasta de consumo (IPC). Tomando la información desde que está la reforma constitucional, la ganancia media de las pasividades fue del 1,1% real anual. Para generar este incremento anual, los pasivos tienen que soportar que en algunos años los salarios suban menos que el costo de vida y por lo tanto tener una caída del poder adquisitivo. Por ejemplo, en los últimos treinta años hay seis en los que la variación fue negativa, o sea los pasivos pudieron comprar menos que en el año inmediato anterior.

Es otro tema que difícilmente ingrese en la discusión política si no hay consenso en el apoyo a darle y la incidencia que tendría en la población en la medida que se jubila. Como se necesita reforma constitucional, la oportunidad estaría conjuntamente con las elecciones nacionales de 2019.

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