Pobreza multidimensional: una guía para asignar mejor el gasto y exigir rendición de cuentas a los organismos públicos

A veces la pobreza no aparece con claridad en el ingreso, pero sí en la acumulación de carencias que van limitando la vida de las personas.

Pobreza en Montevideo
Pertenencias de personas en situacion de calle en ventanas de vivienda abandonada en Charrua y Magallanes, en el barrio Cordon de la ciudad de Montevideo, pobreza, indigentes, ND 20250401, foto Ignacio Sanchez - Archivo El Pais
Ignacio Sanchez/Archivo El Pais

Hace unos días, en una conversación cotidiana, alguien decía que conocía una familia que “no es pobre”, porque en esa casa entra un ingreso todos los meses. Sin embargo, agregaba enseguida, viven hacinados, uno de los gurises dejó de estudiar, el trabajo es inestable y no tienen cobertura social. La frase me quedó resonando, porque muestra que la pobreza no siempre se deja ver en un solo dato. A veces no aparece con claridad en el ingreso, pero sí en la acumulación de carencias que van limitando la vida de las personas. Ahí es donde la pobreza multidimensional empieza a decirnos algo importante.

Si uno mira qué es lo que más pesa dentro de la pobreza multidimensional en Uruguay, aparecen con fuerza tres núcleos muy claros: el empleo, la vivienda y la educación. Dentro de ellos sobresalen privaciones muy concretas, la informalidad y otras formas de inserción laboral precaria, los problemas en las condiciones habitacionales y también la insuficiencia de años de escolarización. Dicho de otro modo, una parte importante de la pobreza multidimensional en Uruguay se explica por hogares donde se acumulan trayectorias educativas débiles, trabajos frágiles, y condiciones habitacionales precarias.

Durante décadas la pobreza fue observada, sobre todo, desde el ingreso. Esa medición sigue siendo indispensable, pero no alcanza por sí sola. Dos hogares con ingresos parecidos pueden enfrentar situaciones muy distintas. Uno puede tener una vivienda adecuada, una trayectoria educativa relativamente sólida y empleo formal. Otro puede arrastrar rezago educativo, precariedad laboral, carencias habitacionales y débil protección social. El ingreso ayuda a ver una parte del problema; la pobreza multidimensional permite ver cómo varias desventajas se superponen en la misma vida.

Ese es precisamente su mayor aporte como instrumento de política pública. El índice no solo informa cuántos pobres hay; también permite identificar qué privaciones explican esa pobreza y en qué grupos o territorios se concentran. Eso mejora el diagnóstico, pero además mejora la acción. Si en un lugar pesan más las carencias educativas, la respuesta no puede ser igual a la de otro donde predominan los problemas de vivienda o de inserción laboral. Medir mejor permite intervenir mejor.

También obliga a coordinar. La pobreza multidimensional no pertenece a un solo organismo ni se resuelve desde una sola política. Cuando las
privaciones se acumulan entre educación, empleo, vivienda, servicios básicos y protección social, la respuesta estatal también tiene que ser más articulada. En ese sentido, el índice funciona como una especie de mapa, ayuda a señalar dónde están los nudos más críticos y dónde conviene concentrar esfuerzos.

Además, permite monitorear mejor los resultados y asignar recursos o incentivos a los organismos según sus aportes. Una política pública puede no sacar de inmediato a un hogar de la pobreza, pero sí reducir algunas de sus privaciones más severas. Y eso también importa. Una de las fortalezas del enfoque multidimensional es que no obliga a mirar solo cuántos hogares entran o salen de una categoría, sino también si disminuye la intensidad de las carencias entre quienes siguen en situación de vulnerabilidad. Es una manera más exigente, pero también más justa, de evaluar los avances.

Los datos 2025

El dato central de la nueva publicación es que en 2025 la pobreza multidimensional alcanzó a 18,7% de la población y el IPM se ubicó en 0,063. Pero el verdadero valor del índice no está solo en ese número agregado, sino en mostrar qué privaciones concretas están detrás del fenómeno. El indicador que más contribuye al IPM sigue siendo años de escolarización, con 18,5% del índice, seguido por la informalidad laboral, con 13,5%, y por la materialidad y los problemas de la vivienda, con 11,3%. Es decir, las carencias más decisivas para entender la pobreza multidimensional en Uruguay siguen concentradas en la educación, la calidad del empleo y las condiciones habitacionales.

Eso también se observa cuando se mira la incidencia de esas privaciones en la población total. Casi la mitad de los uruguayos, 48,2%, vive en hogares donde al menos un adulto presenta carencias en años de escolarización; 29,4% reside en hogares donde hay inserción laboral informal; y 16,7% en hogares con problemas de materialidad de la vivienda.Entre las personas que están en situación de pobreza multidimensional, esas mismas privaciones siguen siendo las más visibles: 93% de las personas pobres está en hogares con carencias de escolarización, 68% en hogares con informalidad y 57% en hogares con problemas de materialidad. Dicho de otro modo, la pobreza multidimensional no aparece como una suma dispersa de pequeñas carencias, sino como una acumulación relativamente concentrada en tres núcleos muy claros.

Visto desde la política pública, esto refuerza una conclusión importante. La educación no importa solo por sus efectos de largo plazo sobre la movilidad social; hoy aparece como la privación más extendida y la de mayor contribución al índice. Lo mismo ocurre con el empleo, no alcanza con que exista ocupación si una parte relevante de ella es informal, inestable o sin protección. Y en vivienda, el problema no es meramente patrimonial o urbanístico, la mala materialidad y otras carencias habitacionales deterioran salud, estudio, convivencia y seguridad cotidiana. En conjunto, el IPM 2025 sugiere que una estrategia seria de reducción de la pobreza debería priorizar la culminación educativa, la formalización y mejora de la calidad del empleo, y la intervención focalizada sobre las condiciones habitacionales más precarias.

Esta Índice de Pobreza Multidimensional no debería quedar como una descripción más de la pobreza, sino convertirse desde ya en una herramienta para orientar recursos, coordinar intervenciones y monitorear con mayor rigor el desempeño de las políticas públicas.

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar