Se desarrolló en Miami, uno de los mayores encuentros de emprendedores del mundo, organizado por Endeavor. Asistieron fundadores de empresas de toda América, entre los que se encontraba Michael Dell, que fundó Dell Computers. También concurrieron profesores de Harvard y Stanford. Había presidentes de grandes corporaciones, como Edgar Bronfman de Warner Music, y socios de algunos de los mayores estudios de abogados de Estados Unidos, como Juan Pablo Capello de Greenberg Traurig. Estaban algunos inversionistas que han hecho historia como Tim Draper, inversor en Hotmail (luego comprada por Microsoft) y Skype (adquirida por Ebay posteriormente), entre muchas otras figuras destacadas en un encuentro extraordinario.
Sin embargo, una de las situaciones más estimulantes la protagonizó un emprendedor de Brasil, Luis Chicani, fundador de Dental Corp. El brasileño llegó a Miami con un cheque de US$ 150.000 bajo el brazo, para ser donado a la oficina de Endeavor Brasil, y con un mensaje muy fuerte.
Si realmente decimos que queremos generar alternativas para nuestros países que provengan del sector privado, tenemos que ser coherentes. Tenemos que apoyar esas iniciativas que buscan promover el desarrollo. Y ese apoyo no puede ser sólo con palabras. Los cambios de actitud que buscamos promover tienen que empezar por nuestras propias actitudes. Si queremos que, desde el sector privado, se generen alternativas diferentes que contribuyan al desarrollo de las empresas uruguayas, y no sólo vender commodities, hay que estar dispuestos a financiarlas y apoyarlas.
Aun cuando Luis Chicani tenía claro que la mayor parte de sus logros se debió a su capacidad, voluntad y al equipo que lo rodeó, fue franco al reconocer que el resultado obtenido no habría sido posible sin el decisivo apoyo que le brindó la organización Endeavor en Brasil. En un ambiente donde muchas veces no se quiere reconocer el valor que agregan otros, tal vez para no deber favores, Chicani no sólo lo dijo, sino que estuvo dispuesto a acompañar sus palabras con hechos.
Quiero lo que me ofrecen. Me gusta lo que hacen. Crezco con lo que me aportan. Creo en lo que están logrando. Pero que otro lo pague. Esa no parece una actitud demasiado responsable. Al menos no lo fue para Chicani. Como tampoco lo es para las empresas y personas de Uruguay que quieren que las cosas sean diferentes y están dispuestas a hacer algo al respecto.
Es muy fácil esperar que todo el apoyo venga del Estado o, más aún, culpar al Estado por todo lo que no se hace. Los privados pueden tener diversos motivos que los lleven a crear ellos mismos el tan necesitado apoyo y el motor que lo genere puede ir desde la filantropía pura, a la responsabilidad social, a la imagen pública. Pese a esto, dichas motivaciones tienen en común la búsqueda de una convergencia entre los beneficios privados y sociales, junto con el interés de que el país progrese y la sociedad en su conjunto se beneficie.
Si podemos, pensemos en donar a quienes nos han apoyado, de quienes hemos recibido ayuda y con quienes nos identificamos y compartimos valores. Seguramente, hay una organización que cumple con las características.