Más discusiones en torno a la tierra

JULIO PREVE FOLLE

El semanario Búsqueda ha difundido información sobre la preocupación del MGAP en materia de conservación de suelos. No sabemos si se trata en este caso de fortalecer mecanismos para aplicar la legislación vigente, o si ello integra un paquete con una nueva ley sobre la que escribí la semana pasada referida a los extranjeros, la tierra, y una mal entendida defensa de la soberanía.

En la edición del semanario a la que hago referencia, se anuncia por parte de funcionarios del MGAP que ante el avance agrícola el gobierno pretende evitar que se haga un mal uso del suelo. No se podrá hacer soja sobre soja, se dice; se agrega que habrá planes de difusión de buenas prácticas, y se cae como siempre en ese lugar común que señala que hay que cuidar la tierra para las generaciones futuras. Como se prevé una expansión mucho mayor del área agrícola, especialmente a partir de grandes empresas argentinas, corresponde realizar algunos comentarios acerca de estas iniciativas oficiales, que ayudarán en su momento a separar la cizaña del trigo, esto es cuando se empiecen a implementar. Porque hay de todo en ellas.

GENERACIONES FUTURAS. La frase que voy a transcribir es algo así como el desiderátum del lugar común. Se parece a hablar de "país productivo", de "que pague más el que más tiene", obviedades vacías de contenido especial. Copio de lo afirmado por un vocero del MGAP: "No existe desarrollo rural si no tengo la seguridad de que las generaciones futuras van a contar con los principales recursos naturales en las mejores condiciones". Es absolutamente obvio que salvo contadas excepciones, todos estamos interesados en conservar el suelo. Lo que me resisto a aceptar es que un puñado de funcionarios públicos aún bien intencionados, pueda ser más relevante para conservar el suelo que sus titulares. Creo que poco conoce del productor rural quien afirme que el dueño de la tierra no es un buen guardián de su estabilidad productiva, para él o las generaciones que lo sucederán. Salvo excepciones que confirman la regla, si hay una actividad en la que se reconoce el cuidado del recurso del buen padre de familia es la agropecuaria, por el deseo de todo productor de conservar la tierra y trasmitirla. No es verdad que el Estado, por encima de la voluntad de un particular, pueda cuidar mejor su suelo. No está demostrado. Ese error viene de lejos, quizás de la propia Ley de Suelos 15.239 que establece en su artículo 2: "Los habitantes de la República deberán colaborar con el Estado en la conservación, uso y manejo adecuado de los suelos y de las aguas". Esta redacción establece que es el Estado el responsable y los ciudadanos simples colaboradores, lo que a mi juicio no solo es un error de principio, que en buena medida agravia el derecho de propiedad, sino que carece de sentido práctico, ya que los peores destrozos del suelo han provenido precisamente de malas políticas.

REMOLACHA, GRANJA. Así es; los peores destrozos de suelo se han dado en explotaciones desarrolladas al impulso de políticas activas, que convertían en rentables actividades insostenibles. Precisamente cuando la rentabilidad depende de intervenciones de política pública, y no de combinaciones genuinas de recursos incluido el suelo, lo relevante pasa a ser cómo captar la renta de la gestión política, y no en cambio producir sustentablemente. En este sentido el mapa uruguayo de la erosión se vincula a la remolacha, o al trigo de la época de su protección casi infinita. La sobreexplotación del recurso natural es con frecuencia hija del aprovechamiento de beneficios gubernamentales, como bien lo saben en Europa. En este enfoque, amenaza hoy mucho más el suelo la granja protegida, que la soja empresarial. En efecto, cuando la rentabilidad está asegurada desde la política, cualquiera sea la productividad, es mucho más probable el descuido del suelo. Así ha sido; así podría estar ocurriendo ahora en la granja.

DIFUSIÓN. Dado que no hay nadie mejor que el productor para cuidar su tierra para dejarla a sus hijos y nietos, puede ocurrir no obstante, aunque muy poco hoy en día, que no tenga algún conocimiento científico moderno que lo pueda ayudar a cuidar mejor el recurso, en especial en este momento que está cambiando y no poco la forma de producir, con más tecnología, más uso intensivo del suelo, y más riesgo de agravios al medio ambiente. Para estos casos viene muy bien que de modo indicativo, que caerá siempre en tierra fértil, el MGAP difunda buenas prácticas o en todo caso la discusión en torno a ellas, ya que en muchos casos los científicos hoy en día no se ponen de acuerdo. Por eso es que cuando se afirma que no se podrá plantar soja sobre soja, allí sospecho de otras intenciones para molestar a los que hoy la plantan, por poderosos, extranjeros, por utilizar agroquímicos de las multinacionales, etc., etc. En efecto, hay formas de producir sustentablemente en cualquier modelo productivo; ya sea con laboreo tradicional como en siembra directa; con soja o sin ella. Hay principios básicos de conservación que a lo mejor hay que refrescar. Lo que definitivamente no se puede aceptar es que, escondida en una norma de conservación de suelos, aparezca una voluntad oficial de coordinar, controlar u ordenar los distintos rubros agrícolas que se desarrollan en el país.

SELECCIÓN DE CULTIVOS. Apuesto a nuestra gente. Hay quien piensa que un conjunto de funcionarios puede establecer desde su escritorio, cuál es la mejor combinación de cultivos para el país. Yo no. Creo que con seguridad los uruguayos lo harán mejor, al compás de su expectativa de ganancia, de su evaluación de riesgos, y de su sentido de responsabilidad en el cuidado de las cosas. No es que crea sólo que el mercado es un mejor asignador de recursos. No es eso. Es que no creo absolutamente nada en que un puñado de funcionarios aun bien intencionados lo haga mejor.

Y otra cosa más. No es el arrendatario un peor guardián del suelo, es ése otro mito. Los arrendatarios quieren seguir en el negocio y para ello cuidan el suelo. La imagen de uno que lo depreda y le siguen dando campos porque paga rentas altas no se sostiene en la realidad. En todo caso los arrendadores deberán ser cuidadosos en establecer en los contratos cláusulas que de seguro caerán también en tierra fértil. Y más desde 1991 cuando, al reformarse la ley de arrendamientos rurales, se estableció que un arrendatario no puede quedarse en la tierra el tiempo que quiera como era antes, sino solo el que establezca el contrato. Finalmente quiero difundir por si alguien no lo sabe, que en las grandes empresas argentinas responsables de buena parte del dinamismo agrícola, a las que conozco bien, trabajan más profesionales vinculados al suelo, y a la responsabilidad social, que en toda el área oficial. En otras palabras, que no estamos en situación de peligro o irresponsabilidad como alguno plantea.

PATRIMONIO FAMILIAR. Voy a desarrollar algo más una propuesta ya referida la semana pasada. Surge del planteo de un lector que, ante el avance imparable en su zona de gente de fuera -extranjeros, fondos de pensión- pedía, en un sentimiento muy comprensible, condiciones similares para quedarse en el campo intensificando la producción y apostando a hacer cosas parecidas. Llegado a esto, sugería apelar al crédito. Y aquí se equivocaba, creo, porque disputar tierra en base a expectativas de rentabilidad a puro crédito no parece sustentable. En cambio se puede intentar viabilizar esfuerzos de intensificación de otra naturaleza. Lo que planteo es que empresarios con algún límite puedan, si resuelven intensificar su producción, vender una parte de su campo, de tal modo que si destinan el producido de esa venta a proyectos de intensificación, estén alcanzados por diversos beneficios. Por ejemplo, referidos a los costos de las trasmisiones patrimoniales, así como una exoneración genérica de impuesto a la renta por diez años. Se trataría de algo parecido a la autocanalización del ahorro, como existe para proyectos que se presentan en el marco de la ley de promoción de inversiones. De esta forma la venta de tierra, conservando una unidad de cierta magnitud, algo que pudiera entenderse como un patrimonio familiar rural, podría servir para intensificar las explotaciones y ahí sí disputar en ese espacio menor, la competencia de otras alternativas, moderando de esta forma el eventual desarraigo. Del mismo modo, si se definiera esa extensión mínima de patrimonio familiar, habría que desgravar también la formación de asociaciones en las que se integrara capital, en base a beneficios tributarios de la misma índole.

En definitiva, si el MGAP quiere difundir buenas prácticas, está todo bien. Si se cree mejor que la gente para cuidar el suelo, se equivoca. Y si por dudosas razones científicas plantea "ordenar" la producción para honrar ideologías, decididamente encontrará al sector y a la sociedad toda como en la Argentina, en la vereda de enfrente.

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